Japón acude a las urnas en pleno invierno

Takaichi se juega el poder en elecciones relámpago de 465 escaños

Más de 1.280 candidatos compiten hoy por los 465 escaños de la poderosa Cámara de Representantes en unas elecciones anticipadas que pueden reforzar —o derribar— el recién estrenado Gobierno de Sanae Takaichi. Se trata del tercer paso por las urnas a nivel nacional en apenas quince meses, una anomalía incluso para la hiperactiva política japonesa. La primera ministra, en el cargo desde hace solo cuatro meses, ha decidido adelantar el calendario para tratar de transformar una mayoría cómoda en un mandato incontestable. Las encuestas otorgan a su Partido Liberal Democrático (LDP) y a su socio, el Partido de la Innovación de Japón (Ishin), una victoria clara, incluso por encima de los 300 escaños.

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EPA/FRANCK ROBICHON

Un invierno electoral inédito

Japón celebra estas legislativas en condiciones poco habituales: una elección general invernal, con nieve de hasta dos metros en zonas como Niigata y fuertes vientos en buena parte del archipiélago. Ese contexto meteorológico puede lastrar la participación, tradicionalmente baja en las últimas citas (en 2024 apenas superó el 53 %), y favorecer a los partidos con maquinarias electorales más disciplinadas.

Los colegios abrieron a las 7 de la mañana y cerrarán a las 20.00 hora local, con más de 100 millones de electores llamados a votar en 289 circunscripciones uninominales y 11 bloques de representación proporcional. En total, 1.284 candidatos pugnan por un escaño en la cámara baja. La jornada se desarrolla con normalidad, pero las autoridades temen que las carreteras cortadas en áreas rurales limiten el voto de los mayores, tradicional caladero del LDP.

Este hecho revela una paradoja: la climatología puede reforzar el peso de los bloques organizados de voto urbano, donde la movilización es más sencilla, mientras la abstención en zonas envejecidas erosiona a la derecha tradicional. Al mismo tiempo, un clima adverso suele beneficiar a quienes cuentan con seguidores más motivados; en esta ocasión, el fenómeno de apoyo fervoroso a Takaichi entre jóvenes —bautizado como “Sanae-manía”— puede compensar parte del desgaste de su partido. La consecuencia es clara: la participación será un indicador tan relevante como el propio reparto de escaños.

La apuesta personal de la primera mujer en la cúpula

Takaichi llega a esta cita como primera mujer al frente del Gobierno japonés, tras imponerse en las primarias del LDP el pasado octubre y ser elegida por el Parlamento pocos días después. Su ascenso rompe un techo de cristal en un país donde apenas un 15 % de los diputados son mujeres, pero lo hace desde una posición ideológicamente marcada: conservadora, nacionalista y cercana a la línea del ex primer ministro Shinzo Abe.

La dirigente, de 64 años, ha construido su imagen sobre la promesa de “trabajo incansable” y una combinación de rebaja de impuestos selectiva —incluida una suspensión temporal del impuesto sobre las ventas de alimentos— y aumento del gasto en defensa. Lo más grave, según alertan economistas y parte de la oposición, es que las fuentes de financiación de ese programa siguen sin estar claras en un país con una deuda pública que ya supera el 250 % del PIB, la más elevada del mundo desarrollado.

La propia Takaichi ha elevado las apuestas políticas al prometer que asumirá la responsabilidad si el LDP y sus aliados no logran revalidar la mayoría en la cámara. “Si el bloque gobernante pierde la mayoría, abandonaré el cargo”, ha repetido durante la campaña. En la práctica, estas elecciones funcionan como un plebiscito sobre su liderazgo: una victoria holgada consolidaría a Takaichi como figura central de la derecha japonesa durante años; un resultado discreto podría convertirla en la primera jefa de Gobierno fugaz de la nueva era.

Mayoría absoluta, supermayoría y el mapa de escaños

En el complejo sistema parlamentario nipón, el umbral clave es 233 escaños, la mayoría absoluta de la cámara. Pero el verdadero objetivo de Takaichi y su equipo es acercarse a la supermayoría de 310 asientos, que permitiría al bloque conservador —LDP más Ishin— aprobar reformas constitucionales y, sobre todo, imponer su criterio sobre la cámara alta en caso de bloqueo.

