Las autoridades temen un ataque coordinado contra la red ferroviaria en el nudo de Bologna

Italia investiga un triple sabotaje ferroviario en pleno arranque olímpico

La red ferroviaria de Italia vivió este sábado uno de sus momentos más delicados en años. Un incendio en instalaciones técnicas, cables de señalización cortados a propósito y la aparición de un artefacto explosivo rudimentario en las inmediaciones de la estación de Bologna obligaron a cortar o desviar el tráfico en varias de las principales líneas del país. Según datos preliminares del Ministerio de Transportes, los retrasos alcanzaron las dos horas y media en los corredores de alta velocidad, Intercity y regionales, afectando a decenas de miles de pasajeros.

La coincidencia con el primer día completo de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 ha disparado las alarmas: los investigadores trabajan ya con la hipótesis de un sabotaje deliberado vinculado a grupos radicales.

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EPA/RICCARDO ANTIMIANI

Un nudo ferroviario crítico bajo ataque

El escenario elegido no es casual. Bologna Centrale, uno de los mayores nodos ferroviarios del sur de Europa, concentra el cruce de los grandes ejes norte-sur y este-oeste de la península. Cada día, por sus 27 andenes pasan en torno a 700 trenes y hasta 180.000 viajeros, incluyendo la práctica totalidad de las conexiones de alta velocidad entre Milán, Roma, Nápoles y la costa adriática.

El incidente afectó a varias de estas arterias: la línea Bologna-Padua, el corredor hacia Ancona y el tramo de alta velocidad en dirección a Milán. La operadora estatal Ferrovie dello Stato se vio obligada a cerrar temporalmente la estación soterrada de alta velocidad y a hacer pasar los convoyes por los andenes de superficie, un cambio que tensionó de inmediato la programación y multiplicó los retrasos.

Este hecho revela la extrema dependencia del sistema ferroviario italiano de unos pocos nodos hiperconcentrados. Cuando uno de ellos se ve comprometido, el impacto se propaga como una onda de choque a cientos de kilómetros. Es lo que ocurrió este sábado: pasajeros con destino a Venecia, Trieste o la propia Milán vieron cómo sus trenes acumulaban demoras superiores a los 120 minutos, con conexiones perdidas, reservas hoteleras en riesgo y el inicio de los Juegos convertido en una carrera de obstáculos logística.

Tres incidentes coordinados en 200 kilómetros de vía

La investigación se centra en la naturaleza coordinada de los hechos. En un intervalo de pocas horas se registraron al menos tres ataques sobre la infraestructura ferroviaria: un incendio en una cabina de control de desvíos cerca de la ciudad de Pesaro, cables de detección de velocidad seccionados en el entorno de Bologna y un artefacto explosivo rudimentario localizado en otro punto de la misma red, en la línea Bologna-Padua.

Los técnicos descartan un fallo casual. Los cables cortados no eran de alimentación general sino de sistemas de seguridad, diseñados precisamente para monitorizar el paso y la velocidad de los trenes. El incendio, por su parte, se declaró en una instalación clave para la gestión de los desvíos, un objetivo poco intuitivo para un delincuente común pero muy reconocible para quien conozca el funcionamiento de la red.

La consecuencia es clara: la probabilidad de que se trate de un sabotaje planificado es elevada. Aunque ningún grupo ha reivindicado de momento los hechos, la Fiscalía antiterrorista y los servicios de inteligencia trabajan sobre la hipótesis de una acción coordinada destinada más a demostrar vulnerabilidad que a causar víctimas, dado que los ataques se produjeron de madrugada o primeras horas de la mañana, con menor densidad de tráfico.

La sombra anarquista y la batalla política en Roma

La dimensión política del caso apareció al instante. El ministro de Transportes y viceprimer ministro, Matteo Salvini, calificó los hechos como “un atentado premeditado de quienes quieren mal a Italia” y apuntó a entornos anarquistas como posibles responsables, en línea con anteriores episodios de sabotaje vinculados a la protesta contra grandes infraestructuras.

La acusación llega en un contexto de alta polarización. La coalición de derechas que sustenta al Gobierno ha utilizado en los últimos meses la agenda de seguridad y orden público como uno de sus principales ejes discursivos. Vincular el sabotaje a grupos anarquistas anti-olímpicos permite reforzar ese relato y presionar, de paso, a la oposición de izquierdas, a la que sectores del Ejecutivo reprochan ambigüedad frente a las protestas radicales.

Sin embargo, los investigadores se muestran más prudentes. “Es prematuro atribuir la autoría a un entorno concreto”, señalan fuentes policiales citadas por la prensa italiana, que recuerdan la ausencia de reivindicación y la posibilidad de motivaciones mixtas —desde el activismo radical hasta eventuales conexiones internacionales—. Lo más grave, advierten analistas de seguridad, es que el episodio puede inspirar imitadores en otras infraestructuras si no se identifica rápidamente a los responsables.

El espejo incómodo de París 2024

El paralelismo con los Juegos Olímpicos de París 2024 ha aparecido de inmediato en los análisis. Entonces, la red ferroviaria francesa sufrió cortes de catenaria, incendios en cabinas técnicas y sabotajes a los sistemas de señalización en los días previos y durante la cita, con la autoría atribuida parcialmente a colectivos contrarios a la celebración del evento y a políticas del Gobierno.

Italia había estudiado precisamente aquel precedente para reforzar su seguridad. El Ministerio del Interior había anunciado un despliegue de hasta 6.000 efectivos adicionales —entre policía ferroviaria, unidades antiexplosivos y agentes de inteligencia— en los nodos críticos del norte del país durante el periodo olímpico.

