El dinero cripto entra en la banca: MrBeast compra Step y Goldman se posiciona
Un youtuber con 466 millones de suscriptores compra una app bancaria para adolescentes. Un fondo “treasury” aprovecha un desplome y suma 40.613 ETH. Ripple refuerza su custodia para bancos. Y Goldman Sachs admite en papeles una exposición cripto superior a 2.360 millones. Son piezas distintas de la misma partida: 2026 está convirtiendo el Web3 en un asunto de banca, compliance y distribución.
La consecuencia es clara: el poder ya no se mide solo en tokens, sino en quién controla la puerta de entrada —usuarios jóvenes, balance corporativo, licencias y canales institucionales—. Y, en ese reparto, la volatilidad es el peaje.
El salto del creador
La operación es tan simbólica como delicada: Beast Industries (MrBeast) adquiere Step, una app de banca móvil diseñada para adolescentes y jóvenes. Step, fundada en 2018, presume de 6,5 millones de usuarios y de haber captado cerca de 500 millones de dólares de financiación con un “cap table” de celebridades que va de Steph Curry a Charli D’Amelio. El precio, por ahora, es confidencial.
El detalle que convierte esto en un asunto regulatorio —no solo mediático— es el canal de confianza: Step ofrece cuentas con cobertura FDIC a través de un banco socio (Evolve Bank & Trust), lo que a ojos del usuario final se traduce en “esto es banca de verdad”. Y ahí entra el riesgo sistémico del fenómeno: una máquina de distribución de contenido masivo conectada a una plataforma financiera para adolescentes.
Beast ya había dejado migas: una marca registrada tipo “MrBeast Financial” y un entorno cada vez más amigable a productos híbridos entre rewards, pagos y cripto. La pregunta no es si integrará tokens mañana; la pregunta es si puede monetizar el hábito financiero de una generación entera sin disparar alarmas de protección al consumidor. El contraste con la banca tradicional resulta demoledor: el banco compite por captación; el creador compite por atención… y la atención es un activo más caro.
BitMine convierte Ether en un balance: comprar en rojo como estrategia
La otra cara del “mainstream” cripto no está en el marketing, sino en el balance. BitMine Immersion Technologies anunció compras de 40.613 ETH durante la corrección de la semana pasada, elevando sus tenencias totales a 4,326 millones de ETH, valorados en torno a 8.800 millones de dólares en los precios de referencia citados por el propio mercado. Eso equivale a aproximadamente el 3,58% del suministro total de Ethereum, un tamaño que roza lo “macro” dentro de un activo global.
El problema es el que nadie quiere ver: cuando una compañía se diseña para “replicar” el precio de ETH, también replica sus drawdowns. La firma sostiene parte del relato con staking —cerca de 2,87 millones de ETH en staking, con un valor de referencia de 6.200 millones— y con ingresos de centros de datos refrigerados por inmersión. Pero el mercado castiga la narrativa si el equity se vuelve un derivado mal cubierto: su cotización ha sufrido caídas severas en los últimos meses, en paralelo a la volatilidad del activo subyacente.
Aquí está el punto crítico: esto se parece cada vez más al “modelo MicroStrategy”, pero con Ether. Cuando el token baja, el balance se estrecha; cuando sube, el mercado aplaude. Es un juego de convexidad que funciona… hasta que deja de funcionar. Y el día que la liquidez se seque, el “treasury play” puede transformarse en un problema de financiación.
Ripple se convierte en el proveedor invisible de los bancos
Mientras unos compran usuarios y otros compran ETH, Ripple está comprando algo menos sexy y más rentable: infraestructura. La compañía ha reforzado su plataforma de custodia institucional con integraciones de Securosys (módulos de seguridad hardware, HSM) y Figment (staking), una combinación diseñada para que bancos y custodios puedan ofrecer servicios cripto sin construir toda la fontanería: gestión de claves, validadores, flujos de cumplimiento.
Lo relevante no es el comunicado, sino el subtexto: las entidades reguladas no quieren “cripto”; quieren custodia, control, auditoría y rendimiento (staking) en un paquete que no ponga al regulador en pie de guerra. Por eso las integraciones importan: acercan el producto a un estándar de procurement corporativo, con capas de seguridad y compliance “by design”.