Antes de la disolución, el LDP contaba con 198 diputados y su socio Ishin con 34, según el reparto resultante de las elecciones de 2024 y los posteriores realineamientos parlamentarios. Las proyecciones más favorables sitúan al partido de Takaichi en torno a los 300 escaños, un salto de más de un centenar que reconfiguraría el mapa político y dejaría a la nueva alianza centrista muy por detrás de su techo aspiracional.

El contraste con otras etapas recientes resulta demoledor: en 2024, la derecha perdió más de 60 escaños y quedó lejos de la supermayoría, lo que desencadenó la salida del anterior primer ministro y abrió el camino al relevo interno en el LDP. Hoy, sin embargo, los sondeos otorgan a Takaichi un margen de maniobra mucho mayor gracias a su popularidad personal y a la fragmentación opositora. El diagnóstico es inequívoco: si logra consolidar un bloque de más de 280 diputados, la nueva primera ministra dispondrá de una base parlamentaria suficiente para impulsar cambios de calado en seguridad y política económica.

Una oposición fragmentada y en retroceso

Mientras el oficialismo intenta transformar una mayoría cómoda en un rodillo parlamentario, la oposición llega a la cita dividida y a la defensiva. El frente principal lo ocupa la recién creada Alianza de Reforma Centrista, coalición entre los socialdemócratas y Komeito, antiguo socio del LDP que abandonó el Gobierno tras el escándalo de los fondos opacos y el giro a la derecha de la nueva dirección.

Los sondeos, sin embargo, apuntan a que esta alianza no está capitalizando el desgaste del partido gobernante. Las encuestas de medios nacionales sugieren que la coalición centrista podría incluso retroceder respecto a los 167 escaños que sumaban sus componentes en la cámara disuelta, mientras que formaciones menores como los comunistas o Reiwa Shinsengumi se mantienen en márgenes modestos. El auge de fuerzas ultranacionalistas como Sanseitō, que podría multiplicar por siete su representación hasta una quincena de escaños, añade ruido pero no altera el equilibrio fundamental.

Este hecho revela el principal problema de la oposición japonesa: más que de falta de discurso, adolece de falta de coherencia y coordinación. Las diferencias programáticas, las rivalidades personales y la incapacidad para ofrecer una alternativa creíble al electorado moderado han permitido al LDP seguir presentándose como el “mal menor” de la estabilidad. Si Takaichi logra un mandato robusto, esa fragmentación puede cronificarse y consolidar un sistema de partido dominante aún más difícil de desplazar.

Economía estancada, inflación y promesas fiscales arriesgadas

Detrás de la apuesta electoral de Takaichi late una realidad incómoda: la economía japonesa sigue atrapada entre la inflación y el estancamiento salarial. La subida de los precios se mantiene en una horquilla del 2,5 % al 3 %, ligeramente por encima del objetivo del banco central, mientras que los salarios apenas han recuperado niveles de finales de los noventa. El yen débil encarece las importaciones de energía y alimentos, castigando especialmente a los hogares de rentas bajas.

La respuesta de la primera ministra combina medidas de alivio a corto plazo —como la propuesta suspensión temporal del impuesto al consumo sobre los alimentos— con un discurso de “gasto responsable y agresivo” para dinamizar el crecimiento. Lo más delicado es que estas promesas llegan en un contexto de presión de los mercados: analistas financieros han advertido de que un programa fiscal excesivamente expansivo podría desencadenar una nueva fuga de inversores de la deuda japonesa y tensar aún más el tipo de cambio.

El contraste con otras economías avanzadas es significativo. Mientras Europa y Estados Unidos han iniciado procesos de normalización monetaria, Japón mantiene tipos ultra bajos y una política de control de la curva de rendimientos que ha distorsionado el mercado de bonos. La consecuencia es clara: cualquier percepción de indisciplina fiscal tras estas elecciones puede traducirse en un castigo inmediato en los mercados, limitando el margen de maniobra de Takaichi incluso si obtiene la mayoría que busca. El voto de hoy es, en buena medida, un referéndum silencioso sobre cómo financiar el futuro del país.