Que, pese a ello, tres puntos de la red hayan sido atacados casi simultáneamente supone un toque de atención. El contraste con otras sedes olímpicas recientes resulta demoledor: mientras Londres 2012 y Tokio 2020 lograron atravesar sus respectivas citas sin incidentes significativos en infraestructuras de transporte, el eje franco-italiano se está convirtiendo en un laboratorio involuntario de acciones de sabotaje de baja intensidad pero alto impacto mediático.

Un sábado negro para viajeros y empresas

Más allá del pulso político, el daño inmediato se ha medido en tiempo perdido y costes adicionales. Según estimaciones internas del sector, los retrasos acumulados superaron los 7.000 minutos solo en la franja de mañana, con más de 300 circulaciones afectadas entre trenes de alta velocidad, Intercity y regionales.

Para los pasajeros, el resultado fue un “sábado negro”: colas ante los mostradores de información, convoyes abarrotados, menores no acompañados esperando a familiares que no llegaban y familias que veían peligrar conexiones aéreas y reservas ligadas al inicio de las competiciones. El impacto sobre la economía del ocio y el turismo no es menor: una jornada de disrupción en la red puede traducirse, según los operadores, en pérdidas de entre 10 y 15 millones de euros en billetes compensados, servicios adicionales y gasto turístico desplazado.

Las empresas tampoco salen indemnes. Italia ha impulsado en los últimos años el uso del tren para el transporte de mercancías ligeras en los corredores norte-sur; retrasos reiterados en plena ventana olímpica pueden hacer que parte de ese flujo vuelva a la carretera, con el consiguiente efecto en costes, emisiones y siniestralidad. El diagnóstico es inequívoco: la confianza en la fiabilidad de la red es un activo económico tanto como un asunto de orden público.

Vulnerabilidades de una red estratégica en plena cita olímpica

Los ataques se producen, además, en un momento en que la red ferroviaria italiana ya se encontraba bajo presión. A las obras de mantenimiento acumuladas en varios tramos se sumaba una reciente huelga parcial en la región de Lombardía, que había tensionado los servicios en torno a Milán pocos días antes de la inauguración de los Juegos.

La combinación de saturación, trabajos en curso y amenaza de sabotaje dibuja un escenario delicado. Expertos en infraestructuras consultados por la prensa local señalan tres vulnerabilidades principales: la dispersión de puntos críticos poco vigilados —cabinas técnicas, fosos de cableado, accesos a túneles—, la dependencia de sistemas de señalización aún no totalmente digitalizados y la interdependencia con la red eléctrica general, que convierte subestaciones y alimentadores en objetivos potenciales.

Frente a ello, las inversiones de seguridad se han concentrado tradicionalmente en estaciones y trenes, con cámaras, arcos de control y presencia policial visible. El episodio de Bologna sugiere que el perímetro a proteger es mucho más amplio y que será necesario reorientar parte de los recursos hacia la capa “invisible” de la infraestructura, desde los centros de control hasta las canalizaciones de cables, pasando por la ciberseguridad de los sistemas de gestión.

Lo que se juega Italia ante el COI y los mercados

Aunque el Gobierno insiste en que se trata de un episodio aislado, en los despachos de Roma se es muy consciente de que la credibilidad de Italia como anfitrión se juega también en el terreno logístico. Los Juegos de Invierno suponen una inversión total cercana a los 8.000 millones de euros, entre infraestructuras deportivas, transportes y legado urbano, con una parte relevante cubierta por fondos públicos y financiación europea.

Un fallo reiterado en la red ferroviaria —el modo prioritario para desplazar espectadores entre Milán y las sedes de montaña— podría alimentar dudas en el Comité Olímpico Internacional y en las agencias de calificación sobre la capacidad del país para gestionar grandes eventos sin sobrecostes adicionales. No se trata solo de seguridad: cada jornada de disrupción añade presión a unos presupuestos ya tensos por la inflación de costes de construcción y energía.

El contraste con otras regiones europeas resulta ilustrativo. Países como Alemania o Suiza han aprovechado los últimos diez años para blindar sus redes ferroviarias frente a sabotajes, con inversiones específicas en sensores, sistemas redundantes y patrullas tecnológicas. Italia, pese a contar con uno de los corredores de alta velocidad más modernos del continente, ha avanzado de forma más desigual, con diferencias notables entre tramos recién modernizados y otros donde aún persisten soluciones de hace décadas.

Los escenarios que manejan Interior y los servicios de inteligencia

¿Qué puede pasar ahora? Los expertos barajan tres escenarios. El primero, que el sabotaje sea obra de un pequeño núcleo radical vinculado a protestas anti-olímpicas y que, una vez detenido, el fenómeno se diluya. El segundo, más inquietante, es la aparición de acciones de copia en otros puntos de la red, inspiradas por la visibilidad mediática del incidente de Bologna. El tercero, que las investigaciones destapen conexiones más amplias, nacionales o internacionales, lo que obligaría a un replanteamiento completo de la seguridad de infraestructuras críticas.

En todos los supuestos, el Ministerio del Interior se ve forzado a actuar con rapidez. Se da por hecho un refuerzo inmediato de la vigilancia en corredores clave, con patrullas mixtas de Policía ferroviaria y unidades antiterroristas, y una revisión exprés de los protocolos de respuesta ante sabotajes. No se descarta, además, recurrir a tecnologías de detección remota —desde drones hasta sensores enterrados— para vigilar tramos especialmente expuestos.

“Quien ha atacado las vías ha entendido que no hace falta detener trenes para causar un daño reputacional”, admitía este sábado un alto cargo del sector. El reto para Italia consistirá ahora en demostrar, en las próximas semanas, que la lección se ha aprendido a tiempo y que los Juegos de Milán-Cortina no quedarán asociados a la imagen de un país cuya red ferroviaria puede ser desestabilizada con unos alicates y una lata de gasolina.

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