Rubio y Orbán se encuentran en Budapest previo al acuerdo nuclear entre EE.UU. y Hungría

El secretario de Estado de EE.UU. alaba la “edad de oro” en las relaciones bilaterales durante una visita a Budapest en plena campaña húngara
Rubio respalda plan de gas de Trinidad pero advierte sobre Maduro

EPA/WILL OLIVER
Rubio respalda plan de gas de Trinidad pero advierte sobre Maduro EPA/WILL OLIVER

La campaña electoral en Hungría ha recibido un impulso poco habitual: el del jefe de la diplomacia estadounidense.
El secretario de Estado, Marco Rubio, expresó abiertamente su apoyo a que el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, logre un quinto mandato consecutivo en las elecciones del próximo 12 de abril, destacando la estrecha relación personal entre el líder magiar y el presidente estadounidense, Donald Trump.
El respaldo se produjo durante una visita oficial a Budapest, en la que ambos gobiernos firmaron un acuerdo de cooperación nuclear civil que contempla la posible compra de reactores modulares pequeños (SMR) y combustible nuclear de origen estadounidense.
Rubio describió las relaciones entre Estados Unidos y Hungría como una “edad de oro” bajo el actual ciclo político en Washington y subrayó que el futuro de esa relación está ligado al resultado de los comicios húngaros.
El gesto sitúa a Hungría en el centro de la política exterior estadounidense en Europa Central, en un momento marcado por la guerra en Ucrania, las sanciones energéticas a Rusia y el debate interno en la Unión Europea sobre el Estado de derecho.

Un apoyo explícito antes del 12 de abril

Durante una rueda de prensa conjunta en Budapest, Rubio afirmó que las relaciones entre Estados Unidos y Hungría van “más allá de la mera cooperación diplomática” y destacaron que atraviesan una etapa que ambos describen como una “edad de oro”.

El secretario de Estado subrayó de manera inusual el vínculo personal entre Trump y Orbán: “El primer ministro y el presidente tienen una relación personal y de trabajo muy cercana, y creo que ha sido beneficiosa para nuestros dos países”. Dirigiéndose directamente a Orbán, añadió que el mandatario estadounidense está “profundamente comprometido” con su éxito político.

Orbán, en el poder desde 2010, afronta lo que se perfila como el reto electoral más complejo de sus últimos 16 años como figura dominante de la política húngara. En este contexto, el apoyo explícito de la principal potencia aliada en el seno de la OTAN supone un factor adicional en una campaña ya polarizada.

Aunque el tono de la comparecencia fue de sintonía política, la dimensión del gesto es esencialmente electoral: un jefe de la diplomacia estadounidense respaldando públicamente, desde la capital del país, la continuidad de un dirigente concreto antes de unos comicios con fecha y contendientes definidos.

Una relación que ambos describen como “edad de oro”

Rubio enmarcó su visita en una narrativa de acercamiento estratégico entre Washington y Budapest. Según el secretario de Estado, las relaciones bilaterales se han consolidado en los últimos años hasta alcanzar un nivel de cooperación “tan estrecho como pueda imaginarse”, tanto en el terreno político como en el económico y de seguridad.

Orbán, por su parte, calificó el momento actual como el inicio de una “nueva edad de oro” en los vínculos con Estados Unidos y aseguró que, en sus tres décadas de vida pública, no recuerda un periodo en el que la relación haya sido “tan alta, equilibrada y amistosa”.

El discurso de ambos dirigentes subraya una idea central: la apuesta por una cooperación sustentada en afinidades políticas y personales, en contraste con etapas anteriores marcadas por tensiones entre Budapest y distintas administraciones estadounidenses.

En términos prácticos, esta “edad de oro” se traduce en acuerdos energéticos, diálogo regular al máximo nivel y un alineamiento en determinadas cuestiones de política migratoria y de seguridad, aunque persisten diferencias con otros socios europeos de Washington sobre la guerra en Ucrania y la política hacia Rusia.

Cooperación nuclear y energía en el centro de la agenda

El eje más tangible de la visita fue la firma de un acuerdo de cooperación nuclear civil entre Estados Unidos y Hungría. El documento incluye la posibilidad de que Budapest adquiera reactores modulares pequeños (SMR) de fabricación estadounidense, así como combustible nuclear y tecnología de almacenamiento de combustible gastado.

Este tipo de reactores, de menor tamaño que las centrales convencionales y diseñados para ser más flexibles y, en teoría, más seguros, se han convertido en un elemento clave de la estrategia energética de varios países que buscan reducir emisiones sin renunciar a la generación firme de electricidad. Para Washington, abrir mercado en Europa Central en este segmento tiene una dimensión tanto comercial como geopolítica.

En paralelo, Rubio insistió en el papel de Hungría como socio en materia energética, en un momento en que el país mantiene una elevada dependencia del gas y del petróleo rusos. El acuerdo nuclear se presenta así como una vía adicional para diversificar el mix energético húngaro en los próximos años, complementando los regímenes de importación vigentes.

El refuerzo de la cooperación en este terreno encaja en la estrategia más amplia de Estados Unidos de ofrecer alternativas tecnológicas y de suministro a sus aliados europeos frente a Rusia y otros competidores, aunque en el caso húngaro esa transición se prevé gradual.