Giro de seguridad y fricciones con China

Si en el frente económico las dudas se concentran en la factura, en el terreno de la seguridad las preguntas apuntan al alcance del giro. Takaichi ha prometido incrementar de forma sostenida el gasto militar, flexibilizar las restricciones a la exportación de armamento y revisar la interpretación del artículo 9 de la Constitución pacifista para dar más margen de acción a las Fuerzas de Autodefensa.

Su discurso, abiertamente alineado con la estrategia de Estados Unidos en la región, incluye un papel más activo en la disuasión frente a China y una defensa explícita de la estabilidad en Taiwán. Semanas después de asumir el cargo, sus declaraciones sobre cómo respondería Tokio a un hipotético ataque chino a la isla desencadenaron la mayor crisis diplomática con Pekín en más de una década.

El diagnóstico es inequívoco: una supermayoría parlamentaria otorgaría a Takaichi la cobertura política que necesita para traducir su retórica en reformas concretas, desde la modificación constitucional hasta una expansión sin precedentes del presupuesto de defensa. Por el contrario, un resultado más ajustado obligaría a moderar el ritmo, negociar con una oposición recelosa y tener en cuenta a una opinión pública que, pese al endurecimiento del entorno geopolítico, sigue dividida sobre la posibilidad de alejarse del pacifismo de posguerra.

El voto joven, las redes y el fenómeno ‘Sanae-manía’

Una de las novedades de esta campaña ha sido el papel del voto joven. Las encuestas muestran que el apoyo a Takaichi es más intenso entre menores de 40 años que entre los jubilados, tradicional bastión del LDP. Su imagen de “outsider” disciplinada, su dominio de las redes sociales y un cierto culto a su estilo personal —desde el bolso hasta el bolígrafo rosa que exhibe en los mítines— han alimentado el fenómeno conocido como “Sanae-manía”.

Sin embargo, la pregunta clave no es a quién apoyan los jóvenes, sino cuántos acudirán a las urnas. En la última elección general, solo un 36 % de los votantes de 21 a 24 años en Tokio participó, frente al 71 % en la franja de 70 a 74 años. Si esa brecha generacional se mantiene, el entusiasmo digital puede quedarse en ruido de fondo frente al voto disciplinado de los mayores.

Lo más grave, advierten algunos analistas, es que esta desconexión política de la juventud coincide con decisiones que marcarán su futuro: el reparto del peso de la deuda, la sostenibilidad del sistema de pensiones o la respuesta al cambio climático. En ese contexto, un refuerzo del mandato de Takaichi sin un incremento paralelo de la participación joven puede legitimar políticas de largo alcance con una base social más estrecha de lo que sugieren las mayorías parlamentarias.

Qué está en juego para Japón si Takaichi pierde

Aunque los sondeos favorecen claramente al bloque gobernante, el propio diseño de la apuesta de Takaichi plantea escenarios de alto riesgo. Si el LDP e Ishin logran retener la mayoría simple pero no alcanzan las expectativas de una victoria “arrasadora”, el primer impacto sería político: la primera ministra ha vinculado su continuidad al resultado, y una renuncia abriría una nueva batalla interna en el partido y, posiblemente, unas cuartas elecciones nacionales en pocos años.

Un revés más severo —una mayoría inestable o un Parlamento colgado— obligaría a explorar grandes coaliciones con la alianza centrista, diluyendo el programa más agresivo en seguridad y fiscalidad y devolviendo a Komeito o a otras formaciones un papel de bisagra. Incluso sin llegar a ese extremo, un resultado por debajo de las expectativas podría frenar reformas clave y obligar a Takaichi a recentrar su agenda en prioridades de corto plazo, como el coste de la vida.

En el plano exterior, una derrota o una victoria pírrica debilitaría la capacidad de la primera ministra para negociar con socios como Estados Unidos y para mantener una postura firme frente a China, justo cuando países vecinos observan con lupa cada gesto de Tokio. Que figuras como Donald Trump hayan respaldado abiertamente a Takaichi subraya hasta qué punto el resultado de hoy trasciende las fronteras japonesas. El efecto dominó que venga después dependerá de un dato tan simple como decisivo: cuántos ciudadanos decidan salir de casa a votar pese a la nieve.

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