Cometa 3I/ATLAS

La CIA entra en el caso 3I/ATLAS y alimenta el misterio

El astrofísico Avi Loeb denuncia que, mientras NASA zanja el debate calificando a 3I/ATLAS como cometa natural, la CIA se acoge a un “ni confirmar ni desmentir” que abre la puerta a dudas sobre qué teme realmente el Gobierno
Imagen de 3I/ATLAS a las 3:34 UTC del 30 de diciembre de 2025, obtenida con nueve exposiciones de 120 segundos, tomada con las instalaciones del Proyecto Telescopio Virtual en Manciano, Italia. Se observa claramente un prominente chorro anticola en dirección al Sol, hacia la esquina inferior izquierda. Crédito de imagen: Telescopio Virtual
Imagen de 3I/ATLAS a las 3:34 UTC del 30 de diciembre de 2025, obtenida con nueve exposiciones de 120 segundos, tomada con las instalaciones del Proyecto Telescopio Virtual en Manciano, Italia. Se observa claramente un prominente chorro anticola en dirección al Sol, hacia la esquina inferior izquierda. Crédito de imagen: Telescopio Virtual

Un nuevo visitante interestelar, 3I/ATLAS, se ha convertido en el inesperado punto de cruce entre ciencia, servicios de inteligencia y debate público sobre la transparencia. Mientras los responsables de NASA sentenciaban en rueda de prensa que se trata “definitivamente” de un cometa de origen natural, la CIA ha respondido a una solicitud FOIA asegurando que “ni confirma ni desmiente” la existencia de documentos sobre el objeto, una fórmula reservada habitualmente para asuntos especialmente sensibles.


El contraste ha sido destacado por el astrofísico de Harvard Avi Loeb en un artículo publicado en Medium, donde repasa las anomalías físicas de 3I/ATLAS y plantea una lectura incómoda: el Estado vigila el caso como un potencial “cisne negro” tecnológico, incluso mientras la comunidad de cometas lo da por cerrado. Según Loeb, la respuesta de la CIA no prueba un origen artificial del objeto, pero sí revela que el Gobierno prefiere mantener abiertas hipótesis de alto impacto, por improbables que sean, lejos de la opinión pública.

NASA’s Hubble Space Telescope reobserved interstellar comet 3I/ATLAS Nov. 30, with its Wide Field Camera 3 instrument.
NASA, ESA, STScI, D. Jewitt (UCLA), M.-T. Hui (Shanghai Astronomical Observatory). Image Processing: J. DePasquale (STScI)
NASA’s Hubble Space Telescope reobserved interstellar comet 3I/ATLAS Nov. 30, with its Wide Field Camera 3 instrument. NASA, ESA, STScI, D. Jewitt (UCLA), M.-T. Hui (Shanghai Astronomical Observatory). Image Processing: J. DePasquale (STScI)

Un cometa atípico en el radar de inteligencia

3I/ATLAS es el tercer objeto interestelar detectado en el sistema solar, tras 1I/‘Oumuamua y 2I/Borisov. A diferencia de ellos, presenta una coma y una actividad claramente cometarias, lo que llevó a su rápida clasificación oficial como cometa por parte del Minor Planet Center y NASA.

Sin embargo, Loeb recuerda que su comportamiento se aparta de los patrones habituales:

  • Un anti–jet dirigido hacia el Sol muy prominente, observable tanto antes como después del perihelio.

  • Una alineación de su eje de rotación con la dirección al Sol dentro de unos 8 grados a grandes distancias.

  • Una órbita cuyo plano está alineado con la eclíptica en apenas 5 grados, algo estadísticamente poco probable para un visitante interestelar.

  • Y una abundancia relativa de níquel muy elevada respecto al hierro en el gas expulsado, “más propia de aleaciones industriales” que de composiciones cometarias típicas, según la comparación que plantea el propio Loeb en su texto.

La lectura dominante en la comunidad astronómica es que se trata de un cometa “raro pero natural”. Loeb no niega esa posibilidad —ha llegado a admitir que es “muy probablemente” un cometa—, pero insiste en que un conjunto de anomalías merece debate científico abierto, no un portazo administrativo.

Loeb y las anomalías que NASA no quiere discutir

En su artículo, Loeb lamenta que, lejos de fomentar el contraste de hipótesis, NASA diera el caso por cerrado en una rueda de prensa el 19 de noviembre de 2025, presentando 3I/ATLAS como un cometa clásico y desactivando así la discusión sobre sus rasgos extraños.