Hungría, Rusia y la guerra de Ucrania

La visita del secretario de Estado se produce mientras Hungría mantiene una posición singular dentro de la Unión Europea respecto a la guerra en Ucrania. Orbán ha sido uno de los dirigentes europeos más reticentes a aprobar nuevos paquetes de sanciones contra Moscú y ha defendido la necesidad de mantener abiertos los canales de diálogo con el Kremlin.

El primer ministro ha reiterado su compromiso de seguir comprando energía rusa, pese a los esfuerzos de la UE por reducir esa dependencia, y obtuvo una exención de las sanciones estadounidenses a los hidrocarburos rusos tras una reunión con Trump en la Casa Blanca el pasado noviembre.

Preguntado por la duración de esa exención, Rubio no ofreció detalles y se limitó a señalar que la cuestión se evaluará en el marco de los objetivos conjuntos de seguridad energética y de las decisiones que adopte la Unión Europea, que se ha marcado el final de 2027 como horizonte para eliminar por completo los combustibles fósiles rusos.

Durante su encuentro con Rubio, Orbán se declaró dispuesto a acoger en Budapest cualquier futura cumbre de paz trilateral entre Estados Unidos, Rusia y Ucrania, y reiteró su invitación abierta a Trump para que visite Hungría antes de las elecciones de abril.

Trump y Orbán
Trump y Orbán

Cálculos electorales en Budapest

En el plano interno, el respaldo de Rubio llega en un momento en el que Orbán afronta una contienda electoral más disputada de lo habitual. Los sondeos indican que su partido se enfrenta a una oposición reforzada y, en algunas encuestas, por detrás de nuevas formaciones conservadoras críticas con el Gobierno.

El primer ministro ha apostado por intensificar su perfil internacional y su cercanía a Trump, convencido de que esa relación puede traducirse en apoyo económico, garantías de seguridad y un mensaje de estabilidad hacia votantes preocupados por la coyuntura económica. La referencia de Rubio a la disposición de Washington a ayudar a Hungría en caso de dificultades financieras se inscribe en ese marco.

Orbán sostuvo además que Ucrania y su presidente, Volodímir Zelenski, tratan de interferir en las elecciones húngaras al criticar públicamente la negativa de Budapest a suministrar armas o ayuda financiera a Kyiv y su disposición a bloquear la futura adhesión ucraniana a la UE.

Desde una perspectiva comparada, la implicación explícita de un alto cargo estadounidense en una campaña europea no es habitual y ha suscitado comentarios tanto en el ámbito diplomático como en el debate interno húngaro, aunque por ahora no se ha traducido en reacciones formales por parte de las instituciones comunitarias.

La proyección internacional del modelo Orbán

Hungría se ha convertido en los últimos años en un referente para una parte del movimiento conservador internacional, especialmente en el entorno del lema MAGA (Make America Great Again) asociado a Trump. Orbán ha adaptado esa consigna a su contexto y habla de la necesidad de “Make Europe Great Again”, presentando su proyecto como un ejemplo de nacionalismo conservador exitoso.

Entre las políticas más citadas por sus partidarios figuran el control estricto de la inmigración —simbolizado por la valla levantada en la frontera sur en 2015, en plena crisis de refugiados— y un enfoque restrictivo en materia de derechos LGTBIQ+. El Gobierno húngaro ha vetado en los últimos años celebraciones como el Budapest Pride y ha endurecido las normas sobre adopción y reconocimiento legal de las personas trans.

Budapest acoge con regularidad ediciones europeas de la Conservative Political Action Conference (CPAC), foro de referencia para el conservadurismo estadounidense, y la cita de este año se ha reprogramado para celebrarse en marzo, pocas semanas antes de las elecciones, en un calendario que refuerza la visibilidad internacional del Ejecutivo húngaro.

Para el Gobierno de Orbán, el respaldo público de Rubio y la presencia recurrente de figuras del entorno de Trump en eventos en Hungría se integran en una estrategia más amplia: proyectar una imagen de país alineado con un sector relevante de la política estadounidense, en contraste con las tensiones frecuentes con otras capitales europeas.

Implicaciones para la relación con la Unión Europea

El apoyo explícito de un alto cargo estadounidense a la continuidad de Orbán se produce en un momento de relaciones complejas entre Hungría y la Unión Europea. Bruselas ha expresado reiteradamente su preocupación por la situación del Estado de derecho en el país y ha condicionado parte de los fondos comunitarios a la adopción de reformas institucionales.

Aunque la visita de Rubio se ha centrado en la dimensión bilateral y en la cooperación energética, algunos analistas consideran que refuerza la posición de Budapest en su pulso con las instituciones comunitarias y con otros Estados miembros, al exhibir el respaldo de Washington a un socio que mantiene una postura diferenciada sobre Ucrania, Rusia y determinadas políticas sociales.

Desde la óptica estadounidense, la apuesta por Hungría y Eslovaquia —ambos gobiernos con posiciones escépticas respecto a nuevas ayudas a Kyiv— encaja en una estrategia de diversificación de alianzas en Europa Central, en paralelo a una relación más matizada con algunos socios de Europa Occidental.

A la espera de las elecciones del 12 de abril, la visita de Rubio deja una fotografía clara: un primer ministro que busca revalidar su mandato con el aval explícito de la Casa Blanca, en un escenario donde la política doméstica, la energía y la seguridad europea se entrecruzan de forma cada vez más visible.

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