Geopolítica | Ártico y tensión en la OTAN

Un general estadounidense pide “tropas ya” en Groenlandia: la OTAN entra en el pulso que Trump ha reactivado

El exteniente general Ben Hodges lanza un mensaje inusual a Dinamarca y a los aliados: si Washington insiste en que Groenlandia es “crítica”, hay que demostrarlo con hechos y desplegar fuerzas multinacionales de inmediato. La propuesta busca blindar el Ártico… y, a la vez, desactivar el argumento de una intervención unilateral en un territorio que ya es parte del ecosistema OTAN.

EPA/IDA MARIE ODGAARD
EPA/IDA MARIE ODGAARD

La frase que acelera el debate: “hablar no basta”

Ben Hodges, excomandante de U.S. Army Europe, ha reclamado que Dinamarca y aliados de la OTAN desplieguen “de inmediato” tropas, aviones y buques en torno a Groenlandia. Su tesis es directa: si el presidente de EE. UU., Donald Trump, repite que la isla es clave para la seguridad estadounidense, entonces Dinamarca debería “tomarlo en serio” y responder con acción visible, no con comunicados. En la práctica, Hodges propone convertir la retórica en una presencia multinacional que cierre el paso a lecturas oportunistas y reduzca la posibilidad de un hecho consumado.

Por qué Groenlandia importa: no es un símbolo, es infraestructura

Groenlandia es un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, en un área donde el deshielo, las rutas marítimas y la competencia tecnológica han elevado el interés estratégico. Y hay un dato que cambia cualquier discusión: Estados Unidos ya opera en la isla la Pituffik Space Base (antes Thule), pieza clave para vigilancia y capacidades militares en el Ártico. El “argumento seguridad” existe desde hace décadas; lo nuevo es el tono político y la idea de convertirlo en una disputa de soberanía dentro del perímetro OTAN.

El contexto: Trump redobla la presión y Europa responde

La petición de Hodges llega en plena escalada verbal. En los últimos días, Trump ha vuelto a insistir en el control estadounidense sobre Groenlandia, alimentando un choque diplomático con Copenhague y Nuuk. La respuesta local ha sido inusual por su unanimidad: las fuerzas políticas groenlandesas han firmado una declaración conjunta rechazando la idea de convertirse en estadounidenses y defendiendo el derecho a decidir su futuro. Paralelamente, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha advertido de que un intento de toma por la fuerza sería un golpe existencial para la alianza atlántica.

La jugada de Hodges: “si es tan importante, lo protegemos nosotros”

Leída en frío, la propuesta del exgeneral tiene un componente de “judo” político. Hodges sugiere que Dinamarca diga abiertamente: si EE. UU. está tan preocupado por Groenlandia y por Norteamérica, entonces Dinamarca y varios aliados desplegarán fuerzas inmediatamente. Con ello busca dos efectos: reforzar la disuasión frente a actores externos en el Ártico y, al mismo tiempo, desactivar el argumento de que la seguridad exige un control directo estadounidense. Es decir: convertir la “importancia estratégica” en una solución OTAN, no en una disputa de propiedad.

Riesgos: militarizar el debate y abrir fricciones dentro de la alianza

Ahora bien, elevar presencia militar también tiene costes. Primero, porque convierte un conflicto político en un problema de postura de fuerzas, con el consiguiente riesgo de incidentes y lecturas erróneas. Segundo, porque la OTAN no está diseñada para gestionar una crisis “intra-aliados” donde el actor que presiona es, precisamente, Estados Unidos. Y tercero, porque una presencia multinacional en el Ártico puede ser explotada por terceros como prueba de “militarización”, alimentando el ciclo de tensión en una región donde ya compiten intereses rusos y chinos.

Qué puede pasar ahora: más diplomacia y más señalización militar

La siguiente fase será menos espectacular, pero decisiva: reuniones diplomáticas, posicionamientos públicos y decisiones de gasto y despliegue. Dinamarca ya venía reforzando la defensa del Ártico con acuerdos específicos para aumentar presencia terrestre, vigilancia marítima y capacidades operativas, y ha anunciado planes de inversión en plataformas como aviones y buques. En paralelo, líderes europeos como Giorgia Meloni han defendido reforzar la presencia de la OTAN en el Ártico, pero rechazando una salida militar unilateral de EE. UU. La lectura final es clara: Hodges pone sobre la mesa una solución de alianza para un problema que, si se deja crecer, amenaza con romper el principio base de la OTAN: la seguridad colectiva entre aliados.

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