El Ejército mexicano mata a ‘El Mencho’, capo del CJNG
La cacería más importante del narco mexicano en la última década terminó este domingo en la sierra de Jalisco. Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, ‘El Mencho’, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y uno de los criminales más buscados del mundo, fue abatido durante un operativo de Fuerzas Especiales del Ejército en el municipio de Tapalpa. El dispositivo, diseñado para capturarlo con vida, derivó en un intenso enfrentamiento con sus escoltas. Siete miembros del cártel, incluido el propio capo, murieron; dos más fueron detenidos. Las autoridades se incautaron de armamento pesado, entre ello lanzacohetes capaces de derribar aeronaves y destruir vehículos blindados, y reportaron tres militares heridos.
El dispositivo se ejecutó la madrugada del domingo 22 de febrero en Tapalpa, una zona boscosa de la sierra jalisciense que desde hace años figura como santuario del CJNG. Un grupo de Fuerzas Especiales del Ejército y la Guardia Nacional, apoyado por aeronaves de la Fuerza Aérea, rodeó el complejo donde los servicios de inteligencia situaban a ‘El Mencho’. La orden oficial era capturarlo vivo y trasladarlo a Ciudad de México.
Según el parte de Defensa, los militares fueron recibidos a tiros por la escolta del capo. En la respuesta, siete integrantes del CJNG murieron —entre ellos Oseguera— y otros dos fueron reducidos y arrestados, mientras que tres efectivos resultaron heridos y tuvieron que ser evacuados en helicóptero. Dentro del complejo se incautaron fusiles de asalto, ametralladoras, vehículos blindados artesanales y lanzacohetes con capacidad para derribar aeronaves, un arsenal que confirma la creciente militarización de los cárteles y su capacidad para desafiar al Estado en igualdad de fuego.
Defensa ha subrayado que la operación se planificó durante meses con apoyo de agencias estadounidenses, en particular la DEA y el Comando Norte. No se trata solo de un éxito operativo: es también un mensaje político en un momento en que la Administración Trump presiona públicamente para considerar a los grandes cárteles mexicanos como organizaciones terroristas y amenaza con medidas unilaterales si México no muestra resultados contundentes.
Un golpe sin precedentes al CJNG
Desde hace años, tanto la DEA como centros de estudios de seguridad coinciden en describir al CJNG como la organización criminal más poderosa de México y la principal amenaza en materia de drogas para Estados Unidos. El grupo ha pasado de ser una escisión del Cártel del Milenio a operar con presencia o influencia en al menos 28 de las 32 entidades federativas mexicanas, según análisis de consultoras y organismos internacionales, y más recientemente se le atribuye impacto operativo en todo el país.
El Ministerio de Defensa y fuentes estadounidenses no dudan en calificar la muerte de ‘El Mencho’ como “el mayor golpe al narcotráfico mexicano en al menos una década”, comparable solo a la captura de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán. La diferencia es que, a diferencia del modelo más jerárquico del Cártel de Sinaloa, el CJNG ha funcionado como una red expansiva de franquicias y alianzas locales. Esa estructura le ha permitido crecer más rápido, pero también puede facilitar que, tras la caída del líder, se abra una pugna interna entre mandos regionales con capacidad de financiar ejércitos privados.
La muerte del jefe, por tanto, debilita la marca CJNG y su capacidad de intimidación simbólica, pero no desmantela automáticamente un conglomerado criminal que genera miles de millones de dólares anuales, cuenta con tens de miles de operadores y testaferros en más de 40 países y se ha incrustado en economías locales, desde el tráfico de drogas hasta el robo de combustible.
El negocio multimillonario que controlaba ‘El Mencho’
Bajo el mando de Oseguera, el CJNG se consolidó como un emporio criminal diversificado. Su núcleo de negocio sigue siendo el tráfico de fentanilo, metanfetamina, cocaína y heroína hacia Estados Unidos, Canadá y Europa, pero en paralelo el grupo se ha expandido al cobro de extorsiones, el secuestro, la trata de personas y, especialmente, el robo de combustible a la petrolera estatal Pemex, una actividad que ha generado pérdidas de varios miles de millones de dólares al erario mexicano en los últimos años.
