China prohíbe tiradores/manijas ocultas en los eléctricos: tiradores de puerta mecánicos obligatorios desde 2027
La obsesión por el diseño “limpio” y las líneas futuristas tiene fecha de caducidad en el mayor mercado de coches eléctricos del planeta. A partir del 1 de enero de 2027, todos los vehículos que se vendan en China deberán contar con manijas de liberación mecánica tanto por dentro como por fuera, desterrando las populares manijas ocultas y completamente electrónicas que han hecho escuela en el sector.
El movimiento, impulsado por el regulador industrial chino, responde a una serie de incidentes en los que conductores y pasajeros quedaron atrapados dentro del vehículo tras un choque o un fallo eléctrico. En uno de los casos más graves, un conductor murió en un incendio al no poder abrir las puertas.
La decisión golpea directamente al diseño “Tesla-style”, que había colonizado más del 60% de los modelos híbridos y eléctricos más vendidos en el país en 2025. Y envía un mensaje contundente a toda la industria: la estética no puede imponerse a la evacuación en caso de emergencia.
La consecuencia es clara: el tirador oculto deja de ser símbolo de modernidad para convertirse en un riesgo regulatorio que los fabricantes ya no pueden permitirse ignorar.
Del capricho de diseño al problema de seguridad
Durante la última década, las manijas ocultas —que se retraen y quedan a ras de la puerta— se habían convertido en uno de los símbolos estéticos del coche eléctrico “premium”. Popularizadas por Tesla y copiadas después por multitud de marcas, prometían mejor aerodinámica, un aspecto más futurista y la sensación de que el vehículo “desaparece” cuando está aparcado.
El éxito fue rotundo: en abril de 2025, más de seis de cada diez de los 100 híbridos y eléctricos más vendidos en China montaban este tipo de tiradores. Para los departamentos de marketing, eran un argumento de venta tan potente como la pantalla central o la aceleración en segundos. Para los ingenieros, un reto de integración entre electrónica, sensores y diseño industrial.
El problema es que, en la práctica, estas manijas dependen de motores eléctricos, sensores y software para desplegarse. En condiciones normales, el sistema funciona. Pero en un choque grave, con la electrónica dañada, o en situaciones de incendio, inundación o pérdida total de batería, la dependencia de la corriente se convierte en un talón de Aquiles.
Lo que comenzó como una anécdota —algunos usuarios quejándose de tiradores congelados o bloqueados— ha terminado generando un patrón preocupante: coches en los que salir rápidamente no es tan sencillo como tirar de una palanca metálica.
El accidente que encendió todas las alarmas
La gota que colmó el vaso llegó con la colisión mortal de un Xiaomi SU7 Ultra en Chengdu, a finales de 2025. Tras el impacto, el sistema eléctrico del vehículo quedó gravemente dañado y las manijas ocultas no se desplegaron. El conductor quedó atrapado mientras el coche comenzaba a arder. Los servicios de emergencia tardaron segundos críticos en forzar las puertas.
El caso ocupó titulares durante días y disparó la indignación en redes sociales. No era el primer incidente: ya se habían reportado decenas de casos de ocupantes que tenían dificultades para salir de vehículos con tiradores totalmente electrónicos en situaciones de emergencia o simplemente tras un fallo del sistema. Pero la combinación de choque, incendio y mal funcionamiento de la manija convirtió el suceso en una prueba de estrés para el regulador.
Familiares de la víctima y asociaciones de consumidores exigieron explicaciones. “No puede ser que un coche de última generación se convierta en una trampa de acero por culpa de una manija bonita”, resumía uno de los comentarios más compartidos. La presión mediática aceleró un proceso que el Gobierno ya había empezado a estudiar meses antes: revisar a fondo las normas de apertura de puertas en vehículos eléctricos.
La respuesta del regulador chino
El anuncio oficial llegó desde el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información: a partir del 1 de enero de 2027, todos los vehículos nuevos —y no sólo los eléctricos puros, sino también híbridos enchufables— deberán incorporar mecanismos de apertura mecánica accesibles tanto en el interior como en el exterior. Las manijas podrán seguir siendo discretas, pero no podrán depender exclusivamente de la electrónica.
La norma se ha diseñado con doble enfoque. Por dentro, se exige que los ocupantes puedan abrir la puerta sin energía eléctrica, mediante una palanca o tirador claramente identificado y accesible incluso en condiciones de baja visibilidad. Por fuera, se obliga a que bomberos, servicios de emergencia o terceros puedan accionar un mecanismo físico sin necesidad de interaccionar con una pantalla, un sensor táctil o un botón enrasado que dependa de corriente.
El regulador ha dado a la industria algo menos de dos años para adaptar diseños, validar prototipos y reconfigurar cadenas de montaje. En términos de ingeniería, el plazo es exigente pero asumible. En términos de narrativa, el mensaje es inequívoco: “el diseño no puede crear nuevas barreras de salida en caso de accidente”. Las marcas que no lo entiendan corren el riesgo de ver sus modelos vetados en el mayor mercado mundial de vehículos eléctricos.
