El Nikkei cae un 0,8% y enfría el rally asiático
La sesión asiática de este miércoles ha dejado una fotografía elocuente: el Nikkei 225 retrocede un 0,77%, mientras otros índices de la región logran avances moderados pese a los buenos datos de actividad en el sector servicios. A la misma hora, el Kospi surcoreano subía un 1,53%, el Hang Seng ganaba un 0,34% y el Shanghai Composite avanzaba un 0,56%, con el Shenzhen Composite cediendo un 0,47%. En paralelo, el dólar se apreciaba un 0,37% frente al yen, hasta los ¥156,30, recordando al mercado que la política monetaria sigue mandando más que los indicadores de coyuntura. La consecuencia es clara: el inversor celebra los datos micro, pero se resiste a reabrir de forma masiva la apuesta por renta variable asiática. Y Europa, que arranca la jornada mirando hacia Tokio, Seúl y Shanghái, toma nota de esa prudencia.
Un arranque de sesión sin dirección clara
Basta mirar el mapa de la región para constatar la falta de narrativa única. El Nikkei 225 caía un 0,77% a media sesión, lastrado por recogida de beneficios en grandes valores exportadores y tecnológicos. En contraste, el Kospi sumaba un 1,53%, impulsado por el tirón de los semiconductores, mientras el Hang Seng avanzaba un modesto 0,34%, reflejo de un apetito por riesgo muy selectivo en el universo chino.
En Australia, el S&P/ASX 200 cerró prácticamente plano, pese al buen dato de servicios, con movimientos intradía limitados a unas pocas décimas. En el interior de China, el Shanghai Composite ganaba un 0,56%, mientras el Shenzhen Composite retrocedía un 0,47%, síntoma de la rotación continua entre valores defensivos y compañías más apalancadas al ciclo de crecimiento.
Este hecho revela que el inversor internacional ya no compra “Asia” como un bloque homogéneo. La región se ha fragmentado en historias nacionales muy distintas, donde pesan tanto los datos macro como la calidad institucional, la regulación y el posicionamiento sectorial. El resultado inmediato es una sesión mixta, pero el mensaje de fondo es un mercado que ajusta fino la asignación de capital.
PMI de servicios: el dato que sostiene el ánimo
La pieza más sólida de la jornada ha sido la macro. Los PMI de servicios publicados en varias economías de la región confirman que el sector terciario sigue siendo el principal sostén del crecimiento. En Australia, los indicadores sitúan la actividad de servicios en torno a 56 puntos, claramente por encima del umbral de 50 que separa expansión de contracción. Se trata del mayor avance en casi cuatro años, impulsado por nuevos pedidos y empleo.
En Japón, las lecturas se mueven en la franja de 53-54 puntos, encadenando casi un año en zona expansiva. Los nuevos negocios y la cartera de pedidos apuntan a una demanda interna que, pese a la debilidad del yen, mantiene cierto dinamismo. En China, el sector servicios privado se mantiene también por encima de los 52 puntos, con un repunte respecto a meses anteriores que contrasta con la atonía del sector manufacturero.
El diagnóstico es inequívoco: Asia se sostiene sobre los servicios mientras la industria navega en aguas más turbulentas. Sin embargo, la reacción bursátil ha sido tibia. El mercado parece considerar que, sin mejoras claras en inversión y comercio mundial, estos PMI serán insuficientes para justificar un nuevo tramo al alza de las bolsas tras el rally de los últimos trimestres.
Japón corrige: la factura del yen débil
El protagonismo negativo de la sesión ha sido para Tokio. La caída del Nikkei 225, cercana al 0,8%, llega tras una secuencia de máximos de varias décadas y refleja una toma de beneficios lógica en un índice muy cargado de grandes compañías exportadoras. El yen, instalado de nuevo en el entorno de ¥156 por dólar, ha sido hasta ahora un viento de cola para los beneficios de estas empresas, al abaratar sus costes en términos relativos.
Pero la moneda se ha convertido también en un foco de inquietud. Un yen tan debilitado alimenta la presión política y social sobre el Banco de Japón, que ya ha iniciado, aunque de forma tímida, el camino hacia la normalización de tipos. Cada jornada de depreciación adicional reaviva las expectativas de intervención, ya sea verbal o directa, en el mercado de divisas.
