El empleo en EEUU dispara el 10 años al 4,2%
El mercado de deuda estadounidense ha recibido un jarro de agua fría justo cuando comenzaba a descontar un 2026 de tipos más bajos. El informe de empleo de enero, con 130.000 nóminas no agrícolas nuevas frente a las 70.000 previstas y un paro que baja al 4,3%, ha bastado para impulsar al alza la rentabilidad de los bonos del Tesoro. El rendimiento del Treasury a 10 años ha repuntado unos 5 puntos básicos, hasta el entorno del 4,2%, mientras el dos años, el más sensible a la política monetaria, escala hacia el 3,5%. La consecuencia inmediata es clara: el mercado recorta las probabilidades de recortes rápidos de tipos y retrasa al verano el primer movimiento de la Reserva Federal, en un contexto en el que el precio del dinero ya se sitúa en el rango del 3,5%-3,75% tras los recortes de 2025.
Un informe de empleo que descoloca al mercado
El dato de enero rompe el guion que muchos inversores habían empezado a interiorizar: una economía que se enfría de forma ordenada, con un mercado laboral perdiendo fuelle y una Reserva Federal con margen amplio para seguir recortando tipos. En lugar de eso, el Departamento de Trabajo de Estados Unidos Departamento de Trabajo de Estados Unidos ha certificado 130.000 empleos nuevos, casi el doble de lo previsto, y una tasa de paro del 4,3%, una décima por debajo de las expectativas.
La letra pequeña, sin embargo, introduce matices importantes. Las revisiones de años anteriores han rebajado drásticamente la creación de empleo en 2025: las nuevas series dejan el saldo del año pasado en unos 181.000 puestos netos, frente a los 584.000 que reflejaban las estimaciones originales, y suponen un recorte de casi 900.000 empleos en el nivel de marzo de 2025. Es decir, el mercado laboral llega a 2026 mucho más frío de lo que se pensaba… pero no lo suficiente como para justificar, por sí solo, una política monetaria mucho más laxa.
“La paradoja es evidente: el año pasado fue más débil de lo que creíamos, pero el arranque de 2026 demuestra que la capacidad de creación de empleo sigue viva. Para la Fed, eso se traduce en menos urgencia para recortar y más margen para esperar a que la inflación haga el trabajo”, resumía este miércoles el responsable de renta fija de una gran gestora española.
La reacción inmediata de la curva: más pendiente, menos recortes
La respuesta de la deuda ha sido fulminante. El bono a 10 años ha saltado hasta el entorno del 4,19%-4,20%, con un movimiento cercano a 5 puntos básicos frente al cierre anterior. El Treasury a dos años ha escalado casi 8 puntos básicos hasta el 3,53%-3,54%, mientras el tramo largo, el 30 años, se mueve en torno al 4,8%.
Más allá del ruido intradía, el mensaje de precios es nítido: la curva se empina ligeramente y el mercado reduce el número total de recortes que espera para este año. Según los datos de derivados sobre tipos, los inversores ya no descuentan el primer recorte completo para junio, sino para julio, y el volumen de relajación monetaria implícito en las cotizaciones baja de unos 59 puntos básicos a alrededor de 49 para el conjunto de 2026.
Este movimiento encaja con una narrativa que gana fuerza en Wall Street: los tipos oficiales han dejado atrás el pico del ciclo, pero la desinflación no será tan rápida como para regresar a un mundo de dinero extremadamente barato. El resultado es una rentabilidad del 10 años cómodamente por encima del 4%, consistente con una economía que crece algo por encima de su potencial y una inflación todavía cercana al 3%, por encima del objetivo del 2% de la Fed.
La nueva ecuación de la Reserva Federal
La reacción de los bonos llega apenas dos semanas después de que la Reserva Federal decidiera mantener el tipo de los fondos federales en el 3,5%-3,75%, tras tres recortes consecutivos en la segunda mitad de 2025. En su comunicado de enero, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) ya subrayó que cualquier ajuste adicional dependería de los datos, y que el equilibrio entre empleo e inflación se había vuelto más delicado.
Desde entonces, varios miembros del banco central han insistido en la necesidad de paciencia. Lorie Logan (Fed de Dallas), Beth Hammack (Fed de Cleveland) y el propio vicepresidente Philip Jefferson han defendido que, con la inflación estancada alrededor del 3% y un mercado laboral “estable”, el rango actual de tipos es coherente con el doble mandato de estabilidad de precios y máximo empleo.
