Gallant avisa: se alinean las condiciones para atacar a Irán
La retórica sobre un posible ataque contra Irán ha dado un salto cualitativo. El exministro de Defensa israelí Yoav Gallant afirmó este martes que las “condiciones para lanzar golpes” contra Teherán “se están juntando”, y subrayó que no se trata solo de una cuestión política, sino también operativa. Casi al mismo tiempo, el vicepresidente estadounidense JD Vance advertía de que el presidente Donald Trump tiene “muchas opciones” sobre la mesa respecto a Irán, desde la diplomacia hasta “otros medios”, con todas las cartas abiertas. Sobre ese telón de fondo, Washington y Teherán celebraban una nueva ronda de conversaciones nucleares en Ginebra, que las autoridades iraníes calificaban de “progresos”. Mientras tanto, Estados Unidos trasladaba más cazas a Oriente Medio e Irán realizaba maniobras con fuego real en el Estrecho de Ormuz. Los grandes índices de Wall Street cerraban prácticamente planos, pero esa aparente calma choca con un diagnóstico cada vez más nítido: el riesgo de una escalada militar ya no es solo retórico, sino logístico.
Un aviso desde Israel que va más allá de la retórica
Las palabras de Gallant no son un exabrupto aislado. Que un exministro de Defensa israelí hable de condiciones “que se están juntando” para golpear a Irán envía una señal clara tanto hacia fuera como hacia dentro. En clave interna, alimenta la percepción de que el estamento militar considera que, llegado el momento, Israel dispone ya de las capacidades operativas y de inteligencia necesarias para una acción dirigida contra infraestructuras críticas iraníes, previsiblemente vinculadas al programa nuclear o a sus capacidades de misiles.
En clave externa, el mensaje funciona como aviso preventivo: Teherán, pero también sus aliados y rivales, escuchan que la ventana que separa la disuasión de la acción podría estrecharse. Cuando Gallant subraya que no es solo un debate político sino “operativo”, está sugiriendo que se han completado piezas clave: recopilación de objetivos, coordinación con aliados, despliegue de medios aéreos y navales, y planes de contingencia para responder a represalias. Este hecho revela hasta qué punto el lenguaje de “todas las opciones sobre la mesa” ha pasado de la abstracción al planeamiento concreto.
Lo más grave es que declaraciones de este tipo, incluso si persiguen reforzar la disuasión, elevan el riesgo de malentendidos. En un entorno saturado de mensajes, cada palabra de un exresponsable de Defensa se descifra como posible anticipo de una línea de acción real.
Ginebra negocia mientras los cazas despegan
La paradoja del momento es evidente: mientras en Ginebra diplomáticos de Estados Unidos e Irán discuten sobre límites de enriquecimiento y mecanismos de verificación, sobre el terreno ambos refuerzan sus posiciones. Teherán asegura que se ha logrado un “buen progreso” y que podría haber nuevas rondas de diálogo “en un futuro cercano”. La formulación, deliberadamente ambigua, sugiere avances técnicos pero sin compromisos públicos vinculantes.
En paralelo, Washington ha decidido trasladar nuevos cazas a Oriente Medio, en continuidad con el refuerzo previo de la presencia aérea: más de una decena de F-22 furtivos y una treintena de F-16 ya habían sido desplazados desde bases en Estados Unidos y Europa en los últimos días, según datos de tráfico aéreo militar. Irán ha respondido con ejercicios de fuego real en el Estrecho de Ormuz, incluyendo el lanzamiento de misiles en maniobras que simulan escenarios de cierre o interdicción del paso marítimo.
El resultado es un doble carril difícil de sostener: diplomacia en Suiza, demostraciones de fuerza en el Golfo. La consecuencia es clara: cada avance técnico en la mesa de negociaciones convive con movimientos tácticos que, por sí solos, podrían desencadenar una crisis si se produce un error de cálculo, un radar mal interpretado o un incidente entre buques y aeronaves.
Trump y Vance: la Casa Blanca enseña la zanahoria y el palo
Las declaraciones de JD Vance completan el cuadro. En una entrevista con Fox News, el vicepresidente subrayó que Trump tiene “muchas opciones” sobre Irán y que el objetivo es alcanzar una solución “ya sea por la vía diplomática u otros medios”. Al mismo tiempo, insistió en que los negociadores iraníes aún no están dispuestos a reconocer algunas de las “líneas rojas” fijadas por la Casa Blanca, aunque describió las conversaciones de Ginebra como “buenas”.
El mensaje está cuidadosamente calibrado: se reconoce un cierto avance para no dinamitar las conversaciones, pero se insiste en que todas las opciones, incluyendo la militar, siguen encima de la mesa. Este tipo de formulación busca presionar a Teherán para que haga concesiones sin que el liderazgo iraní pueda presentarlas internamente como capitulaciones impuestas por la fuerza.
