La plata vuelve a atacar los 80 dólares: el empleo de EE. UU. se enfría y el mercado reabre la apuesta por la Fed
La plata ha reaccionado con fuerza al dato de empleo de Estados Unidos: unas nóminas por debajo de lo previsto han reactivado el guion que más le gusta al metal blanco, el de tipos a la baja y búsqueda de cobertura. Con el oro cerca de máximos y el resto del complejo de metales acompañando, la pregunta ya no es solo “cuánto puede subir”, sino “cuánta volatilidad está dispuesto a asumir el inversor”.
El dato de empleo que reactivó el “trade” de metales
En cuestión de minutos, el mercado volvió a ejecutar el guion que lleva semanas ensayando: leer un dato macro, traducirlo a expectativas de tipos y disparar compras donde más “apalancada” está la sensibilidad a los rendimientos. El informe de empleo de diciembre en Estados Unidos se quedó en 50.000 nuevas nóminas no agrícolas, por debajo de lo previsto, con una revisión a la baja del mes anterior. Al mismo tiempo, la tasa de paro descendió hasta el 4,4%, un matiz que refuerza la lectura de desaceleración sin colapso.
Por qué una sorpresa a la baja impulsa a la plata
La lógica es conocida: si el mercado percibe que la economía pierde tracción, aumenta la probabilidad de que la Reserva Federal pueda relajar su política monetaria antes de lo esperado. Ese cambio en expectativas tiende a presionar a la baja los rendimientos y reduce el “coste de oportunidad” de mantener activos sin cupón, como los metales preciosos. Por eso, en jornadas de sorpresas macro, la plata suele actuar como un amplificador: se mueve con más violencia que el oro, para bien y para mal.
La plata como “amplificador”: precio, volatilidad y niveles clave
La plata llega a este informe con un contexto técnico y de sentimiento muy particular. En los últimos movimientos, el metal ha vuelto a apoyarse en la zona de 77–78 dólares por onza, un área que se ha convertido en punto de choque entre compras de continuidad y toma de beneficios. No es un detalle menor: el mercado de la plata es más pequeño que el del oro y, cuando se tensiona la narrativa de tipos, las oscilaciones suelen ser más abruptas. Eso explica que, en episodios recientes, haya rozado e incluso atacado la referencia psicológica de los 80 dólares con movimientos rápidos y correcciones igualmente agresivas.
No es solo macro: oferta, demanda física y revisiones de previsiones
Reducirlo todo a un dato de empleo sería quedarse corto. La plata se apoya también en un trasfondo que otros medios y casas de análisis vienen resaltando: un mercado con señales de estrechez física y una demanda inversora que se mantiene pese a la volatilidad. En ese sentido, algunas entidades han empezado a elevar previsiones para los próximos trimestres, argumentando que la combinación de menor crecimiento, expectativas de tipos más bajos y ajustes en la cadena de suministro puede sostener precios elevados durante más tiempo del que el mercado suele descontar en fases iniciales.
La Fed en el centro: recortes, rendimientos y “coste de oportunidad”
La clave ahora es el calendario. El inversor se mueve entre dos ideas que no se excluyen: pausa en el corto plazo y más recortes a lo largo de 2026 si la desaceleración se consolida. Tras el dato de nóminas, el mercado volvió a poner sobre la mesa la posibilidad de un ciclo de bajadas más generoso, lo que reaviva la tesis de los metales. Con todo, la Reserva Federal seguirá vigilando inflación y actividad: cualquier repunte inesperado en precios o un giro al alza en los rendimientos puede provocar correcciones rápidas en plata.
Implicación para el inversor: oportunidad con gestión del riesgo
La plata puede seguir siendo una cobertura atractiva en un entorno de tipos descendentes y alta incertidumbre, pero exige disciplina. La misma fuerza que la impulsa cuando caen los rendimientos reales es la que la castiga cuando el mercado decide “cobrar” beneficios o cuando el dólar se recompone. En plata, lo que hoy parece tendencia mañana puede parecer latigazo; aun así, el mensaje de fondo permanece: el metal blanco está actuando como un termómetro adelantado de liquidez, miedo y transición industrial al mismo tiempo.