El dato de empleo de enero refuerza ese diagnóstico. Lejos de enviar señales de deterioro abrupto, la cifra de 130.000 nóminas crea un entorno en el que la Fed puede permitirse esperar y observar cómo evolucionan los precios sin miedo inmediato a destruir empleo. La consecuencia es incómoda para los inversores apalancados en deuda: cada décima de resiliencia del mercado laboral se traduce en una prima de tipos más alta en el tramo medio y largo de la curva.
Un mercado laboral que se resiste a enfriarse
El informe del Bureau of Labor Statistics Bureau of Labor Statistics dibuja un mercado laboral menos exuberante que en los años posteriores a la pandemia, pero todavía notablemente robusto. Los mayores incrementos se concentran en sanidad, servicios sociales y construcción, mientras que sectores como las finanzas y el empleo federal recortan plantilla.
Este patrón es coherente con una economía que se reequilibra: menos creación de puestos en industrias cíclicas y más demanda en actividades ligadas al envejecimiento de la población y a la inversión pública en infraestructuras. Al mismo tiempo, la restricción migratoria y la salida de trabajadores veteranos del mercado mantienen tensionada la oferta de mano de obra, lo que limita el margen para que la tasa de paro suba sin un deterioro más agresivo de la actividad.
Las revisiones a la baja de 2025 introducen un elemento adicional de incertidumbre. Que el año pasado se generaran muchos menos empleos de los que reflejaban las series preliminares sugiere que la economía ya ha absorbido parte del ajuste, pero el comportamiento de enero indica que no se ha roto la dinámica de contratación. En ese contexto, la Fed difícilmente podrá justificar un ciclo de recortes rápido y profundo salvo que la inflación sorprenda claramente a la baja.
Qué significa para bonos, bolsa y dólar
El impacto del dato no se ha limitado a la deuda. Los futuros de los principales índices estadounidenses han reaccionado al alza, con subidas en torno al 0,3%-0,4% en el Dow Jones, el S&P 500 y el Nasdaq 100 tras conocerse las cifras de empleo, apoyados en la lectura de que la economía evita, de momento, el riesgo de recesión.
Sin embargo, lo más relevante para los gestores de carteras es la combinación de mayores tipos largos y menos recortes esperados. Un 10 años consolidado por encima del 4% obliga a replantear valoraciones, especialmente en sectores de crecimiento y en compañías altamente endeudadas. Para el inversor conservador, los niveles actuales empiezan a ofrecer rentabilidades reales positivas si la inflación converge, como espera el consenso, hacia el entorno del 2,5%-3%.
En divisas, el dato ha impulsado al dólar, que avanza cerca de un 0,5% frente a una cesta de monedas tras el informe, reflejando la percepción de que la política monetaria estadounidense seguirá siendo relativamente más restrictiva que la de otras grandes economías. Para los emergentes, y en particular para aquellos con elevada financiación en dólares, un entorno de tipos largos altos y dólar fuerte reabre el debate sobre la sostenibilidad de sus cuentas externas.
El contraste con Europa y la deuda española
Mientras los rendimientos de la deuda estadounidense repuntan, en la eurozona el panorama es más templado. El Bund alemán a 10 años se mueve en torno al 2,8%, mínimos de las últimas semanas, después de que el Banco Central Europeo optara por mantener sin cambios sus tipos de referencia pese a una inflación que ha caído al 1,7% por el abaratamiento de la energía.
En España, el bono a 10 años rinde en torno al 3,2%, tras un suave descenso en el último mes que contrasta con el repunte vivido al otro lado del Atlántico. El diferencial con Alemania se mantiene contenido, por debajo de los 40 puntos básicos, lo que indica que el mercado sigue sin asignar una prima de riesgo significativa a la deuda soberana española en este entorno.
El contraste resulta demoledor: mientras Estados Unidos paga ya cerca de un punto porcentual más que España por financiarse a diez años, la eurozona crece claramente menos y mantiene una inflación más baja. Este hecho revela hasta qué punto el debate sobre la sostenibilidad de la deuda pública se ha desplazado: el foco del riesgo ya no está sólo en las periferias europeas, sino también en un Tesoro estadounidense obligado a emitir volúmenes récord en un contexto de tipos persistentemente elevados.