El astrofísico resume esa actitud como una tensión entre dos comunidades:

  • La de los “expertos en cometas”, que tienden a interpretar cualquier señal dentro del marco conocido.

  • Y la de quienes, como él, consideran que la frontera entre cometa atípico y tecnología ajena al sistema solar merece al menos ser explorada con herramientas de riesgo y probabilidad, no solo con intuición.

Loeb ha llegado a proponer una “Escala Loeb de clasificación” para medir el grado de sospecha tecnológica de objetos interestelares, del 0 (roca natural) al 10 (tecnología alienígena potencialmente peligrosa). En sus trabajos previos situó a 3I/ATLAS en niveles intermedios de la escala, con margen para reajustar esa valoración a medida que fueran apareciendo nuevos datos.

Que, en paralelo, la CIA se reserve el derecho a no confirmar ni desmentir la existencia de expedientes internos sobre el mismo objeto refuerza, en su opinión, la idea de que la hipótesis “cometa raro pero inocuo” no es la única que se ha contemplado en el aparato del Estado.

La respuesta de la CIA: ni confirma ni desmiente

El 31 de diciembre de 2025, el periodista e investigador John Greenewald Jr. recibió la contestación oficial a una solicitud FOIA sobre 3I/ATLAS. La fórmula elegida por la CIA es conocida en el mundo jurídico como Glomar response: “no podemos ni confirmar ni negar la existencia o no existencia de registros” relacionados con el objeto.

Loeb subraya que este tipo de respuesta se utiliza cuando el mero hecho de admitir que existen documentos ya sería, en sí mismo, información sensible:

  • Por ejemplo, en programas de vigilancia, operaciones encubiertas o sistemas de inteligencia que el Gobierno no desea que se conozcan.

  • Aplicado a un cometa, el mensaje de fondo es desconcertante: ¿por qué el simple reconocimiento de que la CIA sigue el caso debería considerarse clasificado, si se trata de un objeto natural y público que todos los telescopios del mundo observan?

La interpretación “mínima” que propone Loeb es que algunos responsables han querido cubrirse frente a un posible “cisne negro”: un evento extremadamente improbable pero de impacto potencial enorme, como sería que 3I/ATLAS no fuera un cometa más, sino algún tipo de sonda o dispositivo de origen no humano.

Desde esa óptica, la comunidad científica ofrece la explicación más probable —cometa natural con rarezas—, mientras los servicios de inteligencia se reservan la obligación de vigilar los escenarios de baja probabilidad y alto impacto, ocultando esa vigilancia para evitar alarmas infundadas en la opinión pública o inestabilidad en los mercados.

False-color image of 3I/ATLAS (top panel), taken on December 27, 2025 by a 0.2-meter telescope in Belgium. The field of view is 14.4 by 23.3 arcminutes, corresponding to 1.1 by 1.8 million kilometers.  (Image credit: Alfons Diepvens)
False-color image of 3I/ATLAS (top panel), taken on December 27, 2025 by a 0.2-meter telescope in Belgium. The field of view is 14.4 by 23.3 arcminutes, corresponding to 1.1 by 1.8 million kilometers. (Image credit: Alfons Diepvens)

Cisnes negros, Pascal y el recuerdo de Troya

Loeb recurre explícitamente a la metáfora de los “cisnes negros” y al “Apuesta de Pascal”: aunque la probabilidad de amenaza sea baja, la obligación de un gestor de riesgos es multiplicar esa probabilidad por el impacto potencial y actuar en consecuencia.

En su texto, enlaza ese razonamiento con dos referencias históricas:

  • La ciudad de Troya, que acogió al Caballo sin asumir que lo improbable —un engaño— podía convertirse en realidad.

  • Y las fallas previas de los servicios de inteligencia, que minusvaloraron riesgos antes de fechas como el 11 de septiembre de 2001 o el 7 de octubre de 2023, con costes devastadores.

Bajo esa lógica, una estructura como la CIA podría haber decidido que ignorar por completo 3I/ATLAS sería irresponsable, incluso si el 99,x % de las probabilidades apuntan a un origen natural. Y que la mejor forma de actuar sin provocar pánico sería permitir que NASA comunique el escenario más probable, mientras los escenarios extremos se analizan a puerta cerrada.

La respuesta “ni confirmo ni desmiento” sería, en ese marco, una herramienta para no mentir, pero tampoco alimentar especulaciones ni desvelar qué tipo de análisis se están realizando.

