Wall Street cae por el miedo a la disrupción de la IA, Dow jones deja un -0.34%

El castigo a las tecnológicas se intensifica mientras los inversores dudan de que las enormes apuestas en inteligencia artificial se traduzcan en beneficios estables
new york pexels-lkloeppel-466685
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La sesión del martes en Nueva York terminó con un mensaje nítido: la inteligencia artificial ya no sólo impulsa a los grandes ganadores del mercado, también amenaza a parte del sector tecnológico que puede verse desplazado. El S&P 500 cayó un 0,85%, el Nasdaq se dejó un 1,42% y el Dow Jones retrocedió un 0,35%, lastrado por ventas generalizadas en software en un clima de nerviosismo extremo antes de los resultados de Alphabet y Amazon.
Al mismo tiempo, Walmart hizo historia al alcanzar por primera vez el billón de dólares de capitalización y algunos valores defensivos aguantaron mejor el golpe, evidenciando una rotación soterrada dentro del propio mercado estadounidense.
El telón de fondo lo completan un aluvión de resultados, la debilidad de las farmacéuticas ligadas a la obesidad y la amenaza de un cierre parcial de la Administración que ha dejado al mercado sin sus datos macro más sensibles.
En conjunto, la consecuencia es clara: Wall Street entra en una fase en la que cualquier decepción en torno a la IA, los beneficios empresariales o la política fiscal puede desencadenar correcciones bruscas.

Dow Jones 2026-02-03 at 22.04.54
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Un giro brusco en un mercado “caro y nervioso”

Según los datos de cierre, el S&P 500 perdió 59 puntos, hasta los 6.917, el Nasdaq Composite se hundió 336 puntos, hasta 23.255, y el Dow Jones cedió casi 171 puntos, hasta los 49.236. No son caídas históricas, pero sí significativas en un contexto de valoraciones exigentes y volatilidad contenida en las últimas semanas.

Gestores consultados hablan de un mercado “caro y extremadamente sensible a cualquier noticia” ligada a la inteligencia artificial, los tipos de interés o la política fiscal. Las grandes tecnológicas han liderado el rally de los últimos meses y concentran una porción creciente de la capitalización del índice, pero también cargan con el peso de unas expectativas casi inalcanzables.

En palabras de un gestor de renta variable estadounidense, “muchas compañías asociadas a la IA están simplemente valoradas para la perfección; cualquier sombra de duda sobre su capacidad real para monetizar la tecnología se traduce en correcciones fulminantes”. El castigo del martes debe leerse precisamente en esa clave: un ajuste violento de expectativas en un mercado que, durante meses, había optado por mirar sólo el lado luminoso de la disrupción tecnológica.

La IA pasa de promesa a amenaza para el software tradicional

El detonante de la sesión fue el miedo a que la IA deje de ser un motor de crecimiento transversal para convertirse en un competidor directo de muchos modelos de negocio de software. El lanzamiento de una nueva herramienta legal basada en IA generativa —integrada en un gran chatbot y orientada a automatizar tareas jurídicas— avivó la sensación de que parte del software corporativo puede quedar obsoleto mucho antes de lo previsto.

El foco se desplazó así desde los grandes beneficiarios de la ola de IA hacia quienes pueden ver erosionados sus márgenes. Compañías de gestión de clientes, análisis de datos, diseño o automatización de procesos se enfrentan a la posibilidad de que herramientas basadas en modelos fundacionales ofrezcan prestaciones similares a una fracción del coste.

El mensaje que el mercado envió el martes es contundente: no basta con mencionar la IA en las presentaciones a analistas; los inversores quieren ver ingresos recurrentes, contratos firmados y ahorros medibles. Todo lo que huela a promesa difusa o a simple “rebranding” tecnológico empieza a ser penalizado con dureza.

Nvidia, Microsoft y el castigo al “club de la perfección”

En este entorno, ni siquiera los pesos pesados se libraron del castigo. Nvidia cayó en torno a un 2,8% y Microsoft se dejó casi un 2,9%, en una jornada en la que Alphabet retrocedió antes de sus resultados y Amazon también cedió de cara a la cita del jueves. Es decir, las cuatro grandes apuestas de Wall Street por la nueva ola de IA registraron movimientos a la baja.

La corrección no borra las fuertes revalorizaciones acumuladas en los últimos trimestres, pero actúa como recordatorio de que el “club de la perfección” —compañías que el mercado asume que seguirán batiendo expectativas— también puede fallar. Advanced Micro Devices (AMD), otra de las grandes historias ligadas al hardware para IA, retrocedió igualmente antes de presentar cifras tras el cierre.

Lo más significativo es el cambio de tono: hace apenas unos meses, cualquier anuncio de inversión en IA era recibido como una señal inequívoca de crecimiento futuro. Hoy, en cambio, el mercado pregunta quién monetiza de verdad la tecnología, quién queda atrapado en el medio y quién corre el riesgo de ser devorado por nuevos entrantes. La sesión del martes sugiere que estamos entrando en esa segunda fase.

El índice de software encadena cinco caídas y el miedo se contagia

Donde el golpe fue más intenso es en el segmento de software puro. El índice S&P 500 Software & Services encadenó su quinta jornada consecutiva a la baja, una racha que refleja un cambio profundo en el ánimo inversor. Valores como Salesforce, Adobe, Synopsys, Datadog, Atlassian o Intuit registraron descensos de entre el 3% y el 7%, borrando buena parte del avance de comienzos de año.

