Bitcoin pierde los 70.000 dólares por primera vez desde 2024
La caída que muchos temían ya es un hecho: el bitcoin ha perforado este jueves el nivel de los 70.000 dólares, un suelo psicológico que no tocaba desde noviembre de 2024. La corrección supera ya el 25% en apenas un mes, después de un arranque de año en el que las ventas han ido ganando velocidad día a día. El desplome llega en un contexto de inflación todavía por encima del objetivo de la Fed, señales claras de debilitamiento del mercado laboral estadounidense y una creciente confrontación política en torno al futuro del banco central. A las 6:36 horas (ET), el bitcoin marcaba mínimos intradía en torno a los 69.800-69.900 dólares, mientras el ether retrocedía en torno a un 3%. La consecuencia es clara: el mercado de criptoactivos afronta su primera “crisis de fe” seria desde los máximos históricos de 2025, con los inversores cuestionando si el nuevo ciclo pro-cripto de Washington basta para sostener precios tan elevados.
Un nivel psicológico que salta por los aires
El umbral de 70.000 dólares se había convertido en los últimos meses en la gran línea roja de los alcistas. No sólo por su importancia psicológica, sino porque coincidía con varias zonas de soporte técnico construidas tras la explosiva subida de 2025. Este jueves, esa defensa ha saltado por los aires: el bitcoin llegó a marcar mínimos cercanos a 69.800 dólares, niveles no vistos desde noviembre de 2024, antes de recuperar levemente la cota.
La magnitud de la corrección gana peso cuando se compara con los máximos de octubre de 2025, cuando la criptomoneda llegó a superar los 125.000 dólares, impulsada por la euforia en torno a los ETF de contado y la narrativa del “activo refugio digital”. Desde entonces, el precio ha cedido en torno a un 45%, borrando decenas de miles de millones de dólares de capitalización y cuestionando el relato de “madurez” que se había instalado en el mercado.
Un gestor de activos digitales en Londres resume así el giro de guion: “Pasamos de celebrar que el bitcoin valía más que muchas grandes compañías del S&P 500 a darnos cuenta de que sigue siendo, ante todo, un activo altamente apalancado al ciclo de tipos y al apetito por riesgo”, admite.
Inflación persistente y enfriamiento del empleo en Estados Unidos
El contexto macroeconómico ayuda a explicar el brusco cambio de humor. La inflación en Estados Unidos cerró 2025 en torno al 2,7% interanual, por encima todavía del objetivo del 2% de la Reserva Federal, pese a la moderación respecto a los picos de 2022. Lo más incómodo para los bancos centrales es que esa inflación se combina ahora con señales claras de desaceleración del mercado laboral.
Los últimos datos apuntan a creaciones de empleo mensuales en el entorno de 50.000-60.000 puestos, muy por debajo de los ritmos de años anteriores, y una tasa de paro cercana al 4,5%-4,6%, su nivel más alto de los últimos cuatro años. El informe de empleo privado de enero (ADP) ha sido especialmente decepcionante, con apenas 22.000 nuevos puestos frente a los 48.000 esperados, reforzando la idea de que la economía pisa el freno.
Este cóctel –inflación que se resiste a volver al 2% y mercado laboral que se enfría– ha alimentado el temor a un escenario de “estanflación suave” que resultaría tóxico para activos de riesgo. En ese contexto, las criptomonedas se comportan cada vez menos como “oro digital” y cada vez más como tecnología de alto crecimiento cotizada, extremadamente sensible a cualquier señal de endurecimiento o retraso en los recortes de tipos.
Presiones políticas sobre la Reserva Federal
La llegada de Donald Trump de nuevo a la Casa Blanca ha añadido una capa adicional de incertidumbre. El presidente ha presionado abiertamente al banco central para acelerar los recortes y ha criticado en público a Jerome Powell, cuyo mandato expira en mayo de 2026 y cuyo relevo se ha convertido en uno de los nombramientos más sensibles para los mercados.
Sin embargo, la Fed ha optado por mantener los tipos en el rango de 3,5%-3,75% en su reunión de finales de enero, insistiendo en que cualquier movimiento dependerá de los datos y no del calendario político. Esta resistencia ha tensado el choque institucional entre la Casa Blanca y el banco central, con amenazas veladas sobre el futuro del propio Powell y un intenso debate sobre la independencia monetaria.
Para el mercado de criptoactivos, el mensaje que se descifra es contradictorio. Por un lado, un presidente abiertamente pro-cripto y que ha impulsado reservas estratégicas de bitcoin y legislación favorable alimenta la idea de apoyo de largo plazo al sector. Por otro, la posibilidad de una Fed percibida como politizada aumenta la prima de riesgo exigida por los inversores globales, presionando a la baja aquellos activos más volátiles y especulativos. El resultado inmediato, tal como muestran las pantallas, son ventas forzadas y liquidaciones de posiciones apalancadas.
Ethereum y el resto del mercado, arrastrados por la ola
El castigo no se limita al bitcoin. El ether, la segunda mayor criptomoneda por capitalización, retrocede en torno a un 3% diario, moviéndose en la zona de los 2.050-2.100 dólares, y acumula también caídas de doble dígito en el último mes. Otros proyectos emblemáticos del ecosistema –desde solana hasta las principales “memecoins”– amplifican el movimiento, con descensos que superan el 30% en pocas sesiones en algunos casos.
La correlación con la renta variable tecnológica se ha disparado. Las ventas en los grandes índices estadounidenses, lideradas por el ajuste en los valores más caros tras el rally de 2025, han ido acompañadas de caídas casi calcadas en los tokens más negociados. “El relato de descorrelación ha durado lo que ha tardado el mercado en volver a preocuparse por el crecimiento y los tipos; ahora las cripto son, a efectos prácticos, una extensión aún más volátil del Nasdaq”, apunta un operador de derivados en Fráncfort.
Lo más grave es que esta dinámica golpea de lleno a una base inversora cada vez más minorista y canalizada a través de productos cotizados, desde ETF en EEUU hasta ETP en Europa. Cuando el precio cruza niveles como los 70.000 dólares, se activan automáticamente órdenes de venta, margin calls y rebalanceos de cartera que aceleran el movimiento bajista, independientemente de los fundamentales del activo.
De los máximos de 125.000 dólares a la nueva “crisis de fe”
La velocidad con la que ha cambiado el sentimiento contrasta con la euforia de hace apenas cuatro meses. En octubre de 2025, el bitcoin marcó máximos históricos en torno a los 125.000 dólares, tras un año en el que llegó a superar los 2,5 billones de dólares de capitalización, rozando el valor de mercado de la plata.
Buena parte de esa subida estuvo alimentada por la irrupción de los ETF de bitcoin al contado, que en 2025 aportaron en conjunto más de 44.000 millones de dólares de demanda neta según estimaciones de casas como Kraken. La narrativa dominante entonces era la de la “institucionalización definitiva”: con grandes gestores de patrimonio, aseguradoras y fondos de pensiones entrando en el activo, la volatilidad –se decía– tendería a moderarse.
La caída actual ha demostrado lo contrario. “No estamos viendo una desintegración del ecosistema, pero sí una crisis de confianza en los niveles de precio alcanzados tras los máximos”, reconoce un analista de un banco de inversión europeo. El diagnóstico es inequívoco: la presencia institucional ha ampliado el mercado, pero no lo ha inmunizado frente a los ciclos de apalancamiento, liquidez y sentimiento que han caracterizado al bitcoin desde su nacimiento.