Las estimaciones sobre la capacidad financiera del CJNG son necesariamente aproximadas, pero algunas fuentes sitúan el valor de sus activos por encima de los 20.000 millones de dólares, y coinciden en que sus ingresos anuales se mueven en una horquilla de “varios miles de millones” gracias a su presencia en múltiples mercados ilícitos. En el frente del fentanilo, la estrategia conjunta de México y Estados Unidos ha permitido en los últimos dos años decomisar 1,8 toneladas de esta sustancia y destruir casi 1.900 laboratorios clandestinos, con una reducción significativa de las muertes por sobredosis en territorio estadounidense —de más de 73.000 en 2022 a alrededor de 47.700 en 2024—.
Sin embargo, el propio éxito de esa ofensiva explica la relevancia simbólica del golpe contra ‘El Mencho’. El CJNG era uno de los principales fabricantes y exportadores de fentanilo hacia el mercado estadounidense, y mantenía redes logísticas en casi los 50 estados para distribuir pastillas falsificadas y otros opioides sintéticos. La muerte del líder no desarticula de inmediato esa cadena de valor, pero sí envía un mensaje claro a sus socios y clientes: la cúpula ya no es intocable.
El origen de un imperio de violencia
Nacido en Michoacán a comienzos de los años sesenta, Nemesio Oseguera emigró joven a Estados Unidos, donde fue detenido por tráfico de drogas y pasó por una prisión federal en Texas antes de ser deportado. De regreso a México, se integró primero como policía municipal en Jalisco y, posteriormente, dio el salto definitivo al crimen organizado como operador del Cártel del Milenio.
Tras la muerte de Ignacio Coronel, uno de los capos de Sinaloa en el occidente del país, Oseguera aprovechó el vacío para articular una nueva organización: el Cártel Jalisco Nueva Generación. A partir de 2010, el CJNG declaró la guerra a grupos rivales y construyó una reputación basada en una violencia extrema y espectacularizada, con ejecuciones masivas, cuerpos colgados en puentes y el uso temprano de drones explosivos.
Desde 2020 circularon rumores insistentes sobre problemas renales graves del capo y su supuesta muerte en un hospital privado construido por el propio cártel en Jalisco. Informes de inteligencia de la DEA apuntaban a esa dirección, pero nunca hubo confirmación oficial y su figura se convirtió en una especie de “narcofantasma” útil tanto para la propaganda criminal como para el juego político. La confirmación forense anunciada por Defensa cierra ahora ese capítulo de especulaciones: ‘El Mencho’ ha muerto en un operativo militar, no en una cama de hospital.
La ola de violencia que se extiende por Jalisco
El precio inmediato del operativo se ha medido en fuego y pánico. Casi en paralelo al anuncio oficial, células del CJNG levantaron bloqueos y vehículos incendiados en distintos puntos de Jalisco y en estados donde el grupo conserva fuerte presencia, como Michoacán, Tamaulipas o Nayarit.
Guadalajara, una de las sedes del Mundial de 2026, vivió escenas de caos con carreteras cortadas, autobuses ardiendo y disparos esporádicos. En la costa, Puerto Vallarta amaneció bajo columnas de humo negro, con comercios atacados y al menos un gran establecimiento comercial incendiado, mientras turistas y vecinos se encerraban en hoteles y viviendas. El gobernador Pablo Lemus decretó alerta roja, suspendió el transporte público y canceló eventos masivos, además de ordenar clases en línea para el lunes en todo el estado.
La violencia tuvo impacto inmediato en el sector turístico. Aerolíneas como Air Canada, United, Delta y Southwest suspendieron vuelos hacia Puerto Vallarta ante la recomendación de sus gobiernos de evitar desplazamientos, mientras los consulados de Estados Unidos y Canadá pedían a sus ciudadanos permanecer resguardados. Jalisco, que recibe cada año a millones de visitantes y es uno de los motores económicos del país, afronta así un golpe reputacional adicional: el mensaje de los narcos es que pueden paralizar durante horas una de las regiones más dinámicas de México.
Un vacío de poder con riesgo de guerra interna
El CJNG no es un cártel vertical clásico, sino una constelación de células y franquicias locales que operan bajo una misma marca. La DEA y consultoras especializadas estiman que el grupo tiene presencia en 28 de los 32 estados mexicanos, y que en algunos territorios actúa a través de alianzas con bandas preexistentes, a las que aporta armas, dinero y capacidad logística.
