China exige a Japón rectificar sobre Taiwán para evitar una crisis mayor
China ha elevado el tono contra Japón y ha exigido a la primera ministra Sanae Takaichi que retire de forma explícita sus declaraciones sobre Taiwán antes de avanzar hacia una relación estratégica entre ambos países. Así lo afirmó este martes el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Lin Jian, quien calificó de “erróneas” las palabras de la dirigente japonesa y advirtió de que no puede haber diálogo mientras Tokio mantenga una actitud de confrontación.
El origen del choque: Taiwán como línea roja
Las tensiones se arrastran desde noviembre de 2025, cuando Takaichi afirmó que un eventual ataque chino contra Taiwán supondría una “situación que amenaza la supervivencia de Japón”. Aquellas palabras marcaron un punto de inflexión en la relación bilateral y situaron a Tokio en una posición mucho más alineada con Estados Unidos en el Indo-Pacífico.
Para Pekín, Taiwán es una cuestión de soberanía irrenunciable y cualquier declaración extranjera que sugiera intervención o amenaza directa es interpretada como una injerencia intolerable. El diagnóstico chino es inequívoco: no habrá normalización mientras Japón cuestione públicamente la política de “una sola China”.
Pekín endurece condiciones para el diálogo
Lin Jian fue tajante al señalar que China no acepta conversaciones con un país “ocupado en la confrontación”, y reclamó a Tokio que demuestre “sinceridad” mediante acciones concretas, empezando por la retractación de la primera ministra. Este hecho revela un endurecimiento del enfoque diplomático chino, que ya no se limita a protestas formales, sino que condiciona explícitamente la cooperación estratégica.
El contraste con etapas anteriores resulta significativo. Durante años, China y Japón mantuvieron una relación pragmática basada en el comercio, incluso en medio de desacuerdos políticos. Hoy, sin embargo, la seguridad regional ha pasado a dominar la agenda, relegando los intereses económicos a un segundo plano.
Un día antes de la declaración china, Takaichi aseguró que su Gobierno sigue abierto al diálogo con Pekín y subrayó la importancia de mantener canales de comunicación bilaterales estables. No obstante, evitó retractarse de sus palabras sobre Taiwán, una omisión que Pekín interpreta como una falta de voluntad real para reconducir la relación.
Fuentes diplomáticas japonesas admiten que Tokio se mueve en un equilibrio extremadamente delicado: por un lado, debe tranquilizar a su opinión pública y a sus aliados; por otro, evitar una escalada directa con su principal socio comercial en Asia.
Taiwán y la seguridad de Japón
Desde el punto de vista estratégico, Japón considera que un conflicto en Taiwán tendría consecuencias directas sobre su seguridad nacional, especialmente por la proximidad de las islas Ryukyu y las rutas marítimas clave para el suministro energético. Aproximadamente el 90% del petróleo que consume Japón transita por zonas cercanas a Taiwán, lo que explica la sensibilidad de Tokio ante cualquier escenario de inestabilidad.
Este cálculo de seguridad es compartido por Washington, que ha reforzado su presencia militar en la región. La consecuencia es clara: Taiwán se ha convertido en el eje central de la rivalidad entre bloques en Asia-Pacífico, arrastrando a países como Japón a una posición cada vez más explícita.
El pulso diplomático no es solo político. China es el primer socio comercial de Japón, con intercambios que superan los 300.000 millones de dólares anuales. Una escalada sostenida podría afectar a sectores clave como automoción, electrónica y semiconductores, especialmente en un momento de fragilidad de las cadenas de suministro globales.
Empresas japonesas con fuerte presencia en China observan con preocupación el deterioro del clima político. El contraste con la década pasada es demoledor: entonces, el comercio servía como amortiguador de tensiones; hoy, la geopolítica amenaza con imponerse al pragmatismo económico.
China, Japón y el tablero regional
La presión de Pekín sobre Tokio también envía un mensaje a otros actores regionales. China busca disuadir a países aliados de EE. UU. de adoptar posiciones públicas sobre Taiwán, utilizando la diplomacia coercitiva como herramienta de control.
Al mismo tiempo, Japón refuerza su cooperación con Estados Unidos y otros socios como Australia y Corea del Sur, consolidando un bloque de contención en el Indo-Pacífico. Este efecto dominó incrementa el riesgo de polarización regional y reduce los espacios de entendimiento bilateral.
Los próximos movimientos de Tokio serán decisivos. Una retractación explícita podría rebajar la tensión a corto plazo, pero tendría un coste político interno y estratégico. Mantener la postura actual, en cambio, prolongará el enfrentamiento diplomático y podría derivar en represalias económicas indirectas por parte de Pekín.
El escenario más probable es una ambigüedad calculada, con Japón insistiendo en el diálogo sin modificar sustancialmente su discurso, y China manteniendo la presión retórica. En cualquier caso, el episodio confirma que Taiwán es ya el principal detonante de fricción en Asia, y que las palabras de los líderes pesan cada vez más en el equilibrio regional.