Sin embargo, la combinación del aviso de Gallant y el lenguaje de Vance introduce un matiz inquietante. Cuando un socio clave como Israel habla abiertamente de condiciones “que se están alineando” para atacar, y la Casa Blanca repite que no descarta otros medios que no sean la diplomacia, la frontera entre presión calculada y escalada no deseada se hace más difusa. En Teherán, donde los halcones desconfían de cualquier acercamiento, estas palabras pueden reforzar la narrativa de asedio y justificar respuestas más agresivas.
Ormuz: el cuello de botella que sostiene el pulso
El escenario elegido por Irán para sus maniobras no es casual. El Estrecho de Ormuz es uno de los cuellos de botella más sensibles del sistema energético mundial: por sus aguas transita en torno a un 20% del petróleo que se transporta por mar. Cada ejercicio con fuego real, cada disparo de misil, cada simulacro de bloqueo se traduce automáticamente en un incremento de la prima de riesgo geopolítico.
En las últimas horas, Teherán ha llevado a cabo ejercicios con lanzamiento de misiles y despliegue de unidades navales y aéreas, en un mensaje directo a Washington y a sus aliados del Golfo: si las sanciones se endurecen o las negociaciones encallan, Irán puede poner en jaque el flujo de hidrocarburos hacia Europa y Asia. La historia reciente está llena de episodios en los que drones derribados, petroleros incautados o sabotajes localizados han bastado para disparar el precio del crudo en cuestión de días.
Este hecho revela por qué las maniobras en Ormuz preocupan no solo a diplomáticos y militares, sino también a bancos centrales y ministerios de economía. Una interrupción parcial del tráfico, incluso de pocos días, podría empujar el precio del barril por encima de los 80 dólares, erosionar la desinflación lograda a duras penas y obligar a replantear las hojas de ruta de recortes de tipos en Estados Unidos y la eurozona. El pulso ya no es solo militar o nuclear: es, ante todo, económico.
Mercados en calma aparente, riesgo en aumento
Pese a la dureza de los mensajes cruzados, la reacción inmediata de los mercados estadounidenses ha sido, por ahora, contenida. Los principales índices cerraron prácticamente planos el martes: el Dow Jones y el S&P 500 se quedaron sin cambios de relieve y el Nasdaq 100 retrocedió en torno a un 0,13%. El euro, por su parte, se mantuvo casi sin variaciones frente al dólar, en torno a 1,185 dólares.
La lectura es ambivalente. Por un lado, refleja que los inversores consideran todavía un escenario central de negociación prolongada sin ruptura abrupta, lo que limita el impacto inicial en los precios de los activos. Por otro, sugiere una cierta complacencia: el mercado descuenta que el habitual patrón de “retórica dura + diplomacia de última hora” se repetirá, y que cualquier episodio de tensión severa será contenido antes de afectar de forma duradera al suministro energético.
En segundo plano, pero no menos relevante, continúan las operaciones corporativas que reconfiguran sectores enteros. Paramount Skydance Corporation ha confirmado que seguirá adelante con su oferta para adquirir Warner Bros. Discovery, pese a que el consejo de esta última ha recomendado a sus accionistas aceptar la propuesta de Netflix. La batalla por WBD ilustra cómo, incluso con la geopolítica al rojo vivo, la consolidación empresarial en sectores como el ‘streaming’ sigue siendo un factor clave para entender el comportamiento de muchas cotizadas.
El riesgo de una escalada por error de cálculo
Más allá de los titulares, el peligro inmediato no es tanto un ataque anunciado como una escalada por accidente. La presencia creciente de cazas estadounidenses, barcos de guerra, baterías antiaéreas y milicias aliadas de Irán en una misma zona aumenta exponencialmente la probabilidad de incidentes: un dron derribado, un misil que se desvía, una colisión en maniobras nocturnas.
En este tipo de entornos, la cadena de mando y control se somete a una tensión extrema. Un comandante local puede interpretar un movimiento rutinario como señal hostil y responder de forma desproporcionada. A partir de ahí, los dirigentes políticos se encuentran ante el dilema de respaldar a sus fuerzas –y escalar– o asumir el coste interno de una desescalada rápida. La experiencia de las últimas décadas en la región demuestra que, una vez se cruza el umbral de la violencia directa, volver al terreno de la negociación exige un capital político mucho mayor.
Este hecho revela por qué las palabras de Gallant, el despliegue de medios estadounidenses y las maniobras iraníes son algo más que “ruido” para consumo interno. Con cada día que pasa en este equilibrio inestable, aumenta la probabilidad estadística de un incidente que obligue a elegir entre respuesta militar o contención costosa.
Por ahora, los mensajes oficiales sostienen la narrativa de la diplomacia. Pero el hecho de que un exministro de Defensa hable ya en términos de condiciones “operativas” para un ataque, y que la Casa Blanca insista en que “todas las opciones siguen sobre la mesa”, demuestra que el margen para el error se estrecha. La cuestión, para los próximos meses, no es solo si habrá o no ataque, sino cuánto tiempo puede sostenerse este equilibrio inestable sin que un gesto de más rompa la baraja.