La desaparición del líder máximo abre varios escenarios. En el más optimista para el Estado, una sucesión pactada permitiría mantener una estructura relativamente cohesionada, reduciendo el riesgo de guerras internas prolongadas. Pero la experiencia reciente en Sinaloa —donde la pugna entre facciones ligadas a los Guzmán y a los Zambada dejó más de 2.100 homicidios en un año— demuestra que los vacíos de poder en organizaciones de este tamaño suelen traducirse en estallidos de violencia para controlar territorios, rutas y fuentes de financiación.
La consecuencia es clara: sin un golpe simultáneo a las finanzas del CJNG, a sus redes de corrupción política y policial y a su base social en barrios y comunidades, otro ‘Mencho’ —o varios— terminarán ocupando el espacio dejado por el capo abatido. La historia de los cárteles mexicanos, desde los Arellano Félix hasta los Zetas, confirma que la “estrategia del decapitamiento” tiene efectos limitados si no va acompañada de reformas institucionales profundas.
Las cuentas pendientes con Estados Unidos
La figura de ‘El Mencho’ era desde hace años una prioridad absoluta para Washington. Estados Unidos no solo había ofrecido una recompensa de 15 millones de dólares por su captura; también acumulaba varias acusaciones federales por tráfico de drogas, lavado de dinero y dirección de una empresa criminal continuada. La DEA lo describía como uno de los principales responsables de la llegada de fentanilo al mercado estadounidense, donde la crisis de opioides ha sido utilizada políticamente para exigir mano dura contra México.
El operativo de Tapalpa se inscribe en un contexto bilateral delicado. Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la presión pública sobre el Gobierno de Claudia Sheinbaum ha aumentado, con amenazas de designar a los cárteles como organizaciones terroristas extranjeras e incluso insinuaciones de posibles intervenciones directas si México no actúa. La presidenta ha tratado de responder con una estrategia de seguridad más agresiva que la de su antecesor, abandonando la retórica de “abrazos, no balazos” y multiplicando las operaciones basadas en inteligencia contra laboratorios, finanzas y mandos intermedios.
En este tablero, la caída de ‘El Mencho’ llega también en un momento clave para la revisión del T-MEC, el tratado comercial que articula la relación económica de América del Norte. Estados Unidos ha empezado a vincular abiertamente la cooperación antidrogas al clima de negocios y a la estabilidad de las cadenas de suministro. Para México, demostrar que puede golpear a los grandes capos sin hundir aún más la seguridad interna es una condición implícita para preservar la confianza de inversores y socios.
Qué puede pasar ahora en la guerra contra el narco
La muerte de ‘El Mencho’ coincide con un momento en el que el Gobierno presume de datos relativamente positivos: enero de 2026 registró la cifra más baja de homicidios dolosos desde 2017, con una tasa preliminar de 25,6 asesinatos por cada 100.000 habitantes y un total de 33.241 homicidios en 2024, según cifras de INEGI. Pese a ello, la percepción de inseguridad supera el 60% y en muchos territorios una parte sustancial de los asesinatos —en algunos estados, cerca de la mitad— sigue vinculada a disputas entre grupos criminales.
La experiencia de los últimos quince años ofrece lecciones claras. La caída de grandes capos como ‘El Chapo’, Arturo Beltrán Leyva o Heriberto Lazcano no se tradujo en un descenso sostenido de la violencia; al contrario, en ocasiones abrió ciclos de fragmentación, guerras intestinas y mayor diversificación criminal hacia la extorsión y el control de economías legales. El riesgo en el caso del CJNG es que, si el Estado no aprovecha la ventana para ocupar los territorios, fortalecer instituciones locales y cortar las fuentes financieras, el resultado sea una nueva recomposición del mapa del narco, no su debilitamiento estructural.
“La muerte de ‘El Mencho’ cierra una era, pero no el negocio” podría ser el resumen de esta jornada. El desafío para México —y para sus socios internacionales— es convertir este golpe espectacular en el inicio de una política de seguridad menos reactiva y más estratégica, que mire más allá del siguiente operativo y del siguiente titular.