El oro roza máximos y la plata se dispara: ¿principio de un gran ciclo alcista?

Tras una serie de eventos geopolíticos recientes, el oro y la plata retoman fuerza en los mercados con movimientos volátiles pero respaldados por sólidos fundamentos. Expertos pronostican nuevos récords históricos para estos metales preciosos en 2026, mientras otros recursos como el platino y el paladio comienzan a llamar la atención de inversores.

Gráfica mostrando la volatilidad reciente y repunte del precio del oro y la plata en dólares por onza.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
El oro roza máximos y la plata se dispara: ¿principio de un gran ciclo alcista?

El mercado de metales preciosos ha despertado con una fuerza que recuerda a los grandes cambios de ciclo.
Tras una semana marcada por la tensión geopolítica, el oro y la plata han vuelto a comportarse como auténticos barómetros del miedo: subidas bruscas, volatilidad extrema y un regreso masivo del dinero institucional a los activos refugio.

Hoy, el oro al contado cotiza en torno a los 4.450-4.460 dólares por onza, muy cerca de sus máximos históricos recientes. La plata, por su parte, se mueve en el entorno de los 78 dólares por onza, tras encadenar avances superiores al 7 % en apenas unos días. Para Francisco Javier López Mirán, experto de Silver Gold Patrimonio, no es un rebote aislado, sino “la fase temprana de un bull market de largo plazo” en los metales preciosos.

Un arranque de año incendiado por la geopolítica

El detonante del último rally ha sido inequívoco: un nuevo episodio de choque geopolítico de alta intensidad que ha sacudido a los mercados en pleno arranque de año. La operación militar de Estados Unidos en Venezuela, sumada a otros frentes abiertos, ha reforzado la sensación de que la inestabilidad ya no es una excepción, sino el telón de fondo de la década.

El resultado se ha visto de inmediato en las pantallas: mientras los grandes índices bursátiles marcaban nuevos máximos, el oro subía alrededor de un 2-3 % en cuestión de sesiones, y la plata saltaba cerca de un 4-5 %, con un repunte casi simultáneo a las noticias de tensión.

López Mirán lo resume con una idea simple: “cuando la geopolítica grita, los inversores vuelven a lo que entienden desde hace siglos: metal físico, sin riesgo de contrapartida”. La diferencia frente a otras crisis es que ahora el movimiento no se limita al oro, sino que incluye a la plata, el platino, el paladio e incluso metales industriales como el cobre, todos empujados por el mismo cóctel de miedo e inflación estructural.

De la caída violenta al rebote en V

La potencia del rebote actual solo se entiende si se recuerda la fase de corrección previa. Hace pocas semanas, el oro venía de un tramo claramente bajista: desde máximos en la zona de 4.540-4.550 dólares por onza, llegó a deslizarse hacia niveles por debajo de 4.320, borrando en días las ganancias de casi un mes. Ese movimiento hizo saltar muchos stops y alimentó la sensación de que el “trade refugio” se estaba agotando.

La plata protagonizó su propia montaña rusa. Tras tocar picos en el entorno de 83-85 dólares, encadenó caídas que la devolvieron a la franja de 70-72 dólares, con sesiones en las que llegó a desplomarse más de un 7 % en una sola jornada. Para muchos minoristas, aquello fue la señal de salida; para los perfiles profesionales, la oportunidad de cargar más posiciones a mejor precio.

Desde esos mínimos relativos, el giro ha sido en auténtica “V”: el oro ha vuelto a consolidar por encima de 4.400-4.450 dólares y la plata ha recuperado con rapidez la zona de 76-78 dólares. Este hecho revela una dinámica conocida: las manos fuertes compran en los desplomes y dejan que el ruido expulse a los más nerviosos. La tendencia de fondo, por ahora, sigue apuntando hacia arriba.

Los fundamentos que siguen empujando al oro

Más allá de los gráficos intradía, los fundamentos del oro permanecen extraordinariamente sólidos. El metal amarillo conserva intactas sus tres funciones clásicas: reserva de valor, seguro frente a errores de los bancos centrales y cobertura ante eventos extremos que no entran en los modelos.

En el plano monetario, los tipos de interés reales siguen en terreno incómodo para economías hiperendeudadas, y el mercado da por hecho que, si el crecimiento se frena, la política monetaria volverá a volverse más flexible. Traducido: más liquidez, más riesgo para las divisas y más atractivo para los activos tangibles.

