El S&P 500 se atasca a las puertas de los 7.000 puntos: ¿ruptura o engaño? Nasdaq cae, Dow Jones en verde

El índice estadounidense consolida tras marcar máximos históricos, con volatilidad en mínimos, rotación hacia sectores value y dudas sobre si el próximo movimiento será un rally o una corrección
Tecnología cc pexels-zeleboba-35147277
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El S&P 500 vive una pausa incómoda. Tras encadenar máximos históricos a finales de diciembre y enero, el índice de referencia de Wall Street cerró el martes en 6.917,81 puntos, apenas un 0,39% por encima del nivel de finales de octubre y a un suspiro de los 7.000 puntos que ya tocó intradía. Sobre el papel, la bolsa sigue en zona de récord. Pero bajo la superficie, la sensación es otra: volatilidad comprimida, movimientos erráticos y un mercado que no termina de decidir si el próximo paso será una ruptura al alza o un giro brusco a la baja.
El último informe de empleo privado de ADP —con sólo 22.000 puestos creados frente a los 48.000 esperados— añade más ruido a un contexto en el que las rentabilidades del Tesoro a 10 años rozan el 4,29%, el oro sube alrededor de un 2,5% y el bitcoin cede en torno a un 1,5%. Europa, mientras tanto, avanza con un Euro Stoxx 600 al alza cerca de un 0,4%.
La consecuencia es clara: el S&P 500 está en un punto de inflexión técnico y macro. Cualquier ruptura —por arriba o por abajo— puede desencadenar un movimiento rápido tras semanas de aparente letargo.

SP500 2026-02-04 at 20.15.57
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Un rally cansado tras 66 sesiones de vaivenes

El punto de partida de este “atasco” fue el 28 de octubre, cuando el S&P 500 cerró en 6.890,89 puntos, entonces máximo histórico. Desde ahí, el índice llegó a ceder algo más de un 5% hasta el mínimo de noviembre, antes de remontar con fuerza y marcar nuevos récords de cierre el 27 de diciembre y, ya en 2026, el 27 de enero, cuando alcanzó los 6.978,60 puntos. Un día después, tocó un máximo intradía en 7.002,28 puntos.

Sin embargo, la foto global de estos 66 días de negociación es menos espectacular: la subida acumulada desde finales de octubre es de apenas 0,39%, con un balance de idas y venidas que ha dejado a muchos gestores con la sensación de estar “trabajando para nada”. Las velas dibujan un mercado que lo intenta una y otra vez, pero se queda sin gasolina al borde de los 7.000 puntos.

Este hecho revela un rally maduro, sostenido por pocos nombres y con señales de fatiga en parte del universo de crecimiento, especialmente tecnología. El dinero no ha salido de la bolsa, pero se ha desplazado hacia otros sectores, dejando al índice general en una especie de meseta peligrosa.

Volatilidad comprimida: el resorte que se está cargando

La clave técnica que más miran los operadores es la contracción de la volatilidad histórica. El indicador de Bollinger Bandwidth diario, que mide la distancia relativa entre las bandas de Bollinger, se ha reducido a su nivel más bajo desde el 9 de septiembre. En aquella ocasión, desde ese punto de compresión el S&P 500 llegó a subir hasta un 3% en los siguientes diez días.

La lectura es sencilla pero inquietante: cuando el rango se estrecha tanto, el mercado está acumulando energía. La Bandwidth es “agnóstica”: no dice si el movimiento será alcista o bajista, sólo que será significativo. Con el índice pegado a máximos y un consenso todavía mayoritariamente optimista, una ruptura a la baja podría pillar a muchos inversores mal posicionados.

En paralelo, la volatilidad implícita se mantiene contenida, con un VIX aún por debajo de los niveles históricamente asociados a estrés, lo que sugiere una cierta complacencia. El contraste entre un mercado técnicamente tenso y un coste de protección relativamente barato resulta, como mínimo, llamativo.

Las referencias técnicas clave: 7.090 arriba, 6.790 abajo

Más allá de la psicología de los 7.000 puntos, los analistas técnicos señalan una serie de niveles que marcarán el próximo movimiento. Por arriba, el objetivo más directo es la zona de 7.090 puntos, donde pasa una Gann Line semanal que lleva actuando como techo dinámico desde finales de 2024. Sólo una ruptura clara y sostenida por encima de ese nivel confirmaría un breakout sólido y abriría la puerta a un tramo adicional alcista.

Por abajo, la primera línea de defensa es la media móvil de 50 sesiones, que contuvo la debilidad del martes y se sitúa ligeramente por encima de los 6.870 puntos. Más abajo, la media de 100 sesiones, en la zona de 6.790, coincide prácticamente con el mínimo intradía del 20 de enero (6.789,05). Desde mayo del año pasado, el S&P 500 sólo ha cerrado por debajo de esa media en una ocasión, y de forma muy puntual.

La consecuencia es clara: 6.790 se ha convertido en el suelo psicológico del rally. Un cierre nítido por debajo activaría las alertas de corrección más seria, mientras que mantener esa referencia permitiría seguir hablando de una consolidación sana dentro de una tendencia de fondo alcista.

Rotación silenciosa: energía, industria y consumo básico toman el relevo

Mientras el índice general duda, varios sectores viven su propia fiesta. Cuatro de los once grandes sectores del S&P 500 marcaron máximos históricos de cierre el martes: energía, industriales, materiales y consumo básico. Es decir, los segmentos más ligados a economía real, infraestructuras y defensivos de manual.

