Tesla aprieta precios con un nuevo Model Y 4x4 por 41.990 dólares
La decisión de Tesla de lanzar un nuevo Model Y con tracción total por 41.990 dólares reabre la guerra de precios del coche eléctrico en Estados Unidos. El SUV eléctrico más vendido del mundo suma ahora una versión de acceso con dos motores y sistema AWD, situada apenas 2.000 dólares por encima del modelo básico de tracción trasera. El movimiento llega en un momento crítico: las ventas de eléctricos se enfrían, han desaparecido los créditos fiscales federales de hasta 7.500 dólares para muchos modelos y la competencia aprieta por abajo. Sin embargo, Tesla opta por seguir bajando el listón de entrada y reorganizar su gama para mantener volumen y cuota. La consecuencia es clara: más presión sobre sus márgenes y sobre unas valoraciones bursátiles que ya descuentan crecimientos muy exigentes.
Una gama escalonada al milímetro
El nuevo Model Y All-Wheel Drive se coloca como escalón intermedio entre el estándar de tracción trasera y los acabados “premium”. La gama en Estados Unidos queda así: Standard RWD por 39.990 dólares, Premium RWD por 44.990, Premium AWD por 48.990 y Performance por 57.490 dólares. La nueva versión AWD de acceso, con un precio de 41.990 dólares, reduce al mínimo el salto económico para acceder a la tracción total, una característica clave en muchos estados del norte del país.
En la práctica, Tesla construye un abanico de menos de 18.000 dólares entre la versión más barata y la más cara, concentrando la oferta en un rango de precios donde se juega el grueso de las ventas de SUV familiares. Este hecho revela una estrategia clara: evitar “huecos” de precio que puedan ser aprovechados por competidores generalistas y, al mismo tiempo, segmentar por prestaciones y autonomía sin renunciar al volumen. El contraste con la oferta de hace apenas dos años, mucho más limitada y cara, resulta demoledor: entonces el acceso a la tracción total costaba cerca de 10.000 dólares más según los listados de precio de los modelos Long Range.
Model Y AWD now available in the US & Puerto Rico
— Tesla North America (@tesla_na) February 3, 2026
Starts at $41,990 w/ 294 mi of rangehttps://t.co/OtbBOTYm3G pic.twitter.com/AuZbcxYAMe
El contexto: fin de las ayudas y guerra de precios
El lanzamiento no se entiende sin el cambio de régimen de incentivos en Estados Unidos. La desaparición del crédito federal de hasta 7.500 dólares para muchos eléctricos nuevos desde otoño de 2025, tras el cambio legislativo impulsado por la Administración Trump, ha encarecido de facto la compra de un EV para miles de hogares. En paralelo, los tipos de interés elevados encarecen la financiación y alargan los plazos de amortización.
Tesla ya reaccionó en 2025 introduciendo versiones “Standard” de Model 3 y Model Y con recortes de aproximadamente 5.000 dólares sobre los precios anteriores de acceso. Ahora, al crear un AWD más barato, la compañía intenta reconstruir parte del incentivo perdido vía precio directo. Lo que antes hacía el Tesoro estadounidense, ahora lo absorbe parcialmente el fabricante.
Lo más grave, desde el punto de vista financiero, es que esta política se suma a la recesión de márgenes registrada en los últimos ejercicios, fruto de sucesivas rebajas para sostener la demanda en China, Europa y Norteamérica. El diagnóstico es inequívoco: Tesla ha optado por sacrificar rentabilidad por unidad para ganar tiempo y mantener su posición dominante mientras el mercado madura.
Qué cambia para el comprador estadounidense
Para el cliente medio, el nuevo Model Y AWD supone más tracción y seguridad invernal por una prima relativamente contenida. Aunque Tesla no ha difundido todos los detalles, la documentación corporativa de la gama renovada apunta a que las versiones de tracción total se mueven en una autonomía EPA estimada en torno a las 300–320 millas (480–515 km) y una aceleración de 0 a 60 mph cercana a los 4–5 segundos, según la configuración.
