Análisis de Gabriel Montalto

Bitcoin corrige hasta 72.000$ mientras la liquidez M2 se dispara

La ruptura de la histórica correlación entre la liquidez global y el precio de la criptomoneda obliga a replantear estrategias justo cuando algunos analistas siguen proyectando objetivos de hasta 200.000 dólares

Gráfico ilustrativo mostrando la divergencia entre la liquidez global M2 y el precio de Bitcoin según análisis de Gabriel Montalto<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Bitcoin corrige hasta 72.000$ mientras la liquidez M2 se dispara

Durante años, el relato fue casi perfecto: cuando la liquidez global M2 subía, Bitcoin subía. La línea verde del dinero en el sistema y la línea azul del precio del criptoactivo caminaban casi al unísono, ofreciendo a inversores y analistas una brújula cómoda en medio del ruido. Hoy, esa brújula ha dejado de apuntar al norte.
Mientras la liquidez global vuelve a expandirse con fuerza, Bitcoin ha corregido hasta la zona de los 72.000 dólares, abriendo una brecha técnica que incomoda tanto a defensores como a detractores del activo.
El analista financiero Gabriel Montalto ha puesto números y gráfica a esta desconexión: la M2 de las principales economías crece a ritmos cercanos al 7%-8% interanual, mientras la principal criptomoneda encadena semanas de presión vendedora.

La brújula M2 que guiaba a Bitcoin

Durante buena parte de la última década, la liquidez global M2 —efectivo, depósitos a la vista, cuentas de ahorro y otros instrumentos líquidos— se convirtió en el indicador fetiche de quienes intentaban encajar Bitcoin en el mapa macro. El razonamiento era sencillo: más dinero en el sistema implica más combustible potencial para activos de riesgo, desde la renta variable hasta los criptoactivos, pasando por la deuda high yield y el inmobiliario.

En los grandes ciclos, la correlación parecía darles la razón. Tras las políticas ultraexpansivas de 2020–2021, la M2 global se disparó y Bitcoin pasó de niveles en torno a 10.000-12.000 dólares a marcar máximos históricos. Cuando los bancos centrales endurecieron el tono, la liquidez se contrajo y la criptomoneda encadenó uno de sus peores inviernos, con caídas superiores al 70% desde máximos.

Ese patrón convirtió a la “línea verde” de M2 en una especie de timón para la trazada de la “línea azul” de Bitcoin. Para muchos gestores, bastaba comprobar si la liquidez subía o bajaba para justificar exposición, reducirla o incluso apalancarse. El movimiento actual, con M2 repuntando y Bitcoin corrigiendo, rompe ese automatismo y obliga a recordar una obviedad incómoda: la macro pesa, pero no lo explica todo.

Una divergencia que inquieta al mercado cripto

Según el análisis de Gabriel Montalto, la liquidez global ha retomado una senda claramente ascendente mientras Bitcoin ha retrocedido desde máximos por encima de 90.000 dólares hasta estabilizarse, de momento, en torno a los 72.000. Hablamos de una corrección cercana al 20%, en un entorno donde, teóricamente, las condiciones de liquidez deberían sostener precios más altos.

Esta divergencia no es un simple ruido de corto plazo. Los modelos que comparan ambas series históricas muestran que episodios de desacople tan marcados han sido muy raros en la última década, y cuando se han producido han durado pocas semanas antes de reanudarse la correlación. El hecho de que esta vez se prolongue más en el tiempo enciende las alarmas.

Para los maximalistas, el movimiento es poco más que un bache dentro de un ciclo alcista que sigue intacto. Para los escépticos, en cambio, la desconexión es la prueba de que Bitcoin ha dejado de ser un “puro play” de liquidez y se enfrenta a sus propios límites: saturación de narrativa, presencia de grandes manos institucionales con estrategias más complejas y un ecosistema regulatorio mucho más exigente. En medio, el inversor minorista asiste a un escenario nuevo: liquidez abundante que no se traduce automáticamente en nuevos máximos.

Posibles culpables: regulación, beneficios y cambio de narrativa

¿Qué puede explicar que, con la M2 creciendo, Bitcoin no acompañe? Las hipótesis se acumulan. La primera, casi obvia, es la toma de beneficios masiva tras un ciclo en el que el criptoactivo ha multiplicado su precio varias veces desde los mínimos del último mercado bajista. A medida que nuevos inversores institucionales han entrado vía ETF y vehículos regulados, también lo han hecho estrategias más disciplinadas de rebalanceo y gestión de riesgo.

La segunda variable es la presión regulatoria. En los últimos meses, varios supervisores —desde la SEC estadounidense hasta autoridades europeas y asiáticas— han endurecido el mensaje sobre la custodia de activos digitales, las exigencias de capital para intermediarios y el tratamiento fiscal de plusvalías. Esto reduce el atractivo de usar excedentes de liquidez para apostar de forma agresiva por cripto, sobre todo para inversores conservadores.

La tercera, más de fondo, es un posible cambio de narrativa. Durante años, Bitcoin fue vendido como “oro digital”, una cobertura frente a la inflación y la devaluación monetaria. Hoy, con la inflación moderándose en muchas economías y el oro físico en zona de récord, la tesis de refugio pierde algo de brillo. El diagnóstico es inequívoco: el mercado ya no compra cualquier historia, y exige que la expansión de liquidez se traduzca en flujos reales, no sólo en relatos.

