Una ballena mueve 310 millones de XRP y reabre las dudas sobre Ripple
El mercado de XRP acaba de recibir una lección acelerada de cómo funciona realmente la liquidez en las criptomonedas. En apenas seis horas, un único monedero asociado a más de 310 alertas de venta ha movido alrededor de 310 millones de XRP por el libro de órdenes, colocando y cancelando órdenes de un millón de unidades cada 15–30 segundos. Sobre el papel, parece una capitulación masiva; en la práctica, es un recordatorio de hasta qué punto el orden profundo puede ser más óptica que volumen real. Todo ello llega en un momento delicado: el precio sigue atrapado en un rango frágil entre 1,40 y 1,55 dólares, la actividad on-chain se desploma y el burn rate ha caído un 75% en un solo día. Sobre la mesa, una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto las decisiones regulatorias y el caso Ripple han condicionado quién gana y quién pierde en el criptoecosistema?
Una ballena inunda el libro de órdenes de XRP
El detonante del último episodio de nervios en XRP ha sido el comportamiento de un único monedero vinculado al entorno del exchange Bitstamp. Según validadores del XRP Ledger (XRPL) que monitorizan movimientos de gran tamaño, esa cartera ha estado colocando órdenes de venta de aproximadamente 1 millón de XRP de forma repetida, cancelándolas y volviendo a introducirlas casi de inmediato.
En total, cerca de 310 millones de XRP han cruzado —o simulado cruzar— el libro de órdenes en un intervalo de apenas seis horas, generando 310 alertas de “whale selling” en los sistemas automáticos. Parte de esas direcciones están ligadas a participantes institucionales y otras a monederos sin reputación conocida, lo que sugiere un flujo mixto entre actores profesionales y manos menos identificadas.
A ojos del minorista, el efecto es claro: pantallas llenas de órdenes de venta de gran tamaño, sensación de presión bajista y dudas sobre si se avecina un nuevo tramo de caídas. Sin embargo, el propio patrón de altas y cancelaciones apunta a algo más complejo que una simple liquidación masiva de tokens.
Órdenes visibles que no siempre son volumen real
La repetición de órdenes grandes que se colocan y se retiran cada pocos segundos no implica necesariamente que se estén vendiendo realmente 310 millones de XRP al mercado. En muchas ocasiones, este tipo de actividad sirve para modificar la “profundidad visible” del libro de órdenes sin que el volumen ejecutado se corresponda con lo que muestran las pantallas.
Técnicamente, hablamos de estrategias que juegan con la señal que ve el resto del mercado: paredes de venta que aparecen y desaparecen, cambios súbitos en los niveles donde parece concentrarse la liquidez, o escalones de órdenes que sugieren más interés vendedor del que finalmente se ejecuta. El objetivo puede ir desde testear el apetito real de compra hasta condicionar el comportamiento de algoritmos de alta frecuencia o traders minoristas.
Este hecho revela una de las fragilidades estructurales del criptoecosistema: buena parte de la liquidez es “liviana”, extremadamente sensible a las decisiones de unas pocas carteras de gran tamaño. Cuando la profundidad del libro depende de órdenes que pueden desaparecer en milésimas de segundo, la frontera entre descubrimiento de precios y pura escenografía se difumina peligrosamente.
Un precio atrapado en un rango cada vez más frágil
En paralelo a la actividad de la ballena, la estructura técnica de XRP sigue enviando señales de debilidad. El token defiende a duras penas un soporte clave en torno a los 1,21 dólares, pero cada intento de romper con fuerza la zona de 1,56 dólares ha sido rechazado. Entre medias, el precio se ha pasado días atrapado en un pasillo estrecho: microsoporte en 1,40–1,45 dólares y microresistencia en 1,49–1,55 dólares.
Hoy, XRP cotiza alrededor de 1,45 dólares, con un descenso de algo más del 2,5% en 24 horas, sin que el rebote posterior al último crash haya logrado cambiar el tono de fondo. Los analistas técnicos señalan que solo un cierre limpio por encima de 1,55 dólares, seguido de una ruptura de la zona de 1,67 dólares, permitiría hablar de mejoría sostenible del momentum.
Por abajo, el área de 1,19–1,36 dólares se ha consolidado como zona crítica. Fue ahí donde apareció demanda en caídas anteriores y donde muchos fondos han colocado sus niveles de invalidación. La consecuencia es clara: una pérdida de ese rango abriría la puerta a mínimos de varios años, mientras que su defensa —si llega acompañada de un repunte claro de volumen— podría funcionar como suelo de un ciclo más amplio.
La red se enfría: el ‘burn rate’ se hunde un 75%
Si el gráfico preocupa, los datos on-chain tampoco ayudan. Tras un pequeño repunte del mercado general que permitió a XRP firmar una subida diaria apreciable el 15 de febrero, la actividad en la red no acompañó. Ese día solo se “quemaron” 126 XRP en comisiones, frente a los 519 XRP del día anterior. En términos relativos, el burn rate se desplomó un 75% en 24 horas, según los registros de XRPSCAN.