El argumento que circula entre los analistas es claro: si la IA permite hacer en segundos, y a menor coste, tareas que ahora requieren licencias caras de software, el poder de fijación de precios de muchas compañías se resentirá. Eso se traduce en presión sobre los márgenes y, en última instancia, en riesgo para los crecimientos de beneficios que el mercado descuenta para 2026 y 2027.

La única gran excepción del día fue Palantir, que se desmarcó con subidas tras presentar unos resultados trimestrales mejores de lo esperado y presumir de contratos ligados a plataformas de datos e IA para gobiernos y grandes corporaciones. El contraste es significativo: el mercado empieza a diferenciar entre quienes ya convierten la IA en caja y quienes sólo la exhiben como promesa de futuro.

Walmart entra en el club del billón mientras la salud se tambalea

Mientras el sector tecnológico sufría, Walmart se convirtió en el primer gran minorista físico en alcanzar el billón de dólares de valor en bolsa. El hito refleja cómo los inversores buscan refugio en modelos de negocio considerados más resistentes a la disrupción inmediata de la IA y con flujos de caja previsibles. Para muchos gestores, el gigante del consumo básico ofrece precisamente eso: escala, datos y capacidad de ajustar márgenes sin una amenaza tecnológica inmediata en su núcleo.

En el lado opuesto se situó el sector salud ligado a los medicamentos contra la obesidad. El fabricante de uno de los tratamientos de referencia lanzó una advertencia sobre un posible fuerte descenso de ventas anuales, lo que hundió sus títulos en doble dígito y arrastró a sus rivales, entre ellos Eli Lilly y varios biotecnológicos especializados.

Este hecho revela un patrón que se repite: segmentos que habían vivido una euforia casi especulativa —como la obesidad o la IA— se enfrentan ahora al escrutinio de unas previsiones más exigentes. Cuando las guías de ingresos y beneficios no acompañan, el castigo llega rápido, por muy transformadora que parezca la historia de fondo.

Disney, PayPal y la otra cara de la temporada de resultados

La sesión dejó además varios movimientos corporativos relevantes. Walt Disney cayó tras anunciar el nombramiento de Josh D’Amaro —hasta ahora responsable de parques temáticos— como nuevo consejero delegado. El relevo al frente del grupo pone fin a años de incertidumbre sobre la sucesión, pero no despeja de inmediato las dudas sobre cómo reconducir el negocio de streaming y reforzar la rentabilidad.

PayPal, por su parte, se desplomó después de presentar unas previsiones de beneficio para 2026 por debajo de lo que esperaba el consenso. En un mercado donde se estima un crecimiento medio de beneficios del entorno del 11% para el conjunto del S&P 500 en el cuarto trimestre, cualquier compañía que se quede corta frente a esa referencia paga un precio alto.

No todo fueron sorpresas negativas: dentro del aluvión de cifras, grupos como Pfizer o Merck lograron batir las expectativas de los analistas, aunque la reacción en bolsa fue contenida, prueba de que en esta fase “cumplir” ya no es suficiente; el mercado exige “sorprender al alza” para premiar de forma visible.

Shutdown, datos de empleo congelados y la Fed en segundo plano

En paralelo a los movimientos empresariales, la política fiscal estadounidense volvió a colarse en la ecuación. Un proyecto de ley para evitar el cierre parcial de la Administración superó por la mínima un trámite clave en la Cámara de Representantes, abriendo la puerta a un acuerdo in extremis. Mientras tanto, el shutdown parcial ha obligado a posponer la publicación de datos clave de empleo, incluido el informe oficial de creación de puestos de trabajo y el índice JOLTS de vacantes.

A corto plazo, la ausencia de estos indicadores reduce la visibilidad sobre la marcha real del mercado laboral, justo cuando la Reserva Federal evalúa si está más cerca de recortar tipos o de mantenerlos elevados durante más tiempo. La paradoja es evidente: un mercado que se obsesiona con cada matiz del discurso de la Fed se queda, de repente, sin parte de los datos que alimentan ese debate.

Esto sitúa aún más peso sobre los hombros de las empresas: si la macro llega con retraso, serán los resultados y las guías de beneficios los que marquen el ritmo de las próximas semanas. Y en un entorno de valoraciones altas y sensibilidad extrema a la IA, el margen para decepcionar es mínimo.

Lo que se juega Wall Street en los próximos días

Con una cuarta parte del S&P 500 llamada a rendir cuentas esta semana, el mercado entra en una zona de máxima exigencia. Alphabet, Amazon, los grandes nombres del software y varias compañías de consumo masivo tendrán que demostrar que el entusiasmo de los últimos meses no era infundado. Cada décima de margen operativo, cada comentario sobre la IA o sobre el impacto de los tipos será escrutado al milímetro.

Tres vectores definirán el tono de aquí en adelante. Primero, hasta qué punto la IA se traduce en ingresos adicionales y no sólo en costes o canibalización de productos existentes. Segundo, si el consumidor estadounidense aguanta el tirón en un contexto de inflación moderada pero no desaparecida y de tipos aún elevados. Y tercero, si la política en Washington es capaz de evitar nuevos sobresaltos fiscales que añadan ruido a un mercado ya de por sí frágil.

Por ahora, la sesión de este martes deja un aviso: cuando todo está “precio de perfección”, cualquier duda se paga caro. La disrupción de la IA, que hace un año parecía sólo una promesa de rentabilidad infinita, empieza a mostrar también su cara más incómoda para quienes no consigan adaptarse a tiempo.

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