¿Corrección sana o cambio estructural en Bitcoin?

La gran pregunta es si esta ruptura M2–Bitcoin es una simple fase de consolidación dentro de un ciclo alcista o el síntoma de un cambio estructural en la forma en que el mercado valora la criptomoneda. Montalto plantea ambos escenarios sobre la mesa.

En el primero, la divergencia sería una especie de “respiro” tras una subida demasiado rápida, con un mercado depurando excesos, liquidando posiciones apalancadas y redistribuyendo tokens desde manos débiles a inversores más pacientes. En ese contexto, la expansión de liquidez actuaría con retraso: primero se absorbe en otros activos —bolsa, crédito, inmobiliario— y sólo después vuelve a cripto cuando el miedo se disipa.

En el segundo escenario, más incómodo para los defensores del activo, Bitcoin estaría dejando de ser un termómetro directo de la liquidez global. Su volatilidad creciente, la aparición de alternativas dentro del ecosistema cripto (desde stablecoins remuneradas hasta tokens ligados a protocolos de financiación descentralizada) y la presencia de grandes actores con agendas propias podrían estar diluyendo el vínculo clásico con M2.

La consecuencia, en ambos casos, es la misma: ya no basta con mirar la “línea verde” para anticipar el comportamiento de la “línea azul”. Las decisiones de inversión en Bitcoin exigen, cada vez más, un análisis fino del propio ecosistema, y no sólo de la marea monetaria global.

Escenarios de Montalto: de los 72.000 a los 200.000 dólares

Pese a la divergencia actual, las proyecciones de parte del mercado siguen siendo agresivas. En su análisis, Montalto plantea que, si la liquidez global mantiene ritmos de crecimiento en torno al 8%-10% y no se produce un shock regulatorio de gran calado, Bitcoin podría aspirar a zonas de entre 150.000 y 200.000 dólares en el próximo gran tramo alcista.

Ese escenario optimista descansa en tres pilares: halvings sucesivos que reducen la nueva oferta, adopción institucional creciente —con fondos de pensiones, aseguradoras y grandes family offices asignando un pequeño porcentaje a cripto— y una demanda minorista que, aunque más madura, sigue dispuesta a entrar en momentos de euforia.

El escenario opuesto no es menor: si la desconexión se mantiene, si los bancos centrales se ven obligados a reabsorber liquidez ante una nueva oleada inflacionista o si llega una regulación especialmente restrictiva en mercados clave, la zona de 72.000 dólares podría no ser un suelo, sino el inicio de un rango lateral o correctivo más amplio. En ese caso, la promesa de los 200.000 se aplazaría —o diluiría— mucho más allá del horizonte temporal de muchos inversores actuales.

Riesgo, liquidez y la nueva hoja de ruta para los inversores

Lo que sí parece fuera de duda es que la ruptura M2–Bitcoin obliga a recalibrar los modelos de riesgo. Para quienes habían construido estrategias casi automáticas —“sube la liquidez, sube Bitcoin”—, el nuevo entorno exige incorporar más variables: métricas on-chain, estructura de derivados, volumen en exchanges, distribución por tramos de precio y, sobre todo, comportamiento de las grandes carteras (“whales”).

También cambia la gestión de la liquidez a nivel de cartera. Si Bitcoin ya no responde de manera lineal a los impulsos monetarios, usarlo como proxy de liquidez global se vuelve peligroso. Muchos gestores empiezan a tratarlo más como activo táctico —con ventanas de oportunidad claras pero acotadas— que como pilar estructural de asignación.

Para el pequeño inversor, el mensaje es doble. Por un lado, conviene rebajar el peso de predicciones grandilocuentes basadas únicamente en la M2 global. Por otro, se refuerza la idea de que la gestión del riesgo (stops, tamaño de posición, horizonte temporal) importa tanto o más que la tesis macro de fondo. La liquidez puede seguir subiendo y, aun así, no garantizar en absoluto nuevos máximos inmediatos.

Qué vigilar ahora: señales macro y cripto que sí importan

En este contexto, el gráfico que muestra la divergencia entre la “línea verde” de la liquidez M2 y la “línea azul” del precio de Bitcoin —ese que Montalto usa como pieza central de su análisis— se convierte en algo más que una curiosidad técnica: es un recordatorio visual de que los patrones históricos pueden romperse.

De cara a los próximos meses, los focos se reparten. En el lado macro, serán clave las decisiones de los bancos centrales sobre tipos y reducción de balances, así como cualquier señal de reactivación inflacionista que obligue a retirar liquidez más rápido de lo previsto. En el lado cripto, habrá que mirar de cerca la entrada neta de fondos en ETF, la actividad en redes, el comportamiento de los mineros y la evolución regulatoria en Estados Unidos, Europa y Asia.

La gran incógnita es si, con el tiempo, la brecha actual se cerrará con Bitcoin retomando el paso de la liquidez o si la M2 seguirá su camino mientras el criptoactivo se mueve con lógica propia. En el primer caso, la corrección actual podría verse, retrospectivamente, como una oportunidad. En el segundo, como la primera señal seria de que Bitcoin ha dejado de ser el espejo más inmediato de la liquidez global para convertirse en un activo con ciclo y reglas propios.

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