El repunte del petróleo —impulsado por las tensiones con Irán y por un acuerdo comercial entre Estados Unidos e India que mejora las perspectivas de demanda— ha dado aire a las petroleras y a todo el complejo energético, que acumula subidas superiores al 1,8% en la sesión y avances de doble dígito en lo que va de año.

Al mismo tiempo, los valores industriales se benefician de la expectativa de inversión en infraestructura y reindustrialización, mientras que materiales y consumo básico atraen a los inversores que prefieren refugiarse en negocios con demanda relativamente estable. El diagnóstico es inequívoco: la bolsa sigue apostando por el ciclo, pero ya no sólo a través de las tecnológicas.

Empleo flojo, bonos al alza y oro en modo refugio

En el plano macro, la sesión ha venido marcada por un nuevo dato de ADP por debajo de expectativas: 22.000 nuevos empleos privados en enero frente a los 48.000 previstos. Aunque la cifra no es desastrosa, confirma la desaceleración en la creación de empleo que lleva meses detectándose. La revisión a la baja de diciembre añade una capa extra de prudencia.

Los bonos del Tesoro han recogido la noticia con un pequeño repunte de rentabilidades: el 10 años se mueve en torno al 4,29%, reflejo de un mercado que descuenta menos recortes de tipos de los que se esperaban hace sólo unos meses. El coste de financiación sigue siendo elevado para empresas y hogares, y esa realidad pesa especialmente sobre sectores como el inmobiliario y el consumo discrecional.

En paralelo, el oro sube alrededor de un 2,5%, consolidando su regreso por encima de los 5.000 dólares por onza tras el susto de los últimos días. Bitcoin, por el contrario, cede en torno al 1,5%, reforzando la idea de que, al menos por ahora, el refugio clásico vuelve a ganar la partida al “oro digital”.

Valor frente a crecimiento: el récord del índice ‘value’

Uno de los datos más significativos, aunque haya pasado casi desapercibido, es el nuevo máximo histórico del S&P 500 Value Index (SVX). El índice que agrupa a compañías consideradas “value” —con múltiplos más bajos y negocios más maduros— ha subido nueve meses consecutivos, la racha mensual más larga desde que hay registros (1995).

La rotación es profunda: mientras muchas tecnológicas de alto crecimiento sufren por el miedo a la disrupción de la IA y por tipos aún elevados, banca, energía, industriales y consumo estable capturan el interés de un inversor que busca flujo de caja real, dividendos y visibilidad de beneficios. En otras palabras, lo que empezó como un rally “Magnificent Seven” se ha ido transformando en un mercado mucho más equilibrado… y algo más escéptico con las promesas de crecimiento infinito.

Si esta tendencia se mantiene, un breakout del S&P 500 hacia nuevos máximos podría estar liderado por sectores muy distintos a los que protagonizaron el tramo alcista anterior. Y eso cambiaría también la forma en que se reparte el riesgo dentro de las carteras.

Qué miran ahora los gestores: amplitud, beneficios y la Fed

Con un índice atrapado entre soportes y resistencias, los gestores de renta variable ponen el foco en tres grandes variables. La primera, la amplitud del mercado: cuántos valores acompañan al índice en sus movimientos. Un breakout sano debería venir acompañado de nuevos máximos en un alto porcentaje de componentes, no sólo en un puñado de gigantes.

La segunda, la temporada de resultados. La reacción a las cuentas de empresas como Eli Lilly, Uber, Alphabet o Qualcomm será clave para validar —o corregir— las expectativas de crecimiento de beneficios para 2026, actualmente en el entorno del 10%-11% para el conjunto del S&P 500. Si las guías se revisan a la baja, el margen para seguir pagando múltiplos exigentes se reduce.

La tercera, la Reserva Federal. Cualquier comentario que sugiera menos recortes de tipos, una reducción más agresiva del balance o una preocupación renovada por la inflación puede actuar como catalizador de una ruptura a la baja. Por el contrario, un tono más dovish, combinado con datos de precios contenidos, podría ser el combustible que le falta al índice para superar definitivamente los 7.000 puntos.

Nasdaq 2026-02-04 at 20.14.00
Nasdaq 2026-02-04 at 20.14.00

Ruptura alcista, corrección o falso amago: los tres escenarios

A corto plazo, el S&P 500 se enfrenta a tres caminos posibles. El primero es el del breakout limpio: el índice rompe los máximos de enero, supera la Gann Line de los 7.090 puntos y se adentra en una nueva fase alcista, probablemente liderada por energía, financieras y parte de la tecnología vinculada a la IA más rentable.

El segundo escenario es el del falso amago: breve incursión por encima de máximos, seguida de una corrección rápida que lleve al índice de vuelta a la zona de 6.800-6.900 puntos, con la volatilidad disparándose y las tecnológicas corrigiendo aún más.

El tercero, y quizá el que más temen los gestores, es el de una ruptura clara a la baja: pérdida de la media de 50 días, test de la de 100 días en 6.790 y posibles cierres por debajo, lo que abriría la puerta a una corrección más profunda tras un año y medio de rally casi ininterrumpido.

Lo único cierto, a día de hoy, es que el mercado ha dejado de moverse en piloto automático. El S&P 500 sigue en máximos, pero el margen de error se ha estrechado. Y en un entorno de volatilidad comprimida, cuando llegue el movimiento, difícilmente será silencioso.

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