En la práctica, una menor cantidad de XRP quemados como tasas refleja menos transacciones y menos uso efectivo de la red, al menos en el corto plazo. No se trata de una métrica mágica para anticipar precios, pero sí de un termómetro de interés. Y, de momento, la lectura es fría: la demanda se ha estancado y la actividad de los usuarios no responde ni siquiera a los movimientos de precio más intensos.
A esto se suma la debilidad de los ETF vinculados a XRP, que no han logrado captar flujos de entrada relevantes desde la última oleada de volatilidad. La combinación de menor uso, presión vendedora visible y flujos institucionales apáticos dibuja un cuadro en el que, por ahora, cuesta encontrar catalizadores claros para una recuperación sólida.
XLM, bitcoin y el resto del mercado tampoco acompañan
XRP no cae en el vacío. El contexto de mercado es netamente mixto, con un tono más bien negativo en las últimas sesiones. Bitcoin pierde el umbral de los 68.000 dólares, con descensos superiores al 1,5% en 24 horas, mientras Ether apenas consigue sujetarse en terreno ligeramente positivo, con un avance marginal cercano al 0,1%. El mensaje de fondo es un mercado cansado tras el rally de semanas anteriores.
En este escenario, XLM, el token nativo de la red Stellar, cae en torno a un 3%, perforando el nivel psicológico de 0,17 dólares. Un informe de Invezz apunta a que las apuestas bajistas en derivados y la entrada en negativo de las tasas de financiación refuerzan el sesgo vendedor de corto plazo. Al mismo tiempo, algunos indicadores de momentum empiezan a mostrar leves signos de mejora, lo que alimenta la posibilidad de un rebote técnico si aparecen compras.
El resultado es una fotografía en la que las altcoins replican, y en muchos casos amplifican, el estado de ánimo de bitcoin: menos apetito por el riesgo, menos volumen y movimientos impulsados por noticias puntuales más que por narrativas estructurales. Para tokens como XRP, con frentes abiertos en lo regulatorio y lo reputacional, este telón de fondo complica todavía más el giro de tendencia.
Ripple, la SEC y el debate sobre los ganadores de la criptoregulación
Mientras los gráficos se deterioran, el debate jurídico vuelve a poner a XRP en el centro. Un intercambio en redes entre el abogado pro-XRP Bill Morgan y el exjurista de la SEC Marc Fagel ha reabierto una vieja pregunta: ¿han sido los reguladores quienes, de facto, han elegido a los ganadores del mercado cripto?
Morgan sostiene que algunos proyectos de primera generación nunca fueron objeto de acciones supervisoras pese a lanzar tokens o promocionar agresivamente sus activos. Esa “aplicación selectiva” de la ley habría permitido a ciertas criptomonedas crecer sin presión legal, consolidando una ventaja duradera en adopción y cuota de mercado. Frente a ello, recuerda que el caso contra Ripple cortó de raíz parte del desarrollo de casos de uso en torno a XRP justo cuando el ecosistema empezaba a madurar.
Fagel responde con un argumento clásico: en activos como bitcoin no existe un emisor claro a quien demandar, y el hecho de que se pudiera haber perseguido a otros no cambia si una empresa concreta incumplió la normativa de valores. Además, recuerda que la propia defensa de Ripple subrayó que muchos compradores de XRP no confiaban en las acciones de la compañía para obtener beneficios, lo que limitaría el peso de la causa en la evolución del precio.
Entre precio, percepción y decisiones políticas
Más allá de los tecnicismos jurídicos, el intercambio entre Morgan y Fagel toca un nervio sensible. Incluso quienes reconocen que XRP tiende a moverse al compás del resto del mercado y, especialmente, de bitcoin admiten que el prolongado contencioso contra Ripple ha pesado en la percepción de riesgo del token. Fondos que sí entraron en otras altcoins de gran capitalización han evitado XRP por pura prudencia regulatoria.
La consecuencia es clara: mientras a algunos proyectos se les daba tiempo para construir, a otros se les sometía a un escrutinio que encarecía su coste de capital y limitaba su expansión. El resultado, varios años después, es un mapa en el que unas pocas criptomonedas concentran la mayor parte de la capitalización y la liquidez. Y la línea que separa mérito propio de ventaja regulatoria no siempre es nítida.
En este contexto, episodios como la avalancha de órdenes de la ballena de esta semana y el desplome del burn rate se leen también como síntomas de una comunidad inversora fatigada. Una parte de los holders de largo plazo asume que, incluso si la tecnología subyacente es sólida, el terreno de juego nunca ha estado completamente equilibrado frente a competidores que no cargaron con el mismo lastre legal.
El diagnóstico, por ahora para los analistas, es inequívoco: XRP sigue atrapado entre la presión de las ballenas, la apatía on-chain y una larga sombra regulatoria. En ese triángulo, cada vela del gráfico cuenta menos que la respuesta a una pregunta de fondo: si el próximo ciclo alcista de las criptomonedas se jugará en un terreno de juego más justo… o si, una vez más, el resultado vendrá condicionado por decisiones tomadas fuera del mercado.