El frenazo del consumo lleva a los futuros EEUU a Dow Jones +0,03%; S&P 500 -0,09% y Nasdaq -0,3%

Las ventas minoristas planas en EEUU reavivan las apuestas de recorte de tipos mientras el mercado teme revisiones masivas a la baja en el empleo y la IA sigue redistribuyendo ganadores y perdedores en Bolsa
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La macro estadounidense ha dado una señal incómoda justo antes de uno de los datos más sensibles del año. Las ventas minoristas de diciembre se quedaron prácticamente planas, muy por debajo de lo esperado, y han reavivado las dudas sobre la fortaleza del consumo en la mayor economía del mundo. Al mismo tiempo, el mercado se prepara para un informe de empleo de enero retrasado por el último cierre parcial de la Administración, con un consenso de apenas 70.000 nuevos puestos y el temor añadido a una revisión estadística que podría restar entre 750.000 y 900.000 empleos a los últimos doce meses.
La reacción ha sido inmediata: los futuros de tipos de la Fed pasan a descontar cerca de 60 puntos básicos de recortes este año, con casi un 50% de probabilidad de la primera bajada ya en abril y otra plenamente incorporada para junio, cuando está previsto que Kevin Warsh releve a Jerome Powell en la presidencia. En paralelo, el presidente Donald Trump presiona para que Estados Unidos tenga “los tipos más bajos del mundo”, mientras varios halcones de la Reserva Federal insisten en que no ven razones para mover ficha a corto plazo.
Entre tanto, los índices se toman un respiro tras nuevos máximos del Dow Jones, la curva de Treasuries se afloja, el dólar se debilita especialmente frente al yen y la revolución de la inteligencia artificial sigue generando ganadores como TSMC o Cloudflare… y víctimas como las grandes firmas de ‘brokers’ y gestores patrimoniales tradicionales. El diagnóstico de fondo es claro: la economía sigue creciendo, pero las grietas empiezan a ser visibles en el consumo y en la confianza del mercado laboral.

Un consumo que se queda en punto muerto

El primer golpe ha llegado por donde menos se esperaba: el comercio minorista. Tras meses de resiliencia del consumidor estadounidense, el dato de diciembre mostró ventas prácticamente estancadas, un “flat” que contrasta con las previsiones de un avance moderado y rompe la narrativa de un final de año robusto. Para una economía en la que el gasto de los hogares representa en torno al 70% del PIB, el mensaje es inequívoco: el colchón de ahorro pospandemia y el impulso del mercado laboral empiezan a agotarse.

Este tropiezo llega, además, en un contexto de tipos oficiales aún elevados, crédito al consumo más caro y un efecto riqueza desigual: mientras una parte de los hogares se beneficia del rally bursátil y de la subida de la vivienda, otra lidia con tarjetas de crédito al 20% y alquileres históricamente altos. La consecuencia es clara: el consumo se polariza y la sensibilidad a cualquier empeoramiento del empleo aumenta.

El dato de retail ha actuado como catalizador de miedos latentes. El mercado empieza a preguntarse si el “aterrizaje suave” no estará mutando en un “enfriamiento prolongado” en el que el crecimiento se mantenga en positivo, pero con un ciudadano medio más prudente, empresas más cautas en inversión y un banco central forzado a decidir si prioriza la inflación o el ciclo.

Un mercado laboral bajo revisión

Sobre ese telón de fondo, el informe de empleo de enero se ha convertido en una cita explosiva. Por un lado, el consenso apunta a solo 70.000 nuevas nóminas no agrícolas, reflejo de un mercado laboral que ya no corre, sino que camina. Por otro, pesan las lecturas débiles de empleo conocidas la semana pasada y, sobre todo, la sombra de la revisión anual de las series de nóminas, que podría recortar entre 750.000 y 900.000 puestos de trabajo de los últimos doce meses.