Ripple, además, está construyendo su narrativa más allá de pagos: custodia, tesorería, servicios post-trade. Es el “picks and shovels” de una fiebre del oro donde la ganancia no está necesariamente en adivinar el próximo token, sino en cobrar por custodiarlo y moverlo. Y ahí la ventaja competitiva es clara: cuando entra la banca, gana el que ya está listo para la banca.
Goldman reconoce 2.360 millones: la institucionalización en papel
El paso que más ruido hace en el mercado tradicional suele ser el más silencioso: un formulario. Goldman Sachs reveló en su 13F del cuarto trimestre de 2025 una exposición cripto superior a 2.360 millones de dólares, con un desglose que el mercado interpreta como “cripto por la puerta regulada”: aproximadamente 1.100 millones en Bitcoin, 1.000 millones en Ethereum, 153 millones en XRP y 108 millones en Solana, equivalente a alrededor del 0,33% de su cartera reportada.
El matiz es crucial para no confundir señal con propaganda: buena parte de estas exposiciones suelen articularse vía ETFs y vehículos negociados, lo que reduce complejidad de custodia directa y encaja con controles internos. En el caso de XRP, varias lecturas apuntan específicamente a exposición a través de ETFs, justo cuando el mercado presume de un ecosistema de productos al contado con activos netos que rondan 1.040 millones.
El diagnóstico podría ser: el gran banco no está diciendo “creo en el token”, está diciendo “hay demanda y hay un marco operativo para atenderla”. Y eso cambia el terreno de juego. Porque cuando el riesgo se empaqueta en productos regulados, el capital institucional ya no necesita fe: necesita proceso.
Del dirham tokenizado a RLUSD: el Golfo acelera con Ripple y Zand
Si Europa discute y EE UU regula, el Golfo ejecuta. Ripple amplió su relación con Zand, un banco digital de Emiratos, para desarrollar infraestructura de activos digitales en torno a dos stablecoins: AEDZ (dirham emiratí) y RLUSD (dólar), con la idea de explorar liquidez directa entre ambas y evaluar la emisión de AEDZ sobre el XRP Ledger bajo un marco regulado.
Este movimiento tiene lectura geoeconómica: las stablecoins locales reducen fricción en pagos, mejoran tesorería corporativa y permiten “puentes” entre divisas sin depender exclusivamente de corresponsalía bancaria tradicional. Además, el hecho de que el banco sea “AI-powered” no es un adorno: la automatización de compliance y monitoreo es una condición necesaria para escalar pagos tokenizados sin abrir agujeros de riesgo operacional.
Mientras tanto, el mercado recuerda que la infraestructura no siempre se traduce en precio: XRP cotiza en torno a 1,40 dólares, con caídas aproximadas del 26% en dos semanas y del 33% en un mes, muy por debajo de sus máximos históricos. La paradoja es habitual: el activo puede sufrir mientras la red construye casos de uso. Y, a medio plazo, lo que decida el partido será si las stablecoins se convierten en rails de pagos… o en productos encajonados por regulación.
Vitalik y el “wallet con piloto automático”: IA, privacidad y agentes onchain
La última capa es la más ambiciosa: la interacción entre Ethereum e inteligencia artificial. Vitalik Buterin ha delineado una visión en cuatro frentes que, leída con frialdad, es un plan para trasladar parte del trabajo humano —verificar, filtrar, coordinar— a agentes que operen sobre cadenas públicas. Habla de interacciones privadas con IA (modelos locales, pruebas criptográficas), de verificación de outputs, de agentes autónomos que gestionen acciones onchain y de una economía “bot-to-bot” donde depósitos y pagos programables faciliten coordinación sin intermediarios.
“The goal here is to enable AIs to interact economically, which makes viable more decentralized AI architectures…”
La tesis; es respuesta a un problema actual: fraude, complejidad de contratos, gobernanza saturada y usuarios incapaces de evaluar riesgos. Si una IA puede auditar, advertir y ejecutar con reglas, el usuario deja de “aprender DeFi” y pasa a “delegar DeFi”. Sin embargo, el riesgo se desplaza: si el agente se equivoca, el daño es instantáneo y irreversible.
Two years ago, I wrote this post on the possible areas that I see for ethereum + AI intersections: https://t.co/ds9mLnrJWm
— vitalik.eth (@VitalikButerin) February 9, 2026
This is a topic that many people are excited about, but where I always worry that we think about the two from completely separate philosophical… pic.twitter.com/pQq5kazT61