Kim Jong Un escoge a Kim Ju Ae, su hija de 13 años, como la próxima líder de Corea del Norte
La designación de Kim Ju Ae como sucesora confirmada por el espionaje surcoreano rompe el tabú de género en el régimen más hermético del mundo y abre una nueva etapa de incertidumbre nuclear
La dinastía que gobierna desde hace más de siete décadas en Corea del Norte ha dado su siguiente paso: una adolescente, Kim Ju Ae, ha sido señalada como heredera del trono nuclear de Pyongyang. Así lo ha comunicado el servicio de inteligencia surcoreano al Parlamento de Seúl, tras meses observando cómo la joven ganaba peso en los rituales del poder norcoreano. A sus alrededor de 13 años, Ju Ae ha pasado de aparecer de la mano de su padre en pruebas de misiles a ser tratada como “segunda máxima líder de facto”. La decisión desafía el patriarcado del país, desplaza a un supuesto hijo mayor invisible y plantea una pregunta central para las capitales del mundo: ¿qué quiere asegurar realmente Kim Jong-un con este movimiento, su linaje o la supervivencia del régimen?
La designación que rompe el tabú de género
El anuncio no llegó por una foto, sino por una frase escogida del Servicio Nacional de Inteligencia de Corea del Sur (NIS) ante los diputados surcoreanos: Kim Ju Ae ha pasado de ser una niña “en entrenamiento” a estar “en la fase de designación como sucesora”. Según el NIS, se trata de un cambio cualitativo, no solo semántico. La agencia asegura que el propio Kim ha transmitido a su círculo que su hija será quien le suceda, por delante de cualquier otro posible heredero.
La designación supone una ruptura evidente con la tradición de un sistema profundamente patriarcal, donde el poder ha pasado de abuelo a hijo y de hijo a nieto, siempre varones. Sin embargo, el régimen también ha demostrado históricamente una enorme flexibilidad a la hora de reinterpretar su propio dogma cuando lo exige la supervivencia del clan. Lo más grave para los sectores más conservadores de la élite no es tanto que la heredera sea una mujer, sino su edad: una adolescente convertida en figura central de un Estado con arsenal nuclear.
El NIS subraya que la lectura no se basa en una única señal, sino en un conjunto: protocolo, lenguaje oficial, acceso a espacios sagrados del régimen y, sobre todo, la forma en que los medios estatales han empezado a colocar a Ju Ae en igualdad visual con su padre. En un sistema donde cada gesto está milimetrado, esas imágenes valen más que cualquier decreto.
La calculadora fría del espionaje surcoreano
El diagnóstico de Seúl se apoya, ante todo, en la escenografía. Desde finales de 2022, la joven ha aparecido en actos que, hasta ahora, estaban reservados a la cúpula militar y al líder supremo. El espionaje surcoreano destaca su presencia en el aniversario de fundación del Ejército del Pueblo, en inspecciones de armamento estratégico y, más recientemente, en la visita al mausoleo familiar, el Palacio del Sol de Kumsusan, donde reposan el abuelo y el bisabuelo que forjaron el Estado norcoreano.
“A medida que Kim Ju Ae ha mostrado su presencia en actos clave y se han detectado signos de que opina sobre determinadas políticas, interpretamos que ha entrado en la etapa de sucesora designada”, resumió un diputado tras la sesión a puerta cerrada. La frase es más que una filtración: es el modo en que Seúl legitima públicamente su lectura de lo que sucede al otro lado del paralelo 38.
Otro elemento clave que vigila el NIS es el Congreso del Partido de los Trabajadores que se celebrará este mes, la cita política más relevante, que Pyongyang convoca aproximadamente cada cinco años. Que la joven acuda, y en qué posición lo haga, servirá para certificar hasta qué punto el régimen está dispuesto a normalizar su rol de heredera ante las élites del partido y el Ejército. Para Seúl, cada plano de cámara y cada orden de precedencia en ese congreso funciona como un párrafo más en el relato sucesorio norcoreano.
La niña que eclipsa al hijo invisible
La designación de Ju Ae reactiva una incógnita que lleva años circulando entre los analistas: el supuesto hijo mayor de Kim Jong-un, nunca reconocido ni mostrado por los medios oficiales. El NIS cree que existe, pero a día de hoy sigue siendo una sombra sin rostro ni cargo. Durante un tiempo, los expertos hablaban de dos teorías enfrentadas: la “sucesión Ju Ae” frente a la “teoría del hijo mayor”.
Que el espionaje surcoreano se decante ya abiertamente por la primera implica que el hijo, de existir, ha sido relegado en la línea interna de poder. Las razones pueden ir desde cuestiones de salud o carácter hasta luchas dentro del propio clan. En un sistema opaco donde el linaje lo es todo, que una hija desplace a un varón mayor solo puede suceder si el padre está convencido de que ella garantiza mejor la continuidad del proyecto político y del culto a la familia.
Hay, además, otra lectura. Al situar a una niña en el centro de la narrativa, el régimen busca humanizar una dinastía asociada a campos de prisioneros, ensayos nucleares y hambrunas periódicas. La figura de Ju Ae se presenta como una especie de princesa moderna en un país empobrecido: con el pelo largo que sus coetáneas no pueden llevar, ropa de lujo y acceso a un mundo vedado para el resto de niñas norcoreanas. La consecuencia es clara: el mensaje interno es que la familia Kim sigue por encima de las reglas que impone al resto de la población.