La Casa Blanca ha pedido abiertamente “no entrar en pánico” ante unas cifras que podrían parecer peores de lo que realmente son, recordando que los ajustes metodológicos corrigen errores acumulados. Sin embargo, para los inversores el matiz es menos relevante: el relato de un mercado laboral “imparable” quedaría tocado y la percepción de ciclo se ajustaría a la baja.

El contraste con la narrativa política es evidente. Mientras la Administración quiere reivindicar un mercado de trabajo todavía sólido antes de un ciclo electoral clave, los mercados miran ya a la letra pequeña: horas trabajadas, salarios medios, participación laboral y, sobre todo, señales de enfriamiento en sectores sensibles como comercio, logística o manufacturas. Cualquier sorpresa negativa reforzaría la idea de que la Fed se ha quedado “por detrás de la curva a la baja” y debería acelerar el giro dovish.

Donald Trump y Kevin Warsh
Donald Trump y Kevin Warsh

La Fed entre los futuros y los halcones

El movimiento de los futuros sobre los Fed funds tras el dato de retail ha sido contundente. El mercado asigna ahora casi un 50% de probabilidad a un recorte de tipos en abril, última reunión de Powell al frente de la Reserva Federal, y da por hecho que en junio —cuando previsiblemente Kevin Warsh tome el relevo— se materializará al menos una bajada. En total, los operadores descuentan unos 60 puntos básicos de relajación a lo largo de 2026.

Esta lectura choca frontalmente con el discurso de varios miembros del FOMC. La presidenta de la Fed de Cleveland, Beth Hammack, y su homóloga de Dallas, Lorie Logan, reiteraron esta semana que no ven motivos para mover tipos “en mucho tiempo”, subrayando que la inflación subyacente sigue por encima del objetivo del 2% y que un recorte prematuro podría reavivar las tensiones de precios. El propio Powell ha insistido en que el banco central quiere “más pruebas” de que la desinflación es sostenible.

En paralelo, Donald Trump eleva la presión desde la Casa Blanca al exigir que Estados Unidos tenga “los tipos más bajos del mundo”, una declaración que, llevada al extremo, implicaría tasas negativas. El contraste con el mandato teórico de una Fed independiente es incómodo y anticipa un año de fricción entre la política monetaria y la política a secas. El dato de inflación (CPI) del viernes será la próxima pieza en un puzle cada vez más complejo.

Bonos al alza, dólar a la baja

La lectura combinada de consumo débil y expectativa de tipos más bajos ha impulsado de nuevo la compra de deuda pública estadounidense. Los rendimientos de los Treasuries cayeron de forma generalizada a lo largo de la curva en una semana marcada, además, por importantes subastas del Tesoro, en especial del bono a 10 años, barómetro clave para hipotecas y financiación corporativa.

El dólar, por su parte, prolongó su reciente corrección y se debilitó de forma notable frente al yen, reflejando una menor prima de tipos a favor de Estados Unidos y la búsqueda de refugio de parte del capital asiático. En Bolsa, el S&P 500 cedió en torno a un 0,3%, el Nasdaq perdió más de un 0,5%, mientras el Dow Jones llegó a anotarse un 0,1%, encadenando su tercer máximo histórico consecutivo a pesar del bache macro. El Hang Seng asiático avanzó cerca de un 0,3%, apoyado en el tirón tecnológico.

El contraste es revelador: Wall Street sigue a escasa distancia de sus máximos históricos, pero cada dato macro que sugiere frenazo tiene un efecto inmediato sobre sectores cíclicos y compañías más apalancadas. El mercado parece estar diciendo que acepta un recorte de tipos… siempre que no venga acompañado de una caída abrupta del crecimiento.

La revolución de la IA sacude Wall Street

En paralelo a la macro, la reconfiguración de ganadores y perdedores por la inteligencia artificial no da tregua. El gigante taiwanés TSMC comunicó unos ingresos de enero casi un 40% superiores a los de hace un año y anunció nuevos planes de inversión en capacidad productiva, consolidando su papel como proveedor central de chips de alto rendimiento para IA. Al mismo tiempo, el grupo chino ByteDance, dueño de TikTok, trabaja con Samsung en el desarrollo de un nuevo chip propio para cargas de IA, en un intento de reducir su dependencia de proveedores externos.

