Pulso nuclear con Washington

Irán niega maniobras dilatorias y desafía a EE. UU. en las negociaciones

Irán ha rechazado con contundencia las acusaciones de que esté utilizando las negociaciones con Estados Unidos para “comprar tiempo”. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baghaei, aseguró este martes que esas afirmaciones “no son ciertas” y defendió que Teherán ha demostrado en repetidas ocasiones su seriedad y disposición real al diálogo, incluso permaneciendo varios días en la mesa negociadora para lograr resultados concretos. Las declaraciones llegan en un momento de máxima tensión diplomática y con el programa nuclear iraní de nuevo en el centro del tablero geopolítico.

EPA/ABEDIN TAHERKENAREH
EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Teherán rechaza la acusación de “ganar tiempo”

Durante una rueda de prensa, Baghaei negó que Irán esté prolongando deliberadamente las conversaciones con Washington para avanzar en su programa nuclear. “No hemos entrado en estas negociaciones para comprar tiempo”, afirmó, subrayando que su país ha mostrado voluntad constante de alcanzar acuerdos, incluso aceptando prolongar las reuniones más allá de lo habitual.

Baghaei: “No hemos entrado en estas negociaciones para comprar tiempo”
Baghaei: “No hemos entrado en estas negociaciones para comprar tiempo”

Este hecho revela la estrategia comunicativa de Teherán: presentarse como actor racional y cooperativo, frente a las sospechas occidentales de que el régimen utiliza el diálogo como cortina de humo mientras avanza técnicamente en su capacidad nuclear. Según estimaciones internacionales, Irán ha incrementado su nivel de enriquecimiento de uranio en los últimos años, alimentando la desconfianza de Washington y sus aliados.

Israel, señalado como origen de la crisis

El portavoz iraní fue más allá y culpó directamente a Israel de haber transformado lo que calificó como un programa nuclear pacífico en una crisis internacional. “El régimen sionista lleva unos 40 años repitiendo que Irán busca una bomba nuclear”, afirmó Baghaei, en una acusación que refuerza la narrativa iraní de persecución y presión externa.

El portavoz iraní culpó directamente a Israel de haber transformado lo que calificó como un programa nuclear pacífico en una crisis internacional. 
El portavoz iraní culpó directamente a Israel de haber transformado lo que calificó como un programa nuclear pacífico en una crisis internacional

Para Teherán, la insistencia israelí ha condicionado la política estadounidense y europea, endureciendo sanciones y bloqueando avances diplomáticos. El contraste con la postura iraní resulta evidente: mientras Israel mantiene una política de tolerancia cero frente al programa nuclear iraní, Irán insiste en que sus actividades tienen fines civiles y energéticos.

Washington, entre la presión y el diálogo

Baghaei instó a Estados Unidos a actuar de forma independiente y sin dejarse presionar por terceros, en una referencia directa a Israel y a sectores del Congreso estadounidense. El mensaje es claro: cualquier avance dependerá de que Washington se libere de influencias externas y adopte un enfoque pragmático.

Sin embargo, desde la óptica estadounidense, el margen de maniobra es limitado. La administración norteamericana enfrenta presiones internas y externas para evitar un acuerdo que pueda ser percibido como concesión excesiva. Además, los antecedentes del acuerdo nuclear de 2015, abandonado posteriormente, pesan como un recordatorio de la fragilidad de cualquier pacto.

Baghaei instó a Estados Unidos a actuar de forma independiente y sin dejarse presionar por terceros
Baghaei instó a Estados Unidos a actuar de forma independiente y sin dejarse presionar por terceros

El trasfondo del programa nuclear iraní

Irán sostiene que su programa nuclear tiene fines exclusivamente pacíficos, pero organismos internacionales han advertido de que el país dispone ya de material enriquecido a niveles cercanos al uso militar. Según estimaciones técnicas, el tiempo necesario para alcanzar capacidad de arma nuclear se ha reducido drásticamente en los últimos años, lo que explica la alarma en Israel y en varias capitales occidentales.

Este hecho alimenta el círculo vicioso: más presión y sanciones generan mayor desconfianza, mientras Irán responde acelerando su programa como herramienta de negociación. El diagnóstico es inequívoco: la falta de confianza mutua es el principal obstáculo para un acuerdo duradero.

Irán sostiene que su programa nuclear tiene fines exclusivamente pacíficos
Irán sostiene que su programa nuclear tiene fines exclusivamente pacíficos

El contexto económico tampoco es menor. Irán sigue sometido a sanciones severas que limitan sus exportaciones de petróleo, acceso a divisas y capacidad financiera. Aunque el país ha logrado sortear parcialmente estas restricciones, el coste económico es elevado. Se estima que las sanciones han reducido en más de un 20% el potencial de crecimiento anual de la economía iraní durante la última década.

Desde Teherán, la negociación con Estados Unidos se presenta como una vía para aliviar la presión económica, no como una táctica dilatoria. Baghaei insistió en que el interés iraní es obtener resultados tangibles, no prolongar indefinidamente el proceso.

El papel de Israel y el riesgo de escalada

Las acusaciones contra Israel también cumplen una función estratégica: desplazar el foco del debate y advertir de que cualquier fracaso diplomático puede incrementar el riesgo de confrontación regional. Israel ha reiterado que no permitirá que Irán obtenga armas nucleares, dejando abierta la puerta a acciones preventivas.

Este escenario preocupa a la comunidad internacional. Un colapso total de las negociaciones podría activar un efecto dominó en Oriente Próximo, con implicaciones para el mercado energético, la seguridad regional y la estabilidad global.

A corto plazo, las conversaciones continuarán bajo un clima de desconfianza extrema. Irán insistirá en su disposición al diálogo, mientras Estados Unidos exigirá garantías verificables sobre el programa nuclear. La clave estará en si Washington opta por un enfoque más autónomo, como reclama Teherán, o mantiene la línea dura condicionada por sus aliados.

El escenario más probable es una negociación prolongada, con avances parciales y retrocesos, pero sin ruptura inmediata. No obstante, el margen de error es cada vez menor. La consecuencia es clara: cada semana sin acuerdo aumenta el riesgo de una crisis mayor, con Irán, Estados Unidos e Israel atrapados en un pulso de alto voltaje diplomático.

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