La consecuencia es clara: el mercado descuenta que el margen para que el yen siga cayendo sin respuesta oficial es limitado. Si el banco central acelera la normalización, la renta variable japonesa podría sufrir un ajuste adicional. Si mantiene la laxitud, el riesgo es que la volatilidad se traslade de la divisa a los activos financieros. En ambos casos, el inversor internacional opta por una postura de prudente repliegue tras meses de fuerte exposición a Japón.
Corea, termómetro del apetito por tecnología
En el lado positivo del tablero aparece Corea del Sur. El Kospi ha avanzado un 1,53%, convirtiéndose en uno de los índices más fuertes de la jornada. El tirón procede, una vez más, de los semiconductores y fabricantes de componentes para inteligencia artificial, muy sensibles al ciclo tecnológico global.
La estructura del mercado coreano hace del Kospi un auténtico termómetro del apetito por riesgo en tecnología de crecimiento. Cuando el Nasdaq se debilita, Seúl sufre en paralelo; cuando vuelve el interés por los grandes nombres del sector, Corea es de los primeros en reaccionar. El hecho de que el índice suba con un dólar fuerte y en un entorno de tipos todavía elevados muestra que los inversores están mirando más los beneficios esperados a medio plazo que el ruido macro inmediato.
El contraste con otros mercados asiáticos resulta demoledor. Mientras Tokio corrige y China avanza con dudas, el Kospi demuestra que aún existe espacio para el entusiasmo en historias muy concretas. Para los gestores europeos, esto implica que la exposición a Asia no puede construirse solo a través de grandes índices regionales: la selección de mercados y sectores vuelve a ser determinante.
China, recuperación a dos velocidades
La fotografía de China sigue siendo la de una economía a dos velocidades. Por un lado, los indicadores de manufacturas se mantienen por debajo de 50 puntos, señal inequívoca de contracción en el sector industrial. Por otro, el sector servicios se mantiene por encima de 52 puntos, en expansión moderada, impulsado por el turismo interno, el comercio electrónico y determinados segmentos de consumo urbano.
En bolsa, esta dicotomía se traduce en movimientos divergentes: el Shanghai Composite suma un 0,56%, apoyado en valores estatales y defensivos, mientras el Shenzhen Composite cede un 0,47%, más expuesto a compañías de crecimiento y a sectores vinculados al ciclo tecnológico y al inmobiliario.
Este hecho revela que el mercado ha abandonado la idea de una recuperación china rápida y homogénea. La desconfianza hacia el sector inmobiliario, la presión regulatoria sobre algunas grandes plataformas digitales y las tensiones geopolíticas mantienen una prima de riesgo elevada. A corto plazo, el inversor extranjero solo está dispuesto a asumir ese riesgo en nichos muy concretos, donde identifica valoraciones atractivas y cierto respaldo implícito de las autoridades.
Australia: servicios fuertes y bolsa inmóvil
El caso de Australia ilustra la nueva paradoja de los mercados desarrollados: macro sólida, bolsa indiferente. Con un PMI de servicios en torno a 56 puntos, el país registra el mejor dato en casi cuatro años, con avances simultáneos en empleo, nuevos pedidos y confianza empresarial. Sin embargo, el S&P/ASX 200 ha cerrado prácticamente plano, atrapado en un rango estrecho pese a esa batería de buenas noticias.
La explicación es doble. Por un lado, los inversores temen que una economía demasiado resistente obligue al banco central a mantener los tipos en niveles restrictivos durante más tiempo, encareciendo el crédito y reduciendo el atractivo relativo de la renta variable. Por otro, el fuerte peso de sectores como banca y materias primas hace que el índice esté más ligado a las expectativas de tipos globales y al ciclo de commodities que a los PMI de servicios.
La consecuencia es clara: Australia se consolida como refugio cíclico de calidad, pero con un potencial de revalorización más limitado a corto plazo. Para los grandes fondos globales, el país sigue siendo una apuesta defensiva frente a la volatilidad europea, aunque la ventana para obtener retornos extraordinarios parece más estrecha que en otras fases del ciclo.