En el lado del software, Cloudflare se convirtió en uno de los vencedores de la jornada al dispararse más de un 14% tras publicar unas previsiones de ventas para 2026 por encima del consenso, apoyadas precisamente en sus servicios vinculados a IA y ciberseguridad.

Pero la otra cara de la moneda fue menos amable. La ‘fintech’ Altruist lanzó una herramienta de planificación fiscal apoyada en IA que desató el temor a una disrupción profunda en el negocio de los gestores patrimoniales tradicionales. Las acciones de grandes firmas como Charles Schwab se vieron presionadas y el efecto contagio alcanzó a grupos financieros europeos. El mercado se ha vuelto implacable: cualquier anuncio que sugiera que un modelo de negocio puede quedar desintermediado por la IA se traduce en ventas agresivas, aunque los impactos concretos tarden años en materializarse.

Resultados corporativos: el castigo por decepcionar

En este entorno, los resultados empresariales se analizan con lupa. El proveedor de servicios en la nube Cloudflare fue premiado, pero otros nombres sufrieron una respuesta mucho más dura. La plataforma de ‘trading’ minorista Robinhood cayó alrededor de un 7% tras presentar unos ingresos del cuarto trimestre por debajo de las expectativas, reflejando un entorno de menor rotación de carteras y cierta fatiga en el inversor minorista que protagonizó el boom de 2021.

Peor aún fue el castigo a Lyft, que se desplomó en torno a un 17% después de decepcionar con su previsión de beneficios y volúmenes de trayectos para 2026. La biotecnológica Moderna retrocedió cerca de un 9% tras la decisión de la FDA de no aceptar aún la solicitud de aprobación para su vacuna contra la gripe, un revés significativo para su estrategia de diversificación más allá del Covid.

Mientras, los inversores siguen pendientes de una batería de resultados de grandes nombres como Cisco, Equinix, Hilton, Kraft Heinz, McDonald’s o T-Mobile US, además de Shopify y Humana. Con el S&P 500 apenas a un par de puntos porcentuales de sus máximos, la tolerancia al error es mínima: las compañías que no baten ni guían al alza son castigadas con descensos de doble dígito en cuestión de minutos.

Tarifas y política 

Como telón de fondo, la política comercial vuelve a colarse en el radar de los inversores. Una Cámara de Representantes profundamente dividida rechazó este martes una iniciativa republicana para bloquear futuras impugnaciones legislativas contra los aranceles impulsados por Trump, abriendo la puerta a que los demócratas intenten revertir los gravámenes sobre Canadá. Además, se espera en los próximos meses un fallo del Tribunal Supremo sobre la legalidad de esos aranceles, con implicaciones potenciales para toda la arquitectura de la guerra comercial.

Este frente añade una capa extra de incertidumbre a un escenario ya complejo. Si el mercado descuenta tipos más bajos, pero se ve sorprendido por nuevas tensiones arancelarias, el resultado puede ser una combinación incómoda: crecimiento más débil, inflación importada y un banco central atrapado entre dos fuegos.

De cara a las próximas semanas, la clave estará en la tríada consumo-empleo-inflación. Unos payrolls claramente por debajo de lo esperado, sumados a ventas minoristas flojas, reforzarían el relato de frenazo y podrían empujar aún más a la baja los rendimientos de la deuda, favoreciendo a utilities, inmobiliarias y tecnológicas de calidad. Un dato de empleo más sólido, o una inflación del viernes por encima de lo previsto, obligarían al mercado a corregir su entusiasmo dovish y devolverían presión a los tramos largos de la curva.

En cualquier caso, el mensaje que envía Wall Street es nítido: la era del dinero gratis quedó atrás, y cada décima en los datos de consumo o empleo puede redefinir, en cuestión de horas, quiénes serán los ganadores y perdedores del nuevo ciclo.

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