Misiles, desfiles y Pekín: la construcción de un icono
El ascenso de Kim Ju Ae no empezó en un despacho, sino en una base de misiles. Su primera aparición pública documentada se produjo en noviembre de 2022, cuando la televisión estatal la mostró de la mano de su padre inspeccionando un misil balístico intercontinental Hwasong-17. Desde entonces, ha sido una presencia recurrente en desfiles militares, pruebas de armamento, visitas a fábricas y celebraciones nacionales.
El salto cualitativo llegó en septiembre de 2025, cuando acompañó a su padre en su primera visita a Pekín en casi siete años, para asistir al mayor desfile militar de la historia reciente de China. Ju Ae bajó del tren blindado junto al líder, saludó a la delegación de bienvenida y se situó en primera fila en varios actos, en igualdad de plano con él. Era su debut internacional y un mensaje cuidadoso a la vez para China, principal sostén económico de Pyongyang, y para el resto del mundo: la próxima generación del régimen ya está siendo presentada ante los aliados.
En enero de 2026, su presencia en el Kumsusan, el lugar más sagrado de la iconografía norcoreana, reforzó la idea de que estaba siendo incorporada a los rituales internos del poder. Allí, según los analistas, se estaba fotografiando no solo a una hija devota, sino a la heredera que deberá mantener el mito de los tres Kims frente a las presiones internacionales y las privaciones internas.
Un patriarcado en tensión: el precedente de Kim Yo-jong
El nombramiento informal de Ju Ae no habría sido creíble hace apenas una década. Corea del Norte es una sociedad estructurada sobre roles de género rígidos, donde la propaganda exalta la figura del padre-soldado y reserva a la mujer un papel secundario. Muchos desertores y estudiosos habían descartado la posibilidad de una líder femenina al frente del Estado. Sin embargo, el régimen ya había ensayado una excepción: Kim Yo-jong, la hermana del líder.
Durante años, Kim Yo-jong ha ocupado cargos de alto rango en el Comité Central del Partido de los Trabajadores y ha llegado a ser descrita como la figura más influyente del país después de su hermano. Sus apariciones encabezando delegaciones, supervisando la propaganda y emitiendo amenazas a Corea del Sur y Estados Unidos sirvieron para normalizar la autoridad de una mujer en la cúspide del aparato político.
Este precedente ayuda a entender por qué el régimen puede permitirse ahora ir más lejos y colocar a una adolescente en la línea sucesoria. No se trata de una revolución feminista, sino de la adaptación de un patriarcado extremo a las necesidades de una dinastía que prioriza su continuidad sobre cualquier norma cultural. La cuestión de fondo es si Kim Yo-jong y otros cuadros podrán ejercer de regentes de facto en el futuro, gobernando en nombre de una Ju Ae aún demasiado joven cuando su padre falte.
Por qué Kim se da prisa: salud, sanciones y miedo al vacío
La gran incógnita es por qué Kim Jong-un, que ronda los 40 años y aparenta estar en control firme del poder, decide oficializar tan pronto a una heredera adolescente. La respuesta más obvia apunta a su salud: el líder arrastra problemas de peso, hábitos poco saludables y antecedentes familiares de enfermedades cardiovasculares. Cada aparición pública en la que camina con dificultad o falta a un evento clave alimenta los rumores de posibles crisis futuras.
Pero hay una explicación política igual o más importante. Los estudios sobre las dos sucesiones anteriores —de Kim Il-sung a Kim Jong-il en 1994 y de Kim Jong-il al actual líder en 2011— muestran que el régimen dedica años a construir el relato del heredero para evitar luchas internas que puedan desestabilizar el sistema.
Designar ya a Ju Ae envía un mensaje a la élite: no hay debate, la línea está cerrada y cualquier alternativa será interpretada como traición.
Además, el contexto internacional empuja a cerrar filas. Corea del Norte sigue sometida a un régimen severo de sanciones por su programa nuclear y de misiles, con una economía estancada y dependiente de un reducido número de socios. En este escenario, el mayor temor del círculo de Kim no es la presión exterior, sino el vacío interno que podría abrirse tras una transición mal gestionada. La designación temprana de la heredera pretende blindar la continuidad del proyecto durante, potencialmente, otras tres o cuatro décadas.
Impacto regional: una dinastía nuclear para otra generación
A corto plazo, la designación de Ju Ae no implica cambios evidentes en la política exterior o militar de Corea del Norte. Ninguna de las señales observadas sugiere una moderación en el programa nuclear ni en la retórica beligerante hacia Corea del Sur o Estados Unidos. Más bien al contrario: su ascenso se ha escenificado precisamente en misiles, desfiles y visitas a instalaciones militares.
Sin embargo, el mensaje estratégico que reciben las capitales vecinas es inquietante: Pyongyang se imagina a sí misma como una dinastía nuclear para al menos otra generación. Para China, principal aliado, la prioridad será garantizar que cualquier transición sea ordenada y no derive en un colapso del Estado que pueda desatar una crisis humanitaria en una península de 75 millones de habitantes. Para Seúl y Washington, el horizonte que dibuja Ju Ae obliga a pensar la disuasión y la diplomacia no en años, sino en décadas.
Queda la incógnita más especulativa: qué puede querer ella misma. Cuando Kim Jong-un sucedió a su padre, muchos norcoreanos albergaron la esperanza de que su educación en Suiza y su juventud se tradujeran en apertura económica. Esa expectativa se frustró rápidamente. Con Ju Ae, apenas una niña, no hay aún biografía ni discurso propio que interpretar. Lo único seguro es que si algún día se sienta en el trono, será la única persona del planeta con poder absoluto sobre un arsenal nuclear heredado a los 13 años. Y el resto del mundo tendrá que gestionar las consecuencias.