Radioescuchas al límite: qué buscó realmente Green Bank

El debate no se ha limitado a la dinámica orbital o a la química de 3I/ATLAS. Loeb recuerda que invitó al equipo del proyecto Breakthrough Listen a observar el objeto con el telescopio de Green Bank, el mayor radiotelescopio orientable del mundo, en busca de señales tecnológicas.

Los resultados, difundidos estos días, son claros en su alcance y en sus límites:

  • Se monitorizó 3I/ATLAS durante cinco horas, entre las 04:15 y las 09:15 UTC del 18 de diciembre de 2025.

  • Se cubrió un rango de frecuencias entre 1 y 12 GHz, uno de los más habituales en la búsqueda de “tecnofirmas” de radio.

  • No se detectó ninguna señal que no pudiera atribuirse a interferencias humanas o ruido de fondo, lo que descarta que, en ese intervalo y en esa banda, 3I/ATLAS estuviera emitiendo hacia la Tierra.

Loeb matiza, sin embargo, que la ausencia de señal en una ventana tan concreta dice muy poco sobre la naturaleza final del objeto. Si se tratara de tecnología, argumenta, no tendría sentido emitir de forma continua hacia sus hipotéticos “emisores”:

  • Una señal tardaría decenas de miles de años en cruzar la galaxia.

  • El objeto solo pasa por el sistema solar durante unos 16.000 años a lo largo de su trayectoria.

  • La emisión eficiente sería dirigida, intermitente y concentrada en pulsos cortos, no un faro constante.

Con esos números, la probabilidad de que un programa de escucha de cinco horas capture justo el momento, la dirección y la frecuencia correctas es prácticamente nula. Para Loeb, el mensaje es sencillo: “esta no detección es informativa, pero insuficiente para zanjar el debate”.

La ‘Escala Loeb’ y la política del secreto

En el verano de 2025, Loeb propuso la “Escala Loeb” como forma de clasificar el riesgo de que un objeto interestelar fuera tecnología extraterrestre, desde el 0 —cometa o asteroide sin anomalías— hasta el 10 —amenaza plausible para la humanidad—.

Esa escala fue desarrollada en varios artículos académicos y presentada a responsables públicos, junto con la advertencia de que 3I/ATLAS podía encajar en escenarios de “cisne negro”, aunque la probabilidad fuera pequeña. No está claro qué recepción tuvo esa propuesta en los despachos de Washington, pero la respuesta FOIA de la CIA sugiere, según Loeb, que alguien escuchó y tomó nota.

Si su interpretación es correcta, 3I/ATLAS sería el primer caso documentado de un objeto astronómico sujeto a la fórmula “ni confirmar ni desmentir” por parte de una agencia de inteligencia, un precedente que abre preguntas delicadas:

  • ¿Debe el manejo de riesgos extremos justificar el secreto frente a la ciudadanía en temas científicos?

  • ¿Dónde se traza la línea entre evitar el pánico y erosionar la confianza pública en las instituciones?

  • ¿Quién decide cuándo una anomalía deja de ser simple curiosidad y pasa a convertirse en asunto de seguridad nacional?

Transparencia, pánico y confianza ante lo desconocido

La tesis de Loeb no es que 3I/ATLAS sea un artefacto alienígena, sino que la forma en que se está gestionando el caso revela una fractura entre ciencia abierta y lógica de seguridad. NASA comunica un consenso de “normalidad” cometaria; la CIA reserva su derecho a trabajar en la sombra; y el público recibe mensajes cruzados que alimentan tanto la curiosidad legítima como las teorías más extravagantes.

En este contexto, el astrofísico lanza un aviso: si queremos preservar la confianza social cuando aparezca un “cisne negro” real, no podemos trivializar las anomalías ni esconder todos los análisis bajo el paraguas del secreto. A su juicio, es preferible admitir márgenes de incertidumbre, explicar que existen protocolos de vigilancia y evitar caer en el papel del pastor que grita “¡lobo!” sólo cuando el peligro es extremo.

La historia de 3I/ATLAS está lejos de terminar. El objeto seguirá siendo observado hasta que cruce las inmediaciones de la órbita de Júpiter y abandone definitivamente el dominio del sistema solar. Loeb sugiere que vale la pena comprobar incluso si despliega pequeñas sondas como satélites artificiales del planeta gigante, por improbable que parezca.

Su conclusión es tan simple como perturbadora: “A menos que miremos, nunca sabremos si este cisne es blanco o negro”. En otras palabras, la verdadera amenaza quizá no sea el cometa, sino nuestra disposición a dejar de hacer preguntas incómodas cuando el relato oficial ya ha sido redactado.

Comentarios