A ello se suma la compra sostenida de oro por parte de bancos centrales, especialmente en Asia y economías emergentes, que buscan reducir su dependencia del dólar y blindarse frente a posibles sanciones financieras. La demanda oficial actúa como un suelo estructural para el precio.

López Mirán insiste en un punto: en los últimos doce meses, el oro acumula una revalorización cercana al 70 %, pero esa subida se produce en un entorno de más deuda, más tensión geopolítica y más intervención monetaria que hace una década. La conclusión, en su diagnóstico, es clara: “no estamos ante un oro caro, sino ante monedas que cada vez valen menos”.

La plata: refugio híbrido y pólvora especulativa

Si el oro es el ancla del sistema, la plata es su amplificador. Su menor tamaño de mercado y su doble condición —activo financiero y materia prima industrial crítica— hacen que cada giro de sentimiento se traduzca en movimientos desproporcionados.

En los últimos doce meses, la plata ha pasado de la zona de 30 dólares a cotizar cerca de 78, una revalorización superior al 150 %, con tramos de alzas diarias que han superado el 5 %. Su gráfica está llena de huecos, velas largas y correcciones violentas, señal de que la batalla entre posiciones largas y cortas es mucho más intensa que en el oro.

Además, el metal blanco se ha convertido en pieza clave de la transición energética y la electrónica avanzada: paneles solares, vehículos eléctricos, baterías y componentes de alta tecnología dependen de una oferta que no crece al mismo ritmo que la demanda. Esa tensión estructural se suma a su atractivo como “oro barato” para inversores particulares.

López Mirán lo explica con una fórmula sencilla: “si el oro marca el camino, la plata lo recorre al doble de velocidad”. Eso significa que su potencial alcista es enorme, pero también que no es un activo para todos los estómagos: las oscilaciones de 10 dólares por onza en pocas sesiones pueden ser la nueva normalidad.

Platino, paladio y cobre: los otros invitados al rally

El foco mediático está en el oro y la plata, pero no son los únicos metales con un horizonte interesante. El platino y el paladio han pasado varios años en segundo plano, penalizados por cambios en la industria del automóvil y por el propio protagonismo del oro. Sin embargo, su papel en catalizadores, química avanzada y nuevas tecnologías sigue siendo esencial.

Las restricciones de oferta en varios países productores, la concentración geográfica y la necesidad de adaptar motores y procesos industriales a normativas ambientales cada vez más estrictas podrían traducirse, según López Mirán, en subidas acumuladas del 40-50 % de aquí a 2026 si el ciclo económico acompaña.

El cobre, por su parte, ya ha dado señales claras: ha encadenado avances cercanos al 5 % en pocas jornadas y ha marcado máximos históricos, reflejando que el mercado empieza a internalizar el impacto real de la electrificación masiva de la economía. Redes, almacenamiento, renovables, vehículos eléctricos… todo pasa por el cobre, y la oferta tarda años en reaccionar.

En conjunto, el mensaje es inequívoco: el nuevo ciclo de metales no es solo defensivo; también está ligado a la transformación estructural del modelo energético y productivo.

La gran incógnita es si los precios actuales representan un techo o solo un punto intermedio. López Mirán maneja tres escalones para el oro. El primero es el rango de 4.400-4.500 dólares, que considera zona de consolidación razonable en el corto plazo. El segundo sitúa objetivos en la franja de 5.500-6.000 dólares, si se combinan recortes de tipos, nuevas tensiones geopolíticas y compras sostenidas de bancos centrales.

El tercer escenario, más ambicioso, coloca el objetivo estratégico en torno a 7.000 dólares por onza, con picos puntuales que podrían acercarse a los 10.000 si se produjeran eventos de ruptura: crisis de deuda soberana mayor, pérdida acelerada de confianza en algunas divisas o conflictos prolongados que afecten a varias regiones a la vez.

En la plata, el mapa es aún más explosivo. Con un ratio oro/plata todavía por encima de 55-60 veces, claramente por encima de los promedios históricos que muchos analistas sitúan entre 40 y 50, el margen de revalorización relativa es considerable. Un escenario en el que el oro se dispare podría llevar a la plata a doblar o incluso triplicar sus precios actuales en un horizonte de pocos años.

La otra cara de la moneda es el riesgo: cualquier giro inesperado en los bancos centrales, una recesión más profunda o un cierre abrupto de posiciones apalancadas puede provocar correcciones de dos dígitos en muy poco tiempo. El diagnóstico es claro: potencial alto, pero con cinturón de seguridad obligatorio.

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