La diferencia de precio frente al Standard RWD, 2.000 dólares, se diluye rápidamente en financiación a cinco o seis años. Suponiendo un tipo de interés del 5,5% y una entrada moderada, la cuota mensual apenas subiría 30–40 dólares, una cifra asumible para muchos hogares de clase media que valoran la tracción total por clima o por uso en zonas rurales.
Además, la consolidación de la red de “supercargadores” y la caída del coste por kWh frente a la gasolina refuerzan el argumento de costes operativos. Incluso sin crédito fiscal, el coste total de propiedad de un Model Y AWD en un horizonte de ocho años puede situarse un 15–20% por debajo del de un SUV de gasolina equivalente, según estimaciones de analistas y comparadores de mercado. La consecuencia es clara: el atractivo económico sigue ahí, pero exige más pedagogía y más agresividad comercial.
El SUV que domina el mercado eléctrico
Pese al enfriamiento del mercado, el Model Y continúa siendo el coche eléctrico más vendido de Estados Unidos. En 2025 se estiman más de 357.000 unidades vendidas solo en el mercado estadounidense, lo que habría supuesto en torno al 28% de todas las matriculaciones de eléctricos puros. En el último trimestre del año, su cuota se habría acercado al 40% de las ventas de EV.
Este peso explica la obsesión de Tesla por mantener al Model Y siempre en el centro de la escena. Cada ajuste de precio en este modelo tiene un impacto inmediato en las estadísticas de adopción del coche eléctrico y en la presión competitiva sobre el resto de fabricantes. Cuando la marca recorta unos cientos o miles de dólares, el resto se ve forzado a responder con campañas, financiación subvencionada o equipamientos extra.
El contraste con otros eléctricos de precio similar es contundente: muchos rivales ofrecen menos autonomía, una red de carga más fragmentada y un valor residual más incierto. En ese escenario, cualquier versión nueva del Model Y, por modesta que parezca, actúa como un termómetro adelantado de lo que ocurrirá en el mercado en los siguientes trimestres.
Márgenes en el alambre y dudas en los mercados
La introducción de una versión AWD más barata plantea un dilema clásico: defender cuota o proteger márgenes. Tesla ya ha visto cómo su margen bruto automotriz —excluidos créditos regulatorios— caía varios puntos en los últimos años por la sucesión de descuentos globales. Los analistas temen que un peso creciente de modelos Standard y de acceso AWD empuje ese margen por debajo del 20% en algunos trimestres, especialmente si los costes de baterías no bajan al ritmo esperado.
En Bolsa, cualquier novedad de producto de Tesla se interpreta tanto en clave tecnológica como financiera. El lanzamiento de este AWD de 41.990 dólares llega además tras anuncios de reestructuración de la gama alta: la compañía ha decidido poner fin a la producción de Model S y Model X para liberar capacidad de fábrica y redirigir recursos a proyectos como los robots humanoides y el desarrollo de software.
El mensaje implícito es claro: el crecimiento a corto plazo vendrá del volumen masivo del Model Y y del Model 3, mientras los proyectos de robotaxis y automatización industrial tratan de generar nuevas fuentes de ingresos recurrentes. Cualquier erosión adicional de márgenes en el buque insignia del grupo será observada al milímetro por los inversores.
La presión creciente de la competencia global
La maniobra de Tesla también debe leerse como respuesta a la presión de los fabricantes chinos y de los grupos tradicionales. En el rango de los 35.000–45.000 dólares proliferan SUVs eléctricos de marcas asiáticas y europeas dispuestas a renunciar a beneficio para ganar cuota en Estados Unidos, incluso importando desde fábricas fuera del país a pesar de aranceles y restricciones.
Frente a esa ofensiva, Tesla juega con dos bazas: una estructura de costes muy ajustada gracias a su integración vertical en baterías y software, y una red de carga propia difícil de replicar a corto plazo. Pero la ventaja ya no es tan abrumadora como hace cinco años. La consecuencia es un mercado más fragmentado en el que el liderazgo no puede darse por garantizado.
Al ofrecer un AWD por 41.990 dólares, la compañía envía un aviso al resto del sector: no está dispuesta a ceder el territorio de la gama media, donde se decidirá la velocidad de sustitución del parque de combustión. El diagnóstico es inequívoco: quien controle el SUV familiar eléctrico controlará buena parte del negocio automovilístico de la próxima década.