Tesla, Xiaomi y el resto: ajustes forzosos en la gama eléctrica
La decisión golpea de lleno a las marcas que habían convertido el tirador oculto en seña de identidad. No sólo las locales como Xiaomi o Nio, sino también fabricantes internacionales con fuerte presencia en el país. En el caso de Tesla, el impacto es doble: las manijas electrónicas ya están bajo investigación en Estados Unidos por casos en los que supuestamente bloquearon a ocupantes dentro del vehículo.
En los últimos años se han contabilizado en ese país más de 140 informes de puertas atascadas o manijas que no respondían desde 2018. La compañía ha avanzado cambios en el diseño para integrar en un mismo botón la liberación electrónica y mecánica, intentando reducir el riesgo de fallo. La nueva normativa china, sin embargo, va un paso más allá: exige una ruta mecánica claramente diferenciada, visible y accionable sin ambiguidad.
Para los fabricantes, el ajuste supone rediseñar puertas, refuerzos estructurales y, en algunos casos, reconfigurar sensores de colisión y sistemas eléctricos. No se trata sólo de “añadir un tirador”, sino de reequilibrar peso, costes y estética. En modelos de gama alta, se estima que la adaptación podría encarecer el conjunto de la puerta entre un 3% y un 5%, un sobrecoste significativo pero asumible frente al riesgo reputacional de quedar fuera del mercado chino.
Lo que cambia para conductores y servicios de emergencia
Para el usuario final, la nueva norma se traduce en algo aparentemente sencillo: volver a ver y tocar un tirador físico reconocible. En caso de choque, incendio o fallo eléctrico, el reflejo de tirar de la manija se convierte de nuevo en la primera línea de defensa. En situaciones de estrés extremo, cuando el cerebro opera casi en modo automático, ese gesto intuitivo puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Los servicios de emergencias también ganan margen. Poder localizar un tirador o un punto de acceso mecánico reduce tiempos de rescate. En un vehículo incendiado, los bomberos manejan ventanas de actuación de entre 10 y 30 segundos antes de que la temperatura interior sea inasumible. Cada segundo perdido buscando dónde “tocar” en una puerta lisa y sin referencias es un segundo menos para sacar a un ocupante.
Algunos fabricantes ya han empezado a rediseñar sus interfaces interiores para resaltar el tirador de emergencia con colores contrastados o iluminación específica en caso de impacto. La nueva tendencia apunta a combinar diseño limpio con señalética clara: menos ciencia ficción y más ergonomía de crisis. La consecuencia es evidente: el coche eléctrico del futuro tendrá que ser tan intuitivo para salir de él como lo eran los modelos analógicos del pasado.
China marca el paso regulatorio en la nueva movilidad
El movimiento regulatorio chino no se produce en el vacío. El país concentra ya alrededor del 60% de las ventas mundiales de vehículos eléctricos, y en algunas grandes ciudades los electrificados suponen más del 40% de las matriculaciones nuevas. Lo que se decide en Pekín tiene efectos en todo el ecosistema de diseño y homologación global.
Otros reguladores toman nota. En la Unión Europea, donde se ha intensificado el escrutinio sobre la seguridad de las baterías, los sistemas de asistencia y la ciberseguridad del vehículo conectado, no se descarta que futuras revisiones de normativa incluyan requisitos similares para los tiradores. La lógica es la misma: si un componente electrónico puede fallar, debe existir un camino de respaldo mecánico.
El contraste con etapas anteriores resulta demoledor. Durante años, la carrera por el coche eléctrico se midió en autonomía, potencia y pantallas; ahora, la regulación comienza a fijarse en detalles aparentemente menores pero cruciales en un siniestro: cómo se abre una puerta, cómo se corta la alimentación de alto voltaje, cómo se alerta a los ocupantes. China, esta vez, ha decidido marcar el ritmo.
¿Fin del tirador oculto o reinvención del concepto?
La gran incógnita para los próximos años es si esta norma supondrá el fin definitivo de las manijas enrasadas o simplemente empujará a una nueva generación de diseños híbridos. Algunos fabricantes ya exploran soluciones que combinan una pieza física visible —aunque muy integrada en la carrocería— con mecanismos interiores puramente mecánicos y sistemas electrónicos secundarios.
Veremos más tiradores “semiocultos”, superficies que se despliegan al toque pero que esconden una palanca robusta, o incluso soluciones de doble acción: una presión electrónica para el día a día y un tirón mecánico evidente para emergencias. El reto será mantener la sensación de modernidad sin sacrificar la claridad funcional.
Para los proveedores de componentes, el cambio abre un nicho de negocio. El segmento de manijas y sistemas de cierre para eléctricos, ya valorado en varios miles de millones de dólares a nivel global, se verá obligado a innovar en materiales, resistencia al fuego, resistencia a impactos y facilidad de uso con guantes o en condiciones de baja visibilidad.
En paralelo, el debate sobre los límites de la “hiperdigitalización” del automóvil seguirá abierto. Cada vez que una función básica —abrir una puerta, accionar un freno, seleccionar marcha— se delega completamente en la electrónica, el regulador parece más dispuesto a exigir un plan B mecánico. Con la prohibición china de las manijas ocultas, el péndulo se mueve, por ahora, hacia el lado de la prudencia.