Nueva escalada aérea en la guerra de Ucrania

Rusia lanza una oleada masiva de misiles y drones contra Ucrania

Ucrania volvió a vivir una de las noches más intensas de ataques aéreos desde el inicio de la guerra. Según informó este lunes la Fuerza Aérea de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Rusia lanzó un total de 160 ataques aéreos utilizando 11 misiles balísticos Iskander-M y 149 drones de distintos tipos, en una ofensiva coordinada que tuvo como objetivo múltiples regiones del país.

Aunque las defensas antiaéreas ucranianas lograron interceptar una parte significativa de los proyectiles, varios misiles y al menos 23 drones alcanzaron sus objetivos, provocando daños en 15 localizaciones distintas, en un nuevo recordatorio de la presión militar constante que Moscú mantiene sobre el territorio ucraniano.

EPA/MARIA SENOVILLA
EPA/MARIA SENOVILLA

Una de las noches más intensas de la guerra aérea

Ucrania volvió a vivir una de las noches más duras desde el punto de vista militar tras un ataque aéreo masivo lanzado por Rusia, que combinó misiles balísticos y enjambres de drones desde múltiples direcciones. Según informó la Fuerza Aérea de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Moscú ejecutó 160 ataques aéreos durante la madrugada, utilizando 11 misiles balísticos Iskander-M y 149 drones de distintos tipos, en una operación diseñada para presionar al máximo la capacidad defensiva del país.

La ofensiva se produjo en plena madrugada, un horario habitual para este tipo de ataques, que busca maximizar el impacto psicológico sobre la población civil y dificultar la respuesta coordinada de los sistemas de emergencia y defensa aérea.

Misiles Rusia
Moscú ejecutó 160 ataques aéreos durante la madrugada, utilizando 11 misiles balísticos Iskander-M y 149 drones de distintos tipos

Misiles Iskander-M lanzados desde Bryansk

De acuerdo con el parte militar ucraniano, los misiles balísticos Iskander-M fueron lanzados desde la región rusa de Bryansk, uno de los principales enclaves utilizados por Moscú para ataques de largo alcance. Estos misiles, capaces de alcanzar objetivos a gran velocidad y con trayectorias difíciles de predecir, suponen uno de los mayores desafíos para la defensa antiaérea ucraniana.

El uso de este tipo de armamento indica que Rusia sigue reservando capacidad de ataque de alta precisión para golpear objetivos estratégicos, obligando a Ucrania a destinar sistemas avanzados y costosos para intentar interceptarlos.

Junto a los misiles, Rusia lanzó 149 drones desde una amplia variedad de puntos: las regiones rusas de Kursk, Orel y Bryansk, la zona de Primorsko-Akhtarsk, así como desde territorios ucranianos ocupados, incluyendo sectores de Donetsk y la localidad de Gvardiyske, en la Crimea ocupada.

Esta dispersión geográfica responde a una estrategia clara: saturar los radares y los sistemas de detección, obligando a Ucrania a cubrir numerosos frentes simultáneos y aumentando la probabilidad de que algunos drones logren atravesar las defensas.

Ataque Ucrania
Junto a los misiles, Rusia lanzó 149 drones desde una amplia variedad de puntos

La respuesta de la defensa aérea ucraniana

La Fuerza Aérea informó de que 116 drones fueron derribados o neutralizados, gracias a una combinación de misiles antiaéreos, sistemas de guerra electrónica, drones defensivos y grupos móviles de fuego desplegados sobre el terreno. Estas unidades móviles, equipadas con armamento ligero, se han convertido en una herramienta clave para combatir drones de bajo coste sin agotar misiles interceptores más caros.

Además, las fuerzas ucranianas lograron interceptar “algunos” de los misiles balísticos, un logro significativo dadas las características técnicas de los Iskander-M, aunque insuficiente para evitar por completo los impactos.

La Fuerza Aérea informó de que 116 drones fueron derribados o neutralizados
La Fuerza Aérea informó de que 116 drones fueron derribados o neutralizados

Pese al elevado número de interceptaciones, varios misiles y al menos 23 drones lograron alcanzar sus objetivos, causando daños en 15 localizaciones distintas. Las autoridades no ofrecieron inicialmente detalles sobre las infraestructuras afectadas ni sobre posibles víctimas, a la espera de completar la evaluación de daños.

En ataques anteriores, este tipo de ofensivas ha provocado daños en infraestructuras energéticas, instalaciones logísticas y zonas urbanas, generando apagones, interrupciones del transporte y afectaciones a la población civil.

Analistas militares coinciden en que esta ofensiva forma parte de una estrategia de desgaste a largo plazo. El uso masivo de drones, muchos de ellos relativamente baratos, obliga a Ucrania a emplear sistemas defensivos mucho más costosos, creando un desequilibrio económico y logístico que busca erosionar su capacidad de resistencia.

La combinación de drones y misiles balísticos permite a Moscú mantener una presión constante, incluso sin avances significativos sobre el terreno, trasladando el peso del conflicto al ámbito aéreo.

Dependencia crítica del apoyo occidental

La defensa del espacio aéreo se ha convertido en uno de los pilares centrales de la supervivencia ucraniana. Kiev ha advertido repetidamente de que sus reservas de misiles interceptores no son ilimitadas y ha pedido a sus aliados occidentales un refuerzo del suministro de sistemas como Patriot, NASAMS e IRIS-T.

Cada ataque masivo refuerza el mensaje del Gobierno ucraniano de que la defensa aérea no es solo una cuestión militar, sino también una prioridad humanitaria para proteger ciudades, hospitales y servicios esenciales.

La magnitud del ataque confirma que no existen señales claras de desescalada, pese a los contactos diplomáticos intermitentes y al cansancio internacional tras más de dos años de guerra. Rusia continúa utilizando el poder aéreo como herramienta para mantener la iniciativa estratégica, mientras Ucrania se ve obligada a responder en un contexto de recursos limitados.

El conflicto entra así en una fase de presión sostenida, en la que cada noche se convierte en una nueva prueba para las defensas y la resistencia del país.

El impacto psicológico en la población civil

Más allá de los daños materiales, las ofensivas nocturnas tienen un fuerte impacto psicológico sobre la población. Las sirenas antiaéreas, las explosiones y la incertidumbre constante forman parte ya de la vida cotidiana de millones de ucranianos, especialmente en las regiones más expuestas.

Pese a ello, las autoridades destacan la resiliencia social, subrayando que la población se ha adaptado a un conflicto prolongado sin un horizonte claro de finalización.

El ataque de esta madrugada encaja en un patrón cada vez más frecuente: ofensivas aéreas masivas, una tasa elevada de interceptación, pero impactos inevitables. Este patrón refleja la naturaleza de una guerra en la que el control del cielo sigue siendo una de las claves decisivas, y donde cada jornada refuerza la sensación de que el conflicto está